En pocos días, quince firmas de la ciudad se adhirieron a la campaña de Teta Meiga

Dice el pedagogo Tonucci, quien inspiró el modelo urbano de Pontevedra, que las ciudades hay que hacerlas desde la mirada de los niños, que al fin y al cabo son los que más las pisan mientras los adultos se pasan la vida yendo y viniendo del trabajo. Hace unos días se presentó una iniciativa que, precisamente, busca dar un nuevo paso en ese modelo de urbe amable con la infancia. Un colectivo llamado Teta Meiga y el Concello de Pontevedra se pusieron manos a la obra para animar a las tiendas, bares y empresas a que sean amables y faciliten las cosas a las madres que dan pecho en particular a quienes crían niños en general. Apenas se movió ficha y quince firmas, desde el coworking Espacio Arroelo hasta estudios de arquitectura pasando por tiendas o empresas con base O Campiño, clínicas o escuelas se anotaron para participar en la iniciativa.
 ¿Qué tienen que hacer estas empresas o tiendas? No demasiado. Lo cuentan bien desde Teta Meiga: «No hace falta que cuenten con una sala especial para la lactancia ni mucho menos, es casi una cuestión de actitud, de ser amables con una madre que necesita dar pecho o con unos padres que tienen cualquier otra necesidad con un bebé. Es algo que prácticamente puede llevar a cabo cualquier negocio».

Teta Meiga, un grupo de apoyo a la lactancia, tenía previsto hacer visitas a las tiendas y empresas de la ciudad. Pero, por ahora, dado que la campaña parece que empieza a funcionar sola, todavía no se realizó esa batida. Cuando lo hagan esperan que buena parte de los comercios se sumen a la campaña, sobre todo porque muchos ya estaban volcados con la lactancia de forma individual.

¿Qué opinión hay a pie de calle sobre la iniciativa? Le pone voz una madre que dio pecho y que, con sonrisa, cuenta las anécdotas de cuando su pequeño Jesús no dejaba de reclamar teta: «Acabas dando pecho en todos lados, hasta en los probadores, si son amables contigo es maravilloso».

«Les pongo una butaca a las madres y les ofrezco un té, es lo mínimo que puedo hacer»

Montse Calle Granados es ahora una abuela feliz. Pero tiene todavía fresco lo que sucedió cuando ella, hace más de treinta años, decidió darle pecho a sus hijas: «Entonces la campaña era totalmente a favor del biberón y si dabas teta pues te decían que no se iba a criar bien… un montón de cosas». Cuenta que, entonces, amamantar a un bebé en el espacio público o dentro de un bar o una tienda era algo bastante infrecuente en Pontevedra: «Es que si te ponías a dar teta en la calle, directamente, te llamaban fulana. Y en un bar también te miraban mal, era una práctica que había como que esconder». Quizás porque le pesa ese recuerdo, en cuanto tuvo a sus nietos quiso que sus hijas tuviesen un lugar cómodo donde amamantar en la tienda que ella regenta en la zona vieja, Mímate Delicatessen. A partir de ahí, decidió que ese rincón lleno de encanto, donde incluso coloca juguetes para los niños, estaba a disposición de todas las madres que lo necesiten, den pecho, biberón o simplemente necesiten cambiar un pañal. «Les pongo una butaca a las madres y les ofrezco un té, es lo mínimo que pudo hacer». Por supuesto, se ha sumado a la campaña impulsada por Teta Meiga.

«No hacen falta esas salas de lactancia junto a los váteres, basta con una silla»

Cristina Fariñas es una madre que da pecho desde hace años. Y, además, es también psicóloga perinatal y una de las impulsoras de la iniciativa de Teta Meiga para que las tiendas y empresas pontevedresas sean amables con quienes están criando hijos. Dice que su experiencia en la ciudad es positiva al respecto: «Antes de empezar con la campaña actual ya había tiendas que se volcaban para que pudieses dar pecho. Se trataba de identificarlas y de animar a más comercios y empresas a hacerlo. Y la verdad es que están yendo bien las cosas, yo veo mucho interés». Cristina explica que ella, como muchas otras madres, no busca que los locales cuenten con un local especial de lactancia, que casi siempre coincide con sitios pequeños e incómodos: «No hacen falta esas salas de lactancia junto a los váteres, basta con una silla. Se trata de contar simplemente con una butaca o una alfombra donde se pueda dar pecho, biberón o cambiar un pañal. Algunas madres preferirán dar pecho en un sitio más reservado, otras no tanto… no es nada rebuscado». Y añade: «Si somos la ciudad de los niños, hay que demostrarlo y qué mejor que colaborando con la crianza y ayudando a los padres».

Fuente: La Voz de Galicia