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Liquidación por cierre, así murió el Madrid de barrio

Elconfidencial.com 08/06/2016 –  Un cartel  de “liquidación por cierre”, escrito a rotulador, en un cartón, sobre el escaparate de una tienda de ultramarinos o fajas es un microrrelato. Evoca el tono de una esquela y el lamento de un adiós explicado:

“Gracias por confiar en nosotros durante 84 años seguidos. La ley de arrendamientos urbanos va a matar locales tradicionales madrileños como el nuestro y va a convertir Madrid en todo franquicias y chinos. Ha sido un placer mi vida con vosotros. Rosa”, se leía hasta hace poco, en un escaparate vacío en Madrid, junto a un gran letrero de “liquidación por cierre”.

Epitafios

“Son como epitafios”, asevera el fotoperiodista peruano Álvaro Hurtado, que ha pasado los últimos tres años fotografiando “cómo agoniza el comercio minorista en el centro de Madrid”, explica en un bar de Lavapiés. Su trabajo es uno de los descubrimientos de la edición de 2016 de PHotoEspaña.

Un día de agosto de 2013, Hurtado paseaba por la calle Bravo Murillo de Madrid, cerca del metro de Estrecho, cuando reparó en un cartel en una modesta tienda de ropa. Se fijó porque había una errata: “Liquidación por cerre”, rezaba. Al poco tiempo, al lado, cerró un Darty, la cadena de electrodomésticos, y el fotógrafo sintió la necesidad de documentar lo que estaba pasando: “Era algo externo. Como la ropa de un muerto. La agonía de la ciudad. Caminas y ves que las calles se visten de ‘liquidación’ y te dices: oye, acá está pasando algo feo, los negocios están muriendo”.

La primera foto que Hurtado tomó para su proyecto “fue de una ferretería en la calle Alberto Aguilera”, recuerda. Dice que, ese mismo día, hizo dos más: una en la plaza del Dos de Mayo, en Malasaña, al lado de su casa, y otra en Gran Vía. En los tres días siguientes, tomó 18 fotografías, en el eje de Bravo Murillo, por la zona de Estrecho y Tetuán. Desde entonces, no ha parado.

El resultado son 85 fotografías, en blanco y negro, todas con el mismo formato (50 mm) y sin recortar, que documentan cómo se esfuma un Madrid, una época, una forma de consumo, una estética urbana. Cada tienda de barrio que cierra es como arrancar una página de ‘La busca’ de Pío Baroja (1903). De aquel Madrid en que “en el piso bajo de la casa, en la parte que daba a la calle del Águila, había una cochera, una carpintería, una taberna y la zapatería del pariente de la Petra”, como narró el escritor.

“Ya no nos quedan fuerzas”

En el 70 de la calle Atocha, casi en frente de lo que fuera la Imprenta de Juan de la Cuesta (en el 87 de esa misma calle), donde se imprimió el ‘Quijote’, se encuentra uno de los últimos establecimientos en liquidación por cierre que Hurtado ha inmortalizado: Fajas Ruiz.

Cierran porque “desde hace cuatro años, de manera consecutiva, la tienda no daba beneficios”, explica Gabriel Sánchez, de 59 años, su propietario. “Hemos esperado por la crisis. El esfuerzo ha sido mucho durante este tiempo y nos hemos agotado. Ya no me quedan fuerzas. Lo mejor es cerrar, intentar venderlo y seguir adelante de alguna manera”, lamenta.

La abuela de Sánchez fundó Fajas Ruiz, y sus padres y sus tíos tuvieron varias tiendas en Madrid. Quedan tres. Esta la abrió su madre hace 42 años y él se incorporó al negocio cuando acabó la mili. No tiene ni idea de a qué se va a dedicar después, “llevo en esto toda la vida”, admite.

En el barrio, otros pequeños negocios han echado el candado: “El de Almacenes San Carlos, que estaba en esta calle, una tienda de electricidad, de toda la vida, otra de perfumes, una droguería, una de bombas de agua”, enumera el propietario de Fajas Ruiz. En su lugar, “abren cadenas de tiendas -explica-, que atienden y exponen el género de otra manera. Mucho más impersonal pero mucho más funcional también”. “Hace unos años, cuando oía que los comercios pequeños iban a desaparecer, yo decía: ‘A ver si sobrevivimos’; y, al final, nos ha pasado lo mismo. Es lo que va a quedar: cadenas de tiendas y chinos, es una pena”, critica.

