La confusa regulación de este sector propicia la picaresca y desencadena un alud de sanciones

Los operadores se quejan de la competencia del ‘top manta’ pero también aumenta la oferta legal

Muchos barceloneses pensarán que el suvenir resulta algo anacrónico en la era digital, donde los recuerdos se sellan en la mente a golpe de selfi y de publicación en redes sociales. Pues no. Todavía son bastantes las personas que quieren un recuerdo físico de sus viajes, aunque es cierto que ya no buscan ‘pongos’ (artilugios decorativos de dudosa estética que uno no sabe dónde colocar) sino que piden una funcionalidad a su suvenir. En esta coyuntura, el sector vive un periodo convulso en Barcelona por un triple motivo: la normativa municipal es tan bienintencionada como confusa y ha propiciado la picaresca de la venta de recuerdos en todo tipo de tiendas;  esa ambigüedad ha llevado a que el sector se queje de una ola de sanciones que ven poco fundamentadas; y por último, pero aún más doloroso para su rentabilidad, la irrupción del ‘top manta’ ilegal y sus precios ‘low cost’ ha obligado a reformular el género –el producto del Barça casi no tiene presencia- , bajar precios y abrir nuevas vías de venta, como sacar la manta a la calle, como informó ayer este diario.

Las camisetas del Barça o del Madrid cuentan como suvenir, pero no las del resto de equipos, dicen los afectados

¿Quiere el viajero volver a casa con un imán de la Sagrada Família, con una camiseta con un toro? Al parecer sí, según los vendedores especializados. Alok Lahad, presidente de la reciente asociación  de Negocios Turísticos de Catalunya, que de momento aglutina a unos 60 operadores de suvenires, defiende que la gran cantidad de viajeros que recibe Barcelona anualmente justifica las decenas de negocios de recuerdos que nutren los tres grandes ejes turísticos de la Rambla y el Barri Gòtic, el entorno de la Sagrada Família y el parque Güell. Los turistas siguen queriendo llevarse algo a casa que evoque su estancia, aunque le piden utilidad: un llavero, una camiseta, una gorra… el problema viene de la normativa local, que desde hace años pretende frenar un monocultivo de estos artículos en las zonas turísticas, pero que con las sucesivas reglamentaciones ha propiciado tanta confusión que incluso ha alimentado nuevos negocios no especializados.

 

Normativa en evolución

Desde los gobiernos municipales socialistas hasta el de los Comuns, pasando por el de CiU, se ha tratado de poner coto a la apertura a destajo de tiendas en el centro. Cada alcalde ha agregado ajuste, como el vigente, que aumentó la prohibición de nuevas tiendas de recuerdos en perímetros más amplios de las zonas turísticas. No obstante, se estableció que las tiendas especializadas en otros artículos (por ejemplo de bisutería, prensa, moda o alimentación) podían dedicar hasta el 20% a la venta de recuerdos. Esta norma también evolucionó hasta obligar a agruparlos en el interior de la tienda y a no asomarlos a los escaparates.

Recuerdos en un súper de la Rambla / SERGI CONESA

El ayuntamiento presentó a principios de verano un balance de sanciones (en el 40% de tiendas inspeccionadas) por incumplir esa proporción. La realidad es que el plan especial de ordenación de establecimientos comerciales destinados a venta de artículos de recuerdo o suvenires incluye bajo este paraguas (según el artículo 5) ” la venta de productos destinados a usos de regalo, adorno o reclamo, conocidos como suvenires, así como las artesanías y productos tradicionales susceptibles de ser adquiridos como recuerdo típico. Se incluyen entre otros artículos textiles como camisetas, gorras y sombreros;  deportivos, así como productos típicos, bisutería y marroquinería”. Este saco sin fondo es lo bastante amplio como para generar confusión.

 

74 licencias específicas

Las tiendas que tengan más de una quinta parte de este género deben contar con permiso específico. Bajo el epígrafe “artículo de recuerdo o suvenir” existen 74 licencias en la actualidad, aunque existen otras muchas que tenían licencia previa de bazar  o incluso alimentarias, con permiso de suvenires, ya que su actividad se regulaba antaño a nivel estatal y según el impuesto de actividades económicas (IAE). Mucho más difícil es saber cuántas tiendas venden recuerdos amparadas en un máximo de ese 20%, ya que la actividad principal declarada es otra. En el Gòtic hay decenas de tiendas de todo tipo que despachan recuerdos por esta vía. Y en la calle de Sardenya, que ahora toman los grupos de turistas para volver de la Sagrada Família a la zona de autocares (no pueden usar Marina), varios comerciantes han hecho de dicho porcentaje su razón de ser.

