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Entre jetas y vivales

Opinión, por Quim Monzó

Cuando Vinçon cerró, Fernando Amat concedió un montón de entrevistas. Que una tienda tan emblemática hubiera decidido bajar la persiana fue lamentado por muchos barceloneses. Setenta y cuatro años de historia, que se dice pronto. Juli Capella lo expresó de forma clara: es triste este adiós, pero siempre es mejor morir con dignidad. Amat decía que uno de los motivos de la clausura fue que la gente iba a Vinçon a mirar, a encontrar soluciones para su casa, pero que luego, cuando llegaba la hora de comprar, se iba a Ikea. Los muebles de la tienda sueca son de peor calidad, pero en general están bien diseñados y son más baratos. El mismo Amat explicaba que era fan: “Es la mejor competencia. Los admiro, son respetuosos, no imitan productos que ya existen sino que crean los suyos a bajo precio, sin hacer daño a ­nadie”.

Ahora la tendencia es ir a las tiendas no para comprar sino para informarse de lo que hay y después comprarlo por internet. Muebles, accesorios y prendas de vestir, sobre todo. Las prendas de vestir tienen un problema online. Por mucho que los vendedores incluyan indicaciones para calcular si la camisa o los pantalones que te interesan tienen que ser de la talla S, M, L o XL, no hay nada como probarte la pieza delante de un espejo y ver si de verdad te queda bien o si (en el caso de la camisa) la sisa falla.

Una zapatería que está hasta las narices: 10 euros por probarse zapatos, los compres o no

Con los zapatos todavía peor, porque hay pies estilizados pero también los hay anchos, que no hay manera de meter en lo que te has comprado por internet, aunque teóricamente sean de tu número. En Italia, en la ciudad de Mirandola, cerca de Módena, hay una zapatería que ya se ha hartado del flujo constante de gente para probarse zapatos, fijarse en la marca, el modelo y el número que le va bien y largarse para, luego, comprarlo en Amazon, por poner un ejemplo al azar. Para solucionarlo han puesto un cartel que dice “Probarse zapatos: 10 euros”. Hay más tiendas en Italia que hacen lo mismo, pero este es el último caso que ha saltado a la prensa. La federación de consumidores no está de acuerdo: “Es necesario que una regla tan discutible como la de hacer pagar para probarse ropa o calzado esté indicada con gran claridad a la entrada del local comercial y no dentro, para que el cliente pueda decidir si entrar o no. Además, se debe especificar que la regla se aplicará a todos los que no compren, y no de forma arbitraria”. Por su parte, la confederación de comerciantes dice que no se puede hacer pagar a todos y que ellos ya detectan quién es un jeta y quién no: “Porque se ve claramente cuándo alguien está sólo indeciso y cuándo, en cambio, entra con la intención de probarse cinco modelos ya escogidos, tan sólo para valorar cómo le quedan y luego comprarlos por internet”.

No imagino a Fernando Amat poniendo un cartel parecido en Vinçon. Hace sólo cuatro años que bajó las persianas (eran seis), pero aquel mundo cauteloso y elegante ya ha quedado devorado por el actual y sólo pervive en nuestra memoria.
AGECU