Jon Aldeiturriaga cierra su etapa profesional después de más de cuatro décadas y lo hace con muchas satisfacciones, un carro de amigos y alguna decepción

Intenta contener la emoción, pero los sentimientos afloran en sus ojos cuando durante su última entrevista como gerente, concedida a DEIA, recuerda las experiencias que ha vivido en la asociación de comerciantes del Casco Viejo. De los cincuenta años que cumple la entidad en abril, Jon Aldeiturriaga ha permanecido en activo 43 años y siete meses. Reconoce, con sus altibajos, haber “disfrutado” de la labor desempeñada y haber conocido a “gente maravillosa”. Toca jubilarse o como dice él “cambiar de empresa” y lo hace a su manera, con 65 años y la satisfacción del deber cumplido.

 

Ahora sí se jubila.

-Sí, ahora sí. No cuando se publicó hace un par de años. Aquella noticia fue algo extraño que no debía haber pasado. Sabían que no era cierto, pero se publicó. Nada es eterno. Las personas tenemos nuestro tiempo y el mío ha llegado.

 

¿Qué le ha aportado su trabajo?

-Muchísimas cosas y grandes satisfacciones. Una de las ventajas que ha tenido mi trabajo es que me ha permitido ser multidisciplinar, trabajar en diferentes ámbitos del comercio, del marketing, pero también en aspectos de urbanismo. Desde que entré en la asociación siempre ha existido una comisión de Urbanismo que era la que se encargaba de lo concerniente a hacer ciudad y a que el Casco Viejo fuera la joya de la corona de Bilbao.

 

Ha vivido etapas importantes en el desarrollo de la zona histórica cuando Bilbao no era tan turística como lo es ahora.

-Por supuesto y me siento orgulloso de haber formado parte de ello. Una etapa importante fue todo el proceso de peatonalización del Casco Viejo -el primer proyecto redactado surgió en 1970 y se gestó en la asociación-. Otro hito fue la reconstrucción del Casco Viejo tras la inundaciones de 1983…

 

… cuando resurgió de sus cenizas.

-Cuando nadie daba un duro por ello, el Casco Viejo se renovó, no se hizo nuevo, porque los cascos históricos tienen que mantener su idiosincrasia y el nuestro lo tiene.

 

Fue una etapa de mucho trabajo.

-Fue una etapa de mucho trabajo, pero lo hice muy a gusto de la mano de mucha gente que apareció dispuesta a ayudar. En aquellos tiempos Bilbao tuvo la suerte de contar con José Luis Robles, con perdón del actual y de los demás, en mi opinión, el mejor alcalde que ha tenido Bilbao en la democracia. Ese perfil de capitán de barco ayudó para perfilar y dar forma al Casco Viejo que tenemos hoy en día. El Mercado de La Ribera está donde está gracias a Robles.

 

¿Cómo ve la situación del comercio en el Casco Viejo?

-Me preocupa la situación del comercio en general. El Casco Viejo ha cambiado mucho, la oferta comercial ha evolucionado.

 

¿No cree que la hostelería le ha restado espacio al comercio?

-No (rotundo). Al contrario. Lo que no sé es si estamos sabiendo ver el nuevo Casco Viejo que tenemos.

 

¿A qué se refiere?

-A veces nos estamos lamiendo las heridas sin ver que existen otras posibilidades. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Hubo un tiempo en el que en el Casco Viejo había diez tiendas de lanas. Hoy solo hay una. No han cambiado los hábitos de consumo, sino las formas de vida y con ello ha ido evolucionando el comercio. Ahora, debemos poner en valor tres cosas: el turismo, la hostelería y la hotelería, por diferenciarla. Toda la vida hemos tenido hostelería en el Casco Viejo. De hecho el mejor restaurante de Bilbao, el Guria, estuvo en el Casco Viejo. Hay restaurantes históricos, tabernas de txikiteo…

 

Hay quien augura la desaparición del comercio de barrio.

-A nivel institucional hay definiciones en las que los políticos se sienten cómodos, pero que son irreales…

 

¿Por ejemplo?

-Cada vez que escucho la palabra comercio unida a Casco Viejo y a barrio me pongo enfermo.

 

El Casco Viejo cuenta con su propia idiosincrasia, ¿no?

-En el Casco Viejo vivimos alrededor de 7.000 vecinos, pero su comercio genera más de 3.000 puestos de trabajo. Necesitamos ser atractivos. Nosotros tenemos que captar clientes de nuestro entorno más próximo.

