El ‘Black Friday’ lo paga el planeta

Estas cifras son las que incrementan la actividad del sector logístico hasta niveles a los cuales no se llega el resto del año: las empresas de paquetería y logística prevén el pico más alto de trabajo estos días, cuando la patronal del sector de UNO Organización Empresarial de Logística y Transporte estima que se repartirán, por término medio, unos 2,5 millones de paquetes diarios. Eso durante las semanas posteriores al 29 de noviembre, porque sólo el lunes siguiente en el Black Friday se calcula que moverán 3,5 millones de paquetes. Y cada uno de estos movimientos tiene efectos sobre el planeta.

«Toda campaña que promueva el consumo desmesurado, y especialmente de productos que no son de primera necesidad sino complementos, tiene un fuerte impacto sobre el medio ambiente», explica Eduard Josep Álvarez Palau, profesor del máster de Ciudad y Urbanismo y de los Estudios de Economía y Empresa de la Universidad Abierta de Catalunya (UOC). «Por defecto, el consumismo afecta negativamente al medio ambiente, porque implica una conversión de recursos naturales o materias primas en productos elaborados que quizás en algunos casos no está justificada, porque el uso que se hace no es lo bastante intensivo para compensar todo el coste ambiental. Pero además, en acontecimientos especiales como el Black Friday, el sistema de distribución de estos productos recibe mucha presión y eso genera impactos en la ciudad», señala Eduard J. Álvarez Palau.

Neus Soler Labajos, profesora también de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, está de acuerdo que, tal como está organizado el sistema actual de distribución de ventas en línea, este tipo de ventas afecta al medio ambiente. Y si tenemos en cuenta que el Black Friday es el día del año en que se producen más ventas por internet, este acontecimiento sale caro al planeta.

«Se puede considerar que globalmente es más ventajosa la venta por internet, porque se evitan los desplazamientos personales en vehículo en los centros comerciales y, en consecuencia, la emisión de gases contaminantes está más controlada y es más eficiente si la hacen las empresas de transporte. Pero la imposibilidad de poder agrupar los pedidos, entre otras razones porque se hacen muchos envíