• Negocios de Sant Andreu y el Born se organizan para importar modelos anglosajones

Las luces de Navidad de los barrios de Barcelona ya no pueden competir con las pistas de hielo de los centros comerciales, con los copos de nieve de mentira que caen de sus abovedadas cubiertas, con sus nuevos servicios de entrega a domicilio en menos de dos horas… “Si los pequeños queremos ser competitivos, tenemos que plantear nuevas formas de cooperación –dice Pròsper Puig, vicepresidente de la Fundació Barcelona Comerç y presidente de la asociación de comerciantes de Sant Andreu–, sobre todo en ejes como el nuestro, de barrio, de comercio de proximidad, dirigido a los vecinos de los alrededores. Mediante simples cuotas voluntarias no podemos hacer frente a La Maquinista, a Heron City, a Glòries… A Amazon. Por eso, la mayoría de comerciantes de Gran de Sant Andreu queremos montar un BID. Somos unos 200 negocios”.

Y los de buena parte del barrio Born, también. “Nuestro proyecto incluye comercio, restauración y cultura –dice Marga Domingo, presidenta de la asociación de comerciantes del Born–. Hablamos de unos 100 establecimientos. Podríamos dar mucha vida al barrio, montar catas, actividades nocturnas, una pista de hielo gratuita para todos… Tener un poco de autonomía y sacar adelante un montón de cosas que normalmente no nos dejan hacer”. La Cambra de Comerç está ultimando los planes estratégicos destinados a llevar a cabo estas pruebas piloto. El Ayuntamiento está dispuesto al menos desarrollar estas dos experiencias, pero el proyecto se enfrenta a escollos legislativos, oposiciones ciudadanas y sobre todo problemas de financiación. ¿Quién pagará los primeros pasos? ¿Los comerciantes? ¿El Ayuntamiento? No está claro. Sin un ejercicio de voluntad política, un ejercicio que ha de implicar al Estado, a la Generalitat y al Ayuntamiento, todo esto se diluirá en muy poco tiempo.

El paseo de Gràcia y Sant Antoni, entre otros, también quieren acoger la iniciativa

BID son las siglas de Business Improvement District, un mecanismo de colaboración público-privada que desde los años noventa abunda en muchas ciudades anglosajonas. La idea es sencilla. Todas las actividades económicas de un lugar determinado, ya sean tiendas de ropa, restaurantes con terraza o un dentista en una quinta planta, pagan más impuestos a cambio de poder financiar mejoras en la limpieza, la seguridad… y también del desarrollo de estrategias de promoción colectiva. El BID se establece tras una votación en la que la mayoría de negocios de la zona en cuestión apoyan la iniciativa. Una vez aprobado pagan todos los establecidos en la zona, de manera obligatoria, por ley, independientemente de que hayan votado en contra. Los BID se renuevan cada cinco años.

Aquí los BID fueron rebautizados como áreas de promoción económica urbana (APEU). Un año y medio atrás, al poco de entrar en el gobierno de la alcaldesa Ada Colau y asumir las responsabilidades en materia de comercio, los concejales socialistas apostaron por este modelo. Entonces surgieron múltiples y muy variados candidatos. El interés por los APEU se disparó por toda Barcelona. “A nosotros nos habría encantado –dice Luis Sans, portavoz de los comerciantes del paseo de Gràcia–. Constituyendo un APEU atracciones como el Shopping Night podrían ser mucho más habituales”. Mediante los APEU todos los comerciantes de una zona se benefician de estrategias comunes y además todos contribuyen a su realización. Las luces de Navidad las pagan los comerciantes que quieren, pero todos las aprovechan. La gente no es consciente del rencor que acumula el miembro de la junta de comerciantes encargado de cobrar las cuotas de las luces de Navidad. “Los APEU son un camino complicado –dice el representante de los comerciantes del barrio de Sant Antoni, Vicenç Gasca–, pero es el camino de la supervivencia de los pequeños. De lo contrario no podemos enfrentarnos a grandes operadores”.

