La capital holandesa está imponiendo medidas para limitar el turismo

  • El Ayuntamiento holandés planea establecer un coste fijo de la tasa turística de hasta 10 euros por persona

  • En los últimos meses se han prohibido nuevas licencias para abrir tiendas de souvenirs

Los turistas son una bendición para una ciudad. Pero dentro de un orden. En exceso, pueden ser una pesadilla. Ámsterdam, mirándose en el espejo de capitales como la ‘ciudad condal’, quiere evitarlo con medidas más contudentes.

La capital holandesa libra su particular batalla turística contra los operadores del sector. El Ayuntamiento planea subir la tasa turística a 10 euros por persona, convirtiéndose en la tarifa más cara de toda Europa. Además, se han prohibido las licencias para abrir nuevas tiendas de souvenirs y se ha limitado a 30 días el tiempo que alguien puede alquilar su casa como ‘Airbnb‘. Por si fuese poco, una de las mayores atracciones de la ciudad, el Barrio Rojo, también sufrirá restricciones a los turistas en los próximos meses y los guías de la ciudad podrán ser sancionados si no cumplen la normativa.

«Ámsterdam ha crecido con la economía colaborativa y esto se ha convertido en su propia muerte», comenta Alba Vera, una guía local, a ‘Bolsamanía’. Y es que la burbuja del turismo ‘low cost’ ha llegado a Holanda y ahora su Ayuntamiento estudia medidas para parar su crecimiento. En 2016, visitaron la ciudad 17 millones de personas, un 70% más que en 2005, cuando la cifra de turistas se situó en los 10 millones.

Actualmente, los visitantes de esta ciudad deben abonar un 6% del precio total de su habitación como tasa turística, por lo que añadir además una tarifa fija supone convertir la tasa turística de la capital holandesa en la más alta de Europa

Una de las iniciativas que el Ayuntamiento contempla para parar este crecimiento es establecer una tarifa fija de hasta 10 euros por persona en los hoteles de Ámsterdam. Actualmente, los visitantes de esta ciudad deben abonar un 6% del precio total de su habitación como tasa turística, por lo que añadir además una tarifa fija supone convertir la tasa turística de la capital holandesa en la más alta de Europa. Por ejemplo, la tasa turística en un hotel de cuatro estrellas en Barcelona es 1,10 euros; 90 céntimos en el resto de Cataluña.

Una de las alternativas para los que no quieran alojarse en un hotel pasa por alquilar un apartamento a través de la plataforma Airbnb. Sin embargo, el consistorio también ha establecido barreras para los propietarios que alquilen su vivienda a través de este portal. Actualmente, existe una limitación de 30 días al año por vivienda. Aun así, parece que los propietarios han encontrado la forma de ‘saltarse’ esta limitación. Según ha podido saber ‘Bolsamanía’, existen grupos de Facebook a través de los cuales los propietarios concretan las condiciones del alquiler de sus viviendas, ya sea por días, semanas o meses.

De esta forma, ‘Airbnb’ se convierte únicamente en la herramienta para la toma de contacto entre propietarios y turistas y ambos salen ganando: los propietarios no tienen que limitar los días que pueden alquilar sus viviendas y los arrendadores no pagan la tasa turística. Hecha la ley, hecha la trampa.

LIMITAR LAS LICENCIAS PARA ‘SOUVENIRS’

Si uno pasea por las calles que rodean la plaza Dam, la principal de Ámsterdam, se dará cuenta de que «hay más tiendas de ‘Tours and Tickets’ que Farmacias», comenta Alba. Quizá esta sea una de las razones por las que el Ayuntamiento no permite la apertura de más tiendas turísticas desde octubre de 2017. Esta prohibición incluye las tiendas de souvenirs, de alquiler de bicicletas, de venta de entradas o de gofres.

Kajsa Ollongren, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Ámsterdam, aseguró que el objetivo es que «el centro de la ciudad se mantenga atractivo y agradable para habitantes y visitantes». «Ámsterdam no es un museo al aire libre, hay gente que vive y trabaja aquí, así que el foco está en el equilibrio», sentenció Ollongren.

La guía de la ciudad también explica a este medio que el problema de Ámsterdam, en comparación con Barcelona, es que la mayoría de los atractivos turísticos de la ciudad «están en el centro», mientras que en la capital catalana «existen distintos puntos de interés repartidos por toda la ciudad, desde la Barceloneta a la Sagrada Familia, por ejemplo». Este condicionante produce mayor centrificación de los turistas y, por eso, el consistorio holandés busca cómo potenciar otras partes de la ciudad.

«Ámsterdam no es un museo al aire libre, hay gente que vive y trabaja aquí, así que el foco está en el equilibrio»

EL BARRIO ROJO, NUEVA BATALLA DE ÁMSTERDAM

Uno de los puntos más concurridos y diferenciales de Ámsterdam es el Barrio Rojo. En esta zona en la que se ejerce la prostitución regulada es donde el Ayuntamiento ha puesto la lupa recientemente. Según el consistorio, el número de ‘tours’ en esta zona ha aumentado considerablemente y por eso, a partir de abril, los guías que quieran visitar el Barrio Rojo con turistas deberán, antes, pagar una licencia.

Además, los tours estarán reducidos a 20 personas por grupo y los guías tendrán que asegurarse que los visitantes se paran de espaldas a las cabinas de las personas que ejercen la prostitución y que no hacen fotos. Si lo incumplen, los guías, y no las empresas para las que trabajan, deberán pagar una sanción de más de 100 euros.

Esto no ha sentado demasiado bien entre los guías de la ciudad. Según explican, «los tours ya se limitan a menos de 20 personas porque es incómodo para los turistas, pero también para nosotros». De hecho, en ciudades como Barcelona también se limita el número de personas por visita guiada. También aseguran que piden «máximo respeto a los visitantes para que no hagan fotos» y las explicaciones se dan «al principio o al final de la calle, nunca delante de las cabinas».

Por otra parte, los guías señalan que «esta normativa, que no ley, no va a reducir el número de tours, porque nos vamos a dividir más y habrá más grupos». Además, critican que el objetivo del Ayuntamiento es que los guías paguen las licencias, de unos 180 euros por persona, y no reducir el volumen de turistas.

En definitiva, la capital holandesa jugará estos meses a contrarreloj contra el turismo masivo en sus calles para preservar la ciudad para sus ciudadanos y no para sus turistas.

Fuente: bolsamania.com