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Una tienda envuelta en papel de regalo

Jesús María, de óptica Jesús, fue uno de los 25 jóvenes que fundó la asociación de comerciantes DEL CASCO VIEJO hace medio siglo

aNTES era mucho más fácil ser comerciante que ahora”. Así de claro habla Jesús María Gómez, uno de los fundadores de la Asociación de Comerciantes del Casco Viejo de Bilbao hace cincuenta años. Se le ilumina el rostro cuando habla de aquella época y recuerda esos momentos con un entrañable cariño. “Ser comerciante era más sencillo antes porque colaborábamos toda la familia en el comercio y los gastos eran mínimos. Así que a poquito beneficio que hubiera, ya era mucho para nosotros”, afirma.

Jesús María, junto a unos amigos, pensaron que una asociación podría servirles para que los comercios cogieran más fuerza. “Al juntarnos, hacer una publicidad entre todos siempre resultaba más económica y teníamos mayor impacto”, recuerda. Y añade con una gran sonrisa: “Empezamos con muchísima ilusión, con una ilusión tremenda”.

Sin embargo, los tiempos han cambiado. Muchos clientes prefieren hacer sus compras por Internet y las modas no eran tan efímeras como lo son hoy en día. “A esas nuevas tecnologías les falta algo: el alma y el corazón que poníamos nosotros cuando vendíamos”, dice muy convencido Jesús María a sus 84 años. En la misma línea, asegura que se está perdiendo “el encanto” de conocer bien al cliente y que el propio cliente conozca al comerciante. “Sabíamos hasta los problemas que tenían”, rememora.

De hecho, recuerda como empezó todo. Se constituyeron como Óptica Jesús en 1950. Por aquel entonces, había once comercios en el Casco Viejo que se dedicaban a ello. “El tío de mi padre trabajaba en una óptica y cuando el dueño estaba para morir dijo que la óptica quedaba para los empleados”, rememora. “Le regalaron la óptica al tío de mi padre y decidieron no cambiarle el nombre para hacerle un homenaje a quien le había regalado la tienda”, dice.

A día de hoy, en el Casco Viejo, únicamente quedan dos ópticas y Eider Txarroalde, trabajadora de Óptica Jesús, sabe de primera mano cómo es el día a día de un comercio. De hecho, asegura que también ha variado mucho la manera de comprar el producto para después venderlo en las tiendas. Antes se compraban grandes cantidades porque sabían que ese producto iba a durar dos o tres años. Sin embargo, ahora tienen que comprar en cantidades más pequeñas. “De la misma pieza, antes se compraban cinco o seis ejemplares, ahora compramos uno de cada”, relata Eider. “Nos obliga a tener muy poquito y muy variado para tener una rotación del producto y así no quedarnos sin stock”, asegura. De hecho, Jesús María recuerda que “las modas antes eran más consistentes y duraban mucho más que ahora, que son más pasajeras”.

“Hemos viajado mucho”

Algo en lo que coinciden Jesús María y Eider es en la necesidad de juntarse con otros profesionales del sector para intercambiar sensaciones. “Hemos viajado mucho a ferias. Hemos ido a Alemania, Italia, Francia… ¡Hasta a Japón!”, cuenta Jesús María. “Ahí veíamos, no solamente el género que se estaba vendiendo en ese momento, sino el que también se iba a vender al cabo de dos o tres años”. Así, compraban el material para “unos tres años” y tenían ese periodo de tiempo para venderlo. “Hoy en día los periodos de reposición tienen que ser más cortos. Tenemos que tener menos cantidad porque hay que tener rotación”, cuenta Eider, quien asegura que hoy en día las ferias sirven también para “que los ópticos intercambiemos algunos trucos que nos van bien”.

Eider espera seguir trabajando “bastantes años más”, ya que son la cuarta generación que regenta Óptica Jesús. “El hecho de subir la persiana todas las mañanas y tener la incertidumbre de cuánta gente va a entrar es un hándicap”, relata. Aún así, asegura que estarán al pie del cañón para seguir viendo qué es lo que más demandan sus clientes y “seguir ofreciendo un servicio cercano como lo hemos hecho siempre”.

Fuente: Deia

AGECU