EL MUNDO visita Peterborough, una pequeña ciudad británica que se ha convertido en el referente europeo del nuevo modelo urbano.

Su objetivo es eliminar el concepto de residuo con el reciclaje, la reutilización o el rediseño.

Las pequeñas ciudades pueden dar grandes lecciones en estos tiempos. En 2050, el 70% de la población mundial vivirá en núcleos urbanos y, en esas mismas fechas, la ciudad de Peterborough (180.000 habitantes) aspira a cerrar definitivamente el círculo y a funcionar como un auténtico organismo vivo: eliminando el concepto de residuo, aprovechando al máximo los recursos y viviendo dentro de los límites del planeta.

«Nuestro proyecto es una maratón y la transición será larga», advierte Steve Bowyer, director ejecutivo de Opportunity Peterborough, el motor del cambio que ha puesto definitivamente en el mapa a la ciudad a la vera de Cambridge, hasta ahora conocida por su imponente catedral gótica (donde está enterrada, por cierto, Catalina de Aragón).

El improbable viaje a la circularidad arrancó en 2012, cuando la pequeña gran ciudad compartió el podio con LondresGlasgow y Bristol en la competición Future Cities de Innovate UK. Y fue elegida como smart city del año en Barcelona, con su proyecto para convertirse en la primera ciudad circular del Reino Unido, avanzando por el camino de las siete erres.

Peterborough se codea también con Nueva YorkVancouver o Toronto en la Red de Ciudades Circulares de la Fundación Ellen MacArthur… «Las pequeñas ciudades son los laboratorios ideales para poder experimentar», advierte Katie Thomas, al frente de la oficina local de Economía Circular. «Aquí podemos encontrar las soluciones a los grandes retos urbanos, y aplicarlas luego a mayor escala en cualquier lugar del planeta».

1. Repensar

Las ciudades han funcionado hasta ahora con un modelo de economía lineal: producir, usar y tirar. «El modelo circular obliga a repensarlo todo de principio a fin», apunta Steve Bowyer. «La idea es que la ciudad funcione como un ecosistema o como organismo vivo. En la naturaleza no existe el concepto de residuo: todo funciona como un ciclo continuo que se retroalimenta y se regenera».

La circularidad se ha incorporado ya al ADN de Peterborough y se extiende a todos los niveles, desde el planeamiento urbano a las infraestructuras. «Muchas empresas se han comprometido a adaptar su modelo de negocio, a crear sinergias o a medir sus avances hacia el modelo circular», recalca Katie Thomas.

«Pero la ciudad la hacen, al fin y al cabo, los ciudadanos y la respuesta de la gente ha sido muy entusiasta», dice Steve Bowyer, que recalca la implicación de los vecinos de Peterborough en el proyecto Brainwave, una plataforma de inteligencia colectiva en la que los emprendedores, los residentes y las comunidades intercambiaron durante meses ideas para los grandes retos de la urbe. La labor de los voluntarios ha dado pie a una exposición de objetos reimaginados en el Railworld Wildlife Haven, el mayor muestrario del ingenio local.

2. Rediseñar

La revolución circular arranca en la mesa de diseño, como bien sabe Michael Duggan, al mando del Allia Innovation Lab, el punto de encuentro para emprendedores, inventores y makers, decididos a causar «un impacto positivo y serio» en la sociedad. Drones, impresoras 3D, cortadoras láser, centro de IT y todas las herramientas imaginables convergen en el que se presume de ser el laboratorio mejor equipado del Reino Unido y al servicio de la circularidad.

Allí ha trabajado Hanna Senior, fundadora y diseñadora del Bayards Studio, decidida a aplicar al mundo de la moda el principio de la modularidad, para prolongar la vida de la ropa y acabar con el gran despilfarro de la industria textil. Uno de sus proyectos es el diseño del «traje de boda modular», con la idea de dar nueva vida a esa preciada prenda que hasta ahora sólo se usaba para el sí, quiero.

El rediseño de la ciudad circular pasa por la arquitectura, como bien sabe William McDonough, artífice del concepto cradle to cradle (de la cuna a la cuna). La construcción consume al año 400 millones de toneladas de material en el Reino Unido y es responsable de un tercio de la tarta de los residuos. De ahí el nuevo concepto de la deconstrucción (que reemplaza a la idea de demolición).