Muchos comercios en zonas turísticas exprimen el 20% permitido de recuerdos, y el resto es casi relleno

Mientras el ayuntamiento trata de velar por esa compleja proporción, Lahad se queja de que muchos operadores rellenan su tienda con cuatro quintas partes de artículos anodinos para cumplir la ley (desde shishas para fumar hasta camisetas de series). No entienden por qué las tiendas de artículos del Barça no se consideran turísticas, mientras que a ellos las camisetas blaugrana sí se les computan como tales. «La artesanía cuenta como suvenir aunque no sea con motivos barceloneses o de Gaudí. Y una camiseta de Messi es un suvenir pero una del Betis o el Espanyol no para muchos inspectores», cuenta el portavoz de la patronal. El resultado es que los comercios ofrecen un ‘look’ que parece por completo de suvenires, pese a que no sea esa su licencia. Un pez que se muerde la cola.

La asociación de Amics de la Rambla ha pedido reiteradamente al consistorio que se especifique con detalle el concepto de recuerdo para evitar la cruzada de inspecciones con distintos raseros, relata su presidente, Fermín Villar, mientras los imanes ya cotizan a un euro, por efecto de la competencia del ‘top manta’ a unos metros de las tiendas, que por cierto regentan inmigrantes casi siempre, esencialmente «porque casi todos los indios inmigrados hablan inglés y otros idiomas» y ello hace mucho más fácil esta venta internacional, argumenta Lahad.

 

Recuerdo efímeros y baratos

Un paseo por el perímetro de una de las mecas turísticas de la capital catalana, la Sagrada Família, pone de manifiesto la evolución del negocio del suvenir, marcada tanto por la competencia como por la ley de la oferta y la demanda. Donde hace dos años imperaban las camisetas del Barça y el Madrid, ahora hay ‘t-shirts’ de todo tipo y condición. Donde se exhibían imanes a tres euros, ahora se publicitan a un euro para competir con la trinchera del top manta, que los fines de semana –al menos hasta el reciente operativo orquestado por el ayuntamiento junto con los Mossos- se instalaba en la plaza de Gaudí.

El representante de los vendedores legales de recuerdos, Alok Lahad, cuenta que no pueden comercializar ropa azulgrana porque sus prendas son oficiales del club y aunque no sean Nike, a la venta resultan más caras que las falsificaciones de Nike que despachan los manteros por unos 20 o 25 euros. “Ya no se vendía nada, todos las hemos quitado y solo tenemos alguna más escondida”, se lamenta.

Los llaveros, imanes y camisetas con mensaje de Barcelona son ahora los artículos más demandados, aunque en el punto de venta dominan las camisetas con mensajes de humor o soeces, que no se consideran suvenir y pueden formar parte del 80% de otros artículos, según normativa. “Tenemos que poner en venta todo esto –dice un vendedor en la calle de Marina mostrando un arsenal de camisetas presuntamente graciosas, así como bisutería y objetos variopintos- para vender los suvenires”. A unos pasos, lo que fueron quioscos de prensa ahora venden más recuerdos que revistas. Y en varias tiendas de fundas y cargadores de móviles destacan los artículos de recuerdo. “En esta zona lo que quiere la gente es comprar cosas donde ponga la palabra Barcelona”, dice un dependiente indio, que añade que los manteros han hecho “mucho daño” a las tiendas que pagan impuestos y continuamente tienen inspecciones. “Ahora es difícil vender mucho aquí”, se queja, mientras explica que otros dependientes se han pasado al top manta “para ganar más”.

En la Barceloneta o algunas calles del Gòtic el negocio con estas piezas ha tomado también una parte de las tiendas de alimentación que abren hasta la noche, o las multiproducto que funcionan todo el día. Y hasta las bebidas incorporan el componente turístico, evocando toros o iconos que para los catalanes resultan de lo más ‘kitsch’, pero que el viajero sigue demandando por sorprendente que parezca. «Hemos intentado vender camisetas con el ‘ruc’ catalán, o figuritas de ‘castellers’, pero no las compraba nadie, al final el público manda y cuando viene aquí piensa que está también en España y lo que pide es el toro», cuenta Lahab.

Conscientes de la importancia cultural y patrimonial del recuerdo turístico, incluso el comercio local ha tratado de dignificar la industria del suvenir. Los Amics de la Rambla llegaron hace algunos años a un acuerdo con el ayuntamiento para poder abrir las tiendas turísticas los domingos, a cambio de una retirada generalizada de presuntos recuerdos ridículos como eran los sombreros mexicanos, rememora su presidente, Fermín Villar. No se han erradicado, ni de lejos, los vestidos de faralaes o las castañuelas, que muchos viajeros siguen buscando aquí sin distinguir las particularidades regionales,  igual que harían en Madrid o Sevilla, simplemente como iconos asociados a su viaje a la península Ibérica.

Fuente: El Periódico