La Fundació Barcelona Comerç, que agrupa a los ejes de los barrios, apadrina el APEU de Sant Andreu, y Barcelona Oberta, que hace lo mismo con los ejes más céntricos, el del Born. Las dos asociaciones de comerciantes más importantes de la ciudad piensan que estas pruebas se multiplicarán, que han de hacerlo.

El desarrollo de la propuesta requiere voluntad política, que se den cambios legales

“Si en Gran de Sant Andreu tuviéramos un BID, es decir, un APEU podríamos encargar bolsas iguales para todos –retoma Puig–, gestionar los stocks de manera colectiva, plantear un sistema de venta online de veras competitivo, aprovechar que aquí tenemos una escuela de jazz muy potente para organizar eventos en la calle… Y de este modo, disponiendo de unos ingresos estables, contando con una estructura permanente, dejando de depender de cuotas voluntarias que a veces cobras y a veces no, en lugar de tener entre todos un grupo de watsap donde nos advertimos de la presencia de ladrones por la zona, podríamos tener una persona encargada de la seguridad en contacto directo con la Guardia Urbana. Además, APEU se basa fundamentalmente en la autofinanciación, en una autofinanciación que ofrece estabilidad y te permite no depender de las subvenciones públicas. Nosotros calculamos que podríamos contar con un presupuesto anual de unos 200.000 euros. Pero tenemos que arrancar. Y para arrancar necesitamos la ayuda del Ayuntamiento. Con nuestras subvenciones y cuotas no podemos empezar”.

“Lo complicado es arrancar –coincide Domingo desde el Born–. El APEU del Born será autónomo, pero necesita unos 80.000 euros para comenzar”. El Born es una tierra de emprendedores, donde grandes y pequeños acuden en busca de fortuna. Sus comercios no están tan integrados en el barrio como los de Gran de Sant Andreu, donde la mayoría de las caras son familiares de toda la vida. Ello suscita desconfianzas entre vecinos de Ciutat Vella. Algunos entienden que los APEU son otra forma de privatizar el espacio público, de ponerlo de moda y al servicio de determinados intereses, de propiciar la expulsión de los vecinos menos pudientes. Aquí saben bien qué es la gentrificación. Es el discurso que llevó a los comunes a la victoria electoral. El plan estratégico del APEU del Born pone el acento en la importancia de implicar a los vecinos en sus actividades para que no sean desplazados por el visitante ocasional.

El concejal de Comercio, Agustí Colom, una de las personas del gobierno de Colau más afines a la colaboración público-privada, quien acaba de tomar el relevo de la socialista Montserrat Ballarín, asegura que el Ayuntamiento quiere desarrollar las pruebas de Sant Andreu y el Born. “Aún tenemos que co­nocer sus planes estratégicos –añade–. Podrían arrancar a finales del 2018. Esperemos que entonces los cambios legislativos necesarios ya estén listos. El Estado ha de reformar la ley de Haciendas Locales para que podamos aplicar a los comerciantes un recargo del IBI, para que podamos crear el tributo que haga funcionar el APEU. Esperemos que a finales de año esos cambios estén listos”. Y sobre las peticiones de ayuda económica de los comerciantes para que estas pruebas den sus primeros pasos Colom dice que “lo interesante de los APEU es la autofinanciación. Quizás podamos buscar algún fondo europeo”.

“Dejamos los papeles preparados”

El desarrollo de los APEU fue uno de los principales objetivos del PSC en el gobierno municipal. “Ya teníamos preparada la enmienda para modificar la ley de Haciendas Locales –explica la concejal Montserrat Ballarín, hasta hace poco responsable de Comercio, ahora de nuevo en la oposición. Es un buen momento porque el nuevo director de Comercio del Gobierno es mucho más receptivo a la idea que la anterior. También teníamos preparada la enmienda correspondiente a la ley de Comercio de la Generalitat, que ha de marcar el procedimiento de constitución de cada APEU”.

Fuente: La Vanguardia