3. Reusar

Éranse una vez 30.000 sacos de café de Masteroast predestinados a acabar en el vertedero. Hasta que Peterborough Reuse tomó cartas en el asunto y, gracias a la labor de Pav Patel, pudieron ser reusados como materia prima para la elaboración de más de 1.000 bolsas y bolsos con un toque local, elaborados por 46 mujeres que han aprendido sobre la marcha un nuevo oficio.

Foodcycle, la organización que ha rescatado 178.000 kilos de alimentos en el Reino Unido en sus ocho años de vida, ha creado su propio hub en Peterborough para combatir el despilfarro y paliar la «pobreza de alimentos» que afecta a cuatro millones de británicos. Con la participación de cadenas de supermercados como Sainsbury’s y Morrisons, la recuperación de alimentos es una de las prioridades de la ciudad circular.

Share Peterborough se ha convertido, entre tanto, en el punto de encuentro de la economía colaborativa, con más de 130 empresas y organizaciones comprometidas en compartir sus recursos. Steve Bowyer destaca el valor de compartir como parte indisoluble de la ecuación.

4. Reparar

La obsolescencia programada es uno de los grandes enemigos de la economía circular. En Peterborough, la vida de los productos electrónicos se puede prolongar gracias a la labor de los expertos del centro Waste Electrical and Electronic Equipment (WEEE), donde se reparan, se reciclan y se revenden los aparatos eléctricos. La ciudad ha decidido importar de Holanda otra eficaz solución, ya extendida también por España: los Repair Cafes. Son puntos de encuentro a los que acude la gente con su tostadora, su lámpara o su teléfono averiado, con la esperanza de que los manitas de turno (habitualmente voluntarios) logren darles una segunda y larga vida. De Toronto y París procede otra idea singular: la ressourcerie, o biblioteca de herramientas, donde uno puede pedir prestado una llave inglesa, un taladro o una lijadora.

5. Remanufacturar

El sector industrial es uno de los cinco pilares de la economía local (junto a las industrias creativas, los servicios ambientales, la alimentación y las finanzas). Perkins, uno de los mayores fabricantes europeos de motores de combustión, lleva 80 años arraigado en la ciudad y se ha subido al compromiso circular. La casa madre, Caterpillar Inc., lleva 40 años implantando el programa Reman, que le ha permitido recuperar más de 2,2 millones de productos (63.000 toneladas de recursos) para el proceso de desensamblaje, reutilización y remanufacturación.

6. Reciclar

La ciudad produce 90.000 toneladas de residuos al año, de las que el 45% es reciclada. La meta es superar el 65% en el 2020 y alcanzar el objetivo de zero waste en una década, cuando el 100% de los residuos serán reciclados, reusados, compostados o recuperados. La iniciativa Love Peterborough, love your community ha logrado aumentar un 10% la tasa de reciclaje en algunas zonas de la ciudad, que recoge semanalmente la basura orgánica para compostaje. La organización RECOUP (Recycling of Used Plastic Limited) ha contribuido también a labor para informar a la población del problema de la contaminación del plástico y concienciar sobre la importancia del reciclaje.

7. Recuperar

Peterborough se ha propuesto eliminar en menos de una década el uso de los vertederos. El 90% de los residuos no reciclables (85.000 toneladas) son procesados en la Planta de Recuperación de Energía de Viridor y aprovechados para la generación de electricidad suficiente para 16.000 hogares. La incineración para la producción de energía (waste to energy) es una solución que ha provocado, sin embargo, un intenso debate ambiental. La planta de Viridor presume de usar tecnología limpia y reducir en última instancia las emisiones de CO2 de la ciudad en 10.000 toneladas al año. Los críticos alegan que estas plantas generan dependencia hacia los desechos y que la energía generada no puede considerarse como renovable.

El sistema multiR de Peterborough se completa con otras tres palabras clave: reducir, reconectar y regenerar. «El objetivo es minimizar el impacto ambiental de las ciudades», sostiene Steve Bowyer. «Lo bueno de los procesos circulares es que permiten no sólo reducir el uso de recursos, sino crear valor añadido, reconstruir el tejido social y crear empleo. El reto es crear una auténtica economía regenerativa en la que todos salimos ganando».

Fuente: El Mundo