• La especialización y el trato personalizado son las ‘armas’ del comercio tradicional frente al digital.

  • El consumidor tiene que sentirse como en un «spa» cuando va de tiendas.

En Asos (ni en Zara, ni en ninguna de las miles de tiendas que operan en el mundo digital) nadie va a decirte que no te lleves ese vestido porque el color no te favorece y el corte no es el más indicado. Ni te van a proponer que le eches un vistazo a esa otra prenda que en la percha no dice nada, pero que puesta es una monería. En internet lo que se gana en rapidez se pierde en experiencia personal, y ahí es precisamente donde el comercio de proximidad tiene que hacerse fuerte. Comprar, pasear por el centro o por cualquier barrio de la ciudad, tiene que ser una experiencia con valor añadido, un ‘momento’ que acompañe al producto y genere buenos recuerdos. La cercanía, la sonrisa y la cara amable «son el futuro del pequeño comercio», la única vía para sobrevivir en un mercado copado por las grandes franquicias y los gigantes digitales. «La fuerza del pequeño comercio es la especialización y el trato personal», explica el gerente de la Federación de Comercio, que asegura que solo así se puede conquistar a un consumidor que ya está acostumbrado a comprar «en cualquier país y en cualquier tienda del mundo».

«Comprar tiene que ser como irte a un spa», el consumidor tiene que sentirse ‘mimado’ porque solo así el comercio conseguirá fidelizarse e incorporarlo a su cartera de clientes.

PROTEGER LOS COMERCIOS ES TAMBIÉN PROTEGER LA IDENTIDAD CULTURAL Y PATRIMONIAL DE LA CIUDAD

La defensa del comercio de proximidad no es solo una cuestión de empresas ni de empleo -que también, por supuesto-, sino que es también una defensa de la «identidad» de las ciudades, los municipios y los barrios. La crisis, el ‘acecho’ de las grandes superficies y la ampliación de la oferta se lo está poniendo muy difícil a los pequeños y medianos comercios, que en muchos casos se ven obligados a echar la persiana para siempre. Y eso se traduce en la «pérdida de la identidad comercial» de la ciudad, del ‘alma’ que convierte a cada zona en algo «distinto y exclusivo». Moreno asegura que ni los empresarios ni las autoridades ni los consumidores -de quienes depende la decisión final de dónde gastan su dinero- pueden permitir que se pierda lo que también forma parte del patrimonio cultural de Granada. Porque el riesgo es que el centro poco a poco se convierta en un barrio más con «calles sin vida», en las que solo paseen los vecinos que van de casa al trabajo.

En los últimos meses, el eje comercial de Granada (conformado por Reyes Católicos, Recogidas y Mesones) ha visto cómo varios negocios cerraban sus puertas. La situación dista mucho de la que se produjo al principio de la crisis, cuando la mayoría de los comercios de Reyes Católicos estaban cerrados, pero no deja de ser significativo. En la mayoría de los casos, se trata de franquicias y grandes cadenas que se han trasladado al centro comercial de Armilla, reduciendo su presencia física en el centro de la ciudad, aunque también hay locales vacíos de pequeños comercios o negocios tradicionales que se han quedado en el camino.

Fuente: Granada Hoy