 

¿El Casco Viejo que tenemos es el que imaginó hace décadas?

-Las ciudades son elementos vivos, y el Casco Viejo en particular creo que es el espacio más vivo de la villa. Lo que me preocupa, por que no me gustan las mentiras, es ese discurso de la turismofobia.

 

¿En Bilbao es un problema?

-Rotundamente, no. No es cierto que haya un exceso de turistas en Bilbao y que nos estén haciendo perder nuestra identidad. Bilbao ha sido siempre un ciudad cosmopolita, no hace falta más que ver las relaciones con Inglaterra, con Latinoamérica, Francia… Nos adaptamos a los nuevos modos de vida con facilidad.

 

Y en esa adaptación el comercio ha tenido que reinventarse.

-Por supuesto, todos los que no han sabido reinventarse no han sobrevivido a los duros tiempos. No hacemos nada con echar la culpa a los grandes portales de Internet. Hay que mirarse el ombligo y saber uno qué es lo que no ha hecho o debería haber hecho para salir a flote.

 

¿Queda pendiente realizar un análisis de la situación comercial?

-Ahora mismo lo que necesita el empresario de comercio y hostelería es que alguien le cuente la verdad o que le enseñe la radiografía real. Un estudio de demanda que podría elaborar la Cámara de Comercio o también el departamento de Sociología de la UPV.

 

¿Echa de menos algo?

-Sí, empresarios líderes. Creo que las instituciones dicen que reparten mucho juego, pero solo reparten dinero. Y con eso hay empresarios que están cómodos, pero no es suficiente para llevar a cabo proyectos.

 

¿Cómo influirá la próxima llegada de la firma Primark a Bilbao?

-El comercio que tenemos en el Casco Viejo tiene, por su identidad, un gran atractivo. En la actualidad son mil los locales que no se sostienen solo siendo un barrio. Pero sí hay un comercio de barrio en Bilbao. Barrios con personalidad, como Santutxu, Uribarri, Rekalde, Zorrotza, con un comercio peleón, pero con limitaciones y a las que sí creo que va a afectar la llegada de esta firma.

 

¿Qué futuro le augura a su asociación?

-(Se hace un silencio). Lo veo con preocupación, pero no solo la de esta, sino la de todas. Nadie sabe qué va a pasar. Yo lo he dado todo por el Casco Viejo y por esta empresa.

 

¿Podrá cortar con el comercio?

-No es mi intención. Hay muchas fórmulas a través de las redes sociales de seguir manteniendo el contacto con el comercio. Me jubilo del cargo, pero seguiré unido a él. He tenido muchos y muy buenos ratos en esta empresa y en esta sede de la Plaza Nueva. Y son de esos de los que quiero sacar lo positivo.

 

¿Tiene una fecha exacta para su jubilación?

-Casi seguro antes del 16 de abril.

 

¿Cómo se va a despedir?

-Lo recibiréis, no será un agur, sino un gero arte.

 

¿No echará de menos ir todos los días a la Plaza Nueva?

-El Casco Viejo tiene muchos sitios maravillosos. Echaré de menos a mis dos compañeras, Mari José y Nerea, con las que he compartido muchísimas vivencias. Pero ahora tendré tiempo para viajar, que me encanta, más tiempo para estar con la familia…

 

¿Se va satisfecho?

-El balance es satisfactorio. Sin que me ponga medallas, a través de esta asociación he estado en casi todos los momentos importantes que han ocurrido en el comercio en Bilbao, en Euskadi y hasta en el Estado.

 

¿Su última etapa ha sido la más dura?

-No lo voy a negar, entre la crisis y otra serie de elementos que han influido en mi trabajo y en mi vida, sí. He vivido años complejos. Ha habido gente que me ha decepcionado porque teniéndolo todo han dado muy poco;pero, eso sí, lo digo sin acritud. No soy rencoroso.

 

¿Jon se ha tenido que morder la lengua muchas veces?

-Jon Aldeiturriaga no se muerde la lengua;el gerente, se muerde muchas más cosas.

 

¿Se jubila con un sabor agridulce?

-Toca mirar al futuro y creo que tengo un horizonte que no debo desperdiciar. Quiero escribir en euskera y tengo ganas de ir al euskaltegi para perfeccionar el euskera.

 

Fuente: Deia