En 2013, “el número de pymes disminuyó en 28.584 empresas, lo que supone una reducción del -0,91% con respecto a 2012 y del -8,9% respecto al máximo alcanzado en 2007”, explica el informe ‘Retrato de las pymes 2015’, de la Dirección General de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa.

Una crisis muy dura

“A la caída drástica de la demanda, durante los años más duros de la crisis, se ha sumado una clara transformación del sector del comercio minorista”, explica por ‘email’ Ana Riaño, de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos, que achaca esta avalancha de cierres de los negocios de toda la vida a múltiples factores: “La incorporación de la mujer al trabajo, la llegada de las nuevas tecnologías y otras vías de compra han provocado que solo aquellos comercios capaces de adaptarse sobrevivan”. “También ha habido otros factores, como la falta de sucesión empresarial o la imposibilidad para muchos comercios de hacer frente a los gastos del local con la eliminación de la renta antigua”, agrega.

Para Riaño, “más que la tipología de comercio, ha tenido mucho que ver el auge del emprendimiento en el sector”. Dice que “se trata más de un relevo generacional y de renovación en el pequeño comercio”. Pone de ejemplo las mercerías: “Muchas de ellas han pasado a ser tiendas ‘craft’, que incluso ofrecen talleres sobre costura y manualidades” o tiendas de alimentación, “que ofrecen servicios de hostelería, y degustación ‘in situ”.

Adiós a las tiendas de ‘olvidados’

Ascensión, de 82 años, pasea junto al escaparate de Cama Actual, una tienda de colchones, en el 148 de Doctor Esquerdo. ‘A mí plin, me cuido con Pikolín’, se lee en un cartel, en forma de nube, en la puerta. “Las tiendecitas de barrio están cerrando, supongo que por la crisis; los grandes comercios tienen precios más asequibles”, razona esta maestra jubilada, que dice que ese es el primer cambio que aprecia: “Las tiendas pequeñas cierran y abren cadenas o tiendas de chinos”. “Yo misma estuve en una peluquería china, ayer, son más baratas y no tienen por qué hacerlo peor”, puntualiza.

Fernando, de 79 años, de chándal azul y pelo cano peinado hacia atrás, solía ir a una panadería cerca de su casa en el Parque del Oeste, “que además de pan vendía todo eso que se le olvida a uno”. “Lo que en Andalucía dicen una ‘tienda de olvidados”, apunta. En su lugar, han abierto una pastelería. Dice que los negocios han cambiado. “Ahora casi todo son gimnasios o bancos. Antes había mucha tienda de ultramarinos”. A él no le disgusta: “Este era un barrio muy triste”.

Frente a una tienda de colchones, a punto de liquidar, el fotógrafo Álvaro Hurtado explica que con cada cartel “es como si hubiera hecho una pequeña entrevista”. “Son muy personales, algunos me daban lástima”. A veces, iba en la moto y se detenía porque descubría una nueva liquidación; otras se plantaba en medio de la calzada con la cámara, esquivando el tráfico, para conseguir el mismo encuadre. Dice que ya es capaz hasta de adelantar cuál será el siguiente establecimiento que va cerrar, aunque aún no hayan puesto el cartel. “Había pensado en dejar de fotografiar las liquidaciones pero creo que no voy a poder, esto sigue pasando”, admite.

La escena se podría colar en un diálogo de ‘Luces de Bohemia’, de Valle Inclán, en su peregrinaje por el Madrid de los poetas acabados y borrachos, que se publicó por entregas, en el semanario ‘España’ en 1920:

– También se matan los jóvenes, Collet.

– No por cansancio de la vida. Los jóvenes se matan por romanticismo.

Ver noticia original: http://www.elconfidencial.com/multimedia/album/cultura/2016-06-08/liquidacion-por-cierre-asi-murio-el-madrid-de-barrio_1213287/#0

AGECU