Lavozdegalicia.es 07/09/2016 – Opinión. MANUEL BOUZÓN. Los hábitos de los consumidores están cambiando y el comercio gallego tiene ante sí el importante reto de actualizarse. La competencia de grandes cadenas o redes de franquicias es fuerte, y su omnipresencia monopoliza el paisaje comercial de las ciudades.

Tal es así que, hoy en día, el centro comercial o la calle de compras que no cuente con la presencia de los grupos Inditex, Mango o Cortefiel están abocadas a morir comercialmente. Estas locomotoras son las que determinan la localización de las zonas de compras. Donde ellas se ubican, el comercio va detrás. Cuando una gran cadena elige un determinado emplazamiento no lo hace de forma aleatoria. La decisión obedece a estudios de mercado, y también a estadísticas que miden el flujo de personas por días y franjas horarias. En la práctica esto se traduce a una concentración de las principales cadenas en determinadas áreas de las ciudades que se convierten en zonas elitistas y exclusivas no aptas para el pequeño comercio local.

Esto es así, porque el negocio del comercio está obligado a convivir con el negocio inmobiliario. El coste del metro cuadrado de una calle de compras está determinado por el flujo de personas que la transitan y por los inquilinos que la habitan. Si esos inquilinos son grandes cadenas, el precio se multiplica por muchos ceros en relación con las calles del entorno, porque la presencia de una locomotora comercial en una calle es un elemento decisivo de revalorización del precio del suelo.

Ante este escenario que agranda la brecha entre las grandes superficies comerciales y el segmento minorista ¿qué puede hacer el pequeño comercio local para mantenerse con vida?

La estrategia para sobrevivir nunca puede ser querer parecerse a los grandes, sino tratar de diferenciarse lo más posible. Para ello, el pequeño comercio debería apostar por aliarse con el productor y el consumidor final. La idea es buscar acuerdos con artesanos y fabricantes locales para llegar al consumidor con una oferta diferente y, muy probablemente, atractiva para ciertos segmentos que huyen de los productos de consumo de masas.

De nada sirve que mejoren los datos y las previsiones, si no existe una visión de negocio renovada. Puede haber recuperación y un mayor ánimo de consumo, pero lo que no debería hacer el pequeño comercio es quedarse de brazos cruzados esperando a ver qué pasa, y como las grandes cadenas van ganando terreno e imponiendo su hegemonía comercial. Las tecnologías son caras y al pequeño comercio le cuesta incorporarles, pero si no puede competir en eso, al menos debe saber distinguirse de los demás con calidad, innovación y sostenibilidad.

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