Los empresarios apoyan la normativa que blindará medio centenar de locales del centro pero exigen más facilidad de acceso al tráfico

Sorpresa y apoyo por parte de algunos de los propietarios de comercios incluidos en el catálogo del Plan de Ciutat Vella como locales a preservar por su valor arquitectónico en fachadas y algunos elementos de interior. Como publicó ayer LAS PROVINCIAS, el listado en el documento provisional engloba 49 casos de las principales zonas turísticas y monumentales.

Sorpresa al desconocer la iniciativa que manejaba el gobierno municipal y apoyo, aunque con matices. La asociación de Comerciantes del Centro Histórico y el Ensanche indicó que «todo lo que sea apoyo al mantenimiento de estos comercios singulares es elogiable», aunque subrayó la importancia de contar con «subvenciones para la conservación y mejora de los mismos. No dar dinero sólo porque sean antiguos, sino porque sus propietarios quieran mejorarlos».

Ese debería ser el siguiente paso a juicio de la entidad, una vez que se apruebe el documento definitivo. El Consistorio realizó hace años una guía de comercios singulares aunque carecía de cualquier valor normativo. En este caso el Plan de Ciutat Vella obligará a mantener fachada y elementos de interior en los establecimientos incluidos aunque cambien de actividad.

En algunos casos se llega tarde y al menos en tres de las propuestas ya se están realizando obras de reforma que han supuesto la eliminación de rótulos y elementos decorativos. De ahí, indicaron desde la asociación, la importancia de que «no se demore más la concesión de ayudas para mejorar estas tiendas».

De los 49 comercios afectados por la medida, José Miquel, propietario de Confecciones La Purísima, en la calle Bolsería, consideró positiva la medida aunque dijo que «el Ayuntamiento debería pensar también en otras cuestiones como la dificultad que tienen nuestros clientes para acceder al centro o que la calle Bolsería no abren ni un restaurante ni una cafetería porque la consideran del Carmen cuando en realidad es de Velluters».

Para Carlos Fernández, de la Cestería El Globo, en la calle Músico Peydró, «todas las medidas del Ayuntamiento son escasas; el centro histórico está muy desprotegido aunque ahora parece que hay algún atisbo». Eso sí, reclamó que el gobierno municipal tenga en cuenta al pequeño comercio de Ciutat Vella como un «conjunto porque estamos unidos; un ejemplo de esto es lo que ocurre con las obras. Deberían consultarnos y hablarlo antes de acometer cualquiera».

Carla, tercera generación en el comercio Pasamanería Las Tres Avemarías, en la plaza de la Virgen, señaló que «todo lo que sea proteger es positivo, me parece muy bien», para considerar que al comercio se le ayuda también con cuestiones como que haya cerca una zona de carga y descarga. «Mi abuelo se quedó el negocio en 1933 y ya estaba el rótulo y el nombre que hemos mantenido», dijo sobre la historia de la tienda. Otro caso es el del Asilo del Libro, en la calle Ferrán, donde el propietario, Antonio Lorenzo, tiene abierta la librería desde el año 2000, quien se mostró algo pesimista. «Igual nos perjudica si ponen muchos requisitos», dijo.

Fuente: Las Provincias