Cien establecimientos se suman a una campaña para concienciar sobre el medio ambiente

Las pautas de consumo tienen mucho que ver con el medio ambiente y la sostenibilidad. Los clientes que compran en los comercios de proximidad, en su barrio, están contribuyendo a reducir la contaminación simplemente porque no tienen que coger el coche para desplazarse. Pero siempre se puede hacer algo más para mejorar la calidad de vida y lograr un planeta con menos polución.

Los casi 100 pequeños empresarios pertenecientes a la Asociación de Vistalegre así lo han entendido y han dado un paso al frente poniendo en marcha la campaña Pequeño Comercio Sostenible y Saludable. Esta se inició el 22 de abril, coincidiendo con la celebración del Día de la Madre Tierra, y se prolongará hasta el 25 de mayo. Los clientes podrán ganar premios a través de un sorteo que se realizará con los tiques de compra depositados en las urnas de cada establecimiento. Además, la Escuela de Arte, que siempre se implica con las actividades organizadas por la Asociación de Comerciantes de Vistalegre, ha montado una exposición marcada por los 17 objetivos de desarrollo sostenible.

Foodtopía tiene una mesa de trueque para intercambiar prendas usadas

Erradicar la pobreza, poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición, y promover la agricultura sostenible y garantizar una vida saludable son algunos de los objetivo de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible aprobada por la ONU en la cumbre mundial para el desarrollo sostenible de 2015. Pictogramas con frases y lemas sobre el cuidado del medio ambiente se han repartido por los establecimientos del barrio. Es una forma de concienciar a los clientes de la necesidad de que cada vecino ponga su granito de arena para mejorar el planeta.

Llevar el táper desde casa

Un juego de estos pictogramas se exhibe en Foodtopía, uno de los establecimientos de Vistalegre, ubicado en la calle Reina Doña Violante. Abierto el pasado mes de agosto -hay otros Foodtopía en diversos barrios murcianos como El Carmen y Santa María de Gracia- es el prototipo de los objetivos de desarrollo sostenible. «Aquí servimos comida sana, con materias primas mayoritariamente de agricultura ecológica y de proveedores locales», explica su propietaria, Lucía López Ferrándiz. Los clientes pueden llevar su propio táper y allí se lo llenan de un rico potaje o de unas lentejas con verdura por 1,10 euros. «No utilizamos plásticos y nuestros envases -que cuestan 15 céntimos- o bien son de cartón de eucalipto o llevan recubrimiento de almidón de maíz, por lo que cuando se tiran a una compostera desaparecen en 90 días, a diferencia de los plásticos que tardan en descomponerse más de 400 años o acaban en nuestro estómago como microplásticos tras haber sido alimento de los peces en los océanos». El local está decorado con dibujos y mensajes medioambientales y en la puerta un cartel indica que «aquí consumimos energía 100% renovable».

Los clientes podrán ganar premios en un sorteo con los tiques de compra que depositen en las urnas de los locales participantes

El local tiene una mesa de trueque, donde los clientes pueden dejar sus prendas usadas y llevarse otras. «La industria que más contamina es la alimentaria, pero le sigue la textil, y queremos dar una segunda oportunidad a ropa que ya no te pones o que no te gusta». El argentino Luis Cerda aprovechó el jueves su paso por Murcia para saludar a su amiga Lucía y le echó un vistazo a algunas de las gorras de segunda mano.

Muchas tiendas del barrio han cambiado la iluminación a led para ahorrar energía

La confitería Máiquez, uno de los establecimientos con más solera del barrio -recibió a finales de marzo una distinción por llevar abierto al público más de 25 años-, ha sido pionero en elaborar productos veganos, tantos dulces como salados. Las hermanas Conchita y Susana Máiquez Pérez, que están al frente del negocio familiar, ubicado en la avenida Ronda de Levante esquina con Marqués de los Vélez, aseguran que «cada vez tenemos más demanda entre nuestros clientes». En pastelería salada, el rey de los productos veganos es, sin duda, el pastel de carne. «La idea me la dio una de nuestras cocineras, Eva, que es filipina. Me dijo que en su país se usa mucho la soja y que hacen con ella una deliciosa salsa boloñesa. Eso me sirvió para hablar con Antonio, el confitero, y le pedí que se pusiera a investigar para hacer el hojaldre del pastel con margarina vegetal en vez de usar manteca». Luego vinieron las empanadillas de bechamel con espinacas y de zarangollo, e incluso las tapas veganas, como la ensaladilla cuya mayonesa hacen con aceite, ajo y leche de soja (no lleva huevo). Mientras habla, Susana lleva en las manos una bandeja con seitan. «Es la carne de los veganos; la elaboramos a base de gluten de trigo y caldo de verduras».

Entre sus clientes, muchos ya son fijos aunque no vivan en el barrio. Como Laura Ibáñez, de Algezares, y Antonio García, de Patiño. Ella, que realiza estudios para ser detective privado, tiene 23 años y es vegana desde los 14 años. Él, de 26, estudiante de Psicología, lleva dos años y medio sin probar alimentos elaborados con productos de origen animal. Por eso se decantan por tapas como espinacas con tofu o albóndigas con verdura.

Juana Cerezo Abellán y su socia María Dolores Fernández estrenaron local en la calle Corregidor Pueyo el 30 de abril. Se llama ‘Más que cole’ y todos sus productos -mercería, lencería y uniformes escolares- son artesanales y están confeccionados por proveedores murcianos. Toda la iluminación es led para reducir el consumo energético.

«Compramos a proveedores locales y se reduce el gasto energético»

«El pequeño comercio se nutre de proveedores locales y así el coste energético es menor», explica Santiago Vera, presidente de la Asociación de Comerciantes de Vistalegre, que ha tenido la iniciativa de poner en marcha la campaña. «Yo tengo un negocio de textil y otro de muebles de hogar y, al igual que otros empresarios del barrio, compramos en la Región o en la Comunidad Valenciana, o en Cataluña, pero no en Taiwán, por ejemplo. De esta manera, el coste energético, lo que cuesta traer los contenedores desde allá, y la polución que genera, es mucho menor». Vera destaca el esfuerzo del comercio de proximidad frente a las multinacionales y las empresas que fabrican sus productos en países lejanos, pagando muy poco por la mano de obra. «Y la calidad del producto no es la misma». Añade que «casi todos los comercios del barrio han cambiado la iluminación a led para consumir menos». En cuanto al sorteo entre los clientes, afirma que «es una excusa para concienciar a los clientes y que conciencien para comprar en su barrio».

Fuente: La Verdad