No lo llames ‘concept store’, llámalo tienda de cabecera. Los comercios multimarca resisten gracias a propietarios apasionados y clientes fieles.

Una ardilla (patrocinada por Amancio Ortega) podría llegar desde Diagonal hasta plaza de Catalunya sin pisar el suelo, saltando solo de Inditex en Inditex. Y cualquiera que tenga una filia por los superlativos puede ir también en menos de cinco minutos desde uno de los Zara más grandes del mundo, el que abrió en diciembre junto a El Triangle, al H&M más grande de España, que acaba de inaugurarse en la esquina del Passeig de Gràcia con Gran Via.

La llamada moda rápida desde luego le tiene tomada la medida a la ciudad. Y una de las víctimas de su expansión infinita fueron las tiendas multimarca. No hace tanto que frente a ese H&M todavía se levantaba Gonzalo Comella en una de las esquinas más apetecibles del Eixample. Ese modelo, el de gran tienda con marcas de lujo, parece ahora difícil de sostener, cuando estas prefieren tener sus propias franquicias -a Gonzalo Comella le sustituyó Armani-, aunque aun le quedan representantes como Serra Claret, la incombustible Furest o la histórica Santa Eulàlia. Pero existe un modelo de comercios multimarca ya nacido casi siempre en tiempos de crisis y ‘fast fashion’ que los blogueros y las notas de prensa llaman ‘concept store’ y que quizá debería bautizarse como tiendas a medida.

TIENDAS PERSONALES

A medida del dueño. Se ubican lejos del centro, porque jamás podrían pagar esos alquileres, tienen una selección relativamente ecléctica y todo lo que venden responde al gusto personal de sus propietarios, que las miman como si fueran el salón de su casa. Lo puede jurar Àlex González, el dueño de Boo. Un día, cuando la tienda aun se ubicaba en el corazón de Gràcia y no en su actual local de la calle Bonavista, se cansó de ver los plafones de las marcas y los sustituyó por cuadros y objetos que tenía en casa, empezando por la colección de cervatillos que ahora es el emblema de la tienda.

CUESTIÓN DE PRECIO

Boo vende ropa y accesorios para hombre y mujer de firmas que confeccionan en Europa -y en las que «se nota la mano de la persona que las ha cosido», según González-, algunas desde hace más de un siglo, como la francesa Saint James, famosa por sus ‘marinièrs’ de mil rayas, o Le Mont Saint Michel, y otras desde hace dos días, como las firmas de ropa interior sostenible Fox House, Hemen Biarritz o Nude Label. Aunque su selección incluye marcas altamente tendenciosas como Maison Kitsuné, la idea de Boo es vender prendas que puedan durar 10 o 20 años en un armario. Un jersey de lana pura de Saint James cuesta 135 euros, bastante más que uno de Stradivarius, pero ambas prendas se parecen entre sí en que se ponen por la cabeza y poco más.

Los socios de la tienda independiente Trait reivindican la «cultura de tiendecitas».

«Aquí hay toda una generación que se ha educado con precios muy baratos. La gente espera cifras irreales, por debajo del precio de coste», se lamenta González, que cree sin embargo que hay un público creciente dispuesto a comprar «menos pero mejor». Cuando los clientes extranjeros le piden direcciones de lugares similares a Boo, la lista es llamativamente corta para una ciudad que se precia de ser capital del diseño. «A mí también me sorprendió las pocas tiendas independientes que hay, comparado con ciudades como Berlín, Amsterdam o Milán- confirma la italiana Chiara Zappia, compradora y cofundadora junto a su hermano Roberto de la tienda Binario, en la calle Flassaders del Born-. ¡Si hasta Vinçon cerró!». (Para dejar hueco a un gigantesco Massimo Dutti, por cierto).

Cuando Zappia acude a las grandes ferias, donde compra piezas para Binario, Tranoi en París o White en Milán, se cuida bien de no «picar alto». «En Barcelona, es difícil vender algo que pase de los 250 euros», dice. Les funcionan bien las sudaderas de la danesa Zoë Karssen, las gafas de sol de Monokel, los accesorios de Toilet Paper, la marca del artista Maurizio Cattelan, y las camisetas y jerséis estilo fútbol americano para ‘insiders’ de la moda de Les (Art)ists, que llevan a la espalda nombres como Tisci (por Riccardo, el ya ex diseñador de Givenchy), Pharrell, o Margiela.

MANTENER EL EQUILIBRIO

Binario forma ruta con otras tiendas independientes multimarca que sobreviven en el Born a pesar de la subida de los alquileres, como Colmado, On Land, Paella Showroom, Almond o Coquette. En cambio, Gabriel Ortiz y João Novaes estaban solos cuando abrieron Trait hace un par de años en Parlament, zona cero del vermut treintañero en la que ahora, a pocos meses de la apertura del mercado, van abriendo más tiendas de moda. Algo habrá que ponerse para consumir todos esos berberechos.

En la tienda independiente Trait tienen una debilidad especial: el diseño de autor de origen nórdico.

En Trait también querrían centrarse en las marcas que solo fabrican en Europa, pero admiten que cuesta mantener el equilibrio entre diseño, calidad y precios. Venden Adidas, pero también las bambas de Veja, la marca francesa que trabaja con materiales orgánicos y criterios de comercio justo. Junto a Lacoste Live o Carhartt, tienen firmas pequeñas y locales como la catalana Rita Row, especializada en punto.Los dos socios son informáticos y se conocieron mientras ejercían de técnicos/terapeutas en el Genius Bar de la tienda Apple (así se llama, sin mucha ironía, el lugar donde uno acude cuando su iPhone sufre un ictus). Les gustaba la moda que se sitúa en la frontera entre el streetwear (como Stussy) y el diseño de autor, sobre todo de origen nórdico. Es decir, firmas como la danesa Soul Land o la británica You Must Create. «Lo que tenemos es ropa muy fácil que le puede gustar a mucha gente, con cortes muy normales, pero tejidos que se venden solos», resume Ortiz, que envidia la «cultura de tiendecitas» que se sostiene en el País Vasco y celebra que el ‘meme’ de la chaqueta amarilla (la cazadora de Zara tan ubicua que tenía hasta cuenta de Instagram propia) pusiera en evidencia las limitaciones de la ‘fast fashion’.

Genios o no, los propietarios de las nuevas multimarca tienen en común con los buenos tenderos de todos los gremios el criterio y la fiabilidad. Sus clientes habituales, que además les siguen en redes, no necesitan estar al día de lo que está haciendo una nueva marca de calzoncillos orgánicos de Oslo, pero si un día se la encuentran en su lugar de cabecera, por algo será.

Fuente: El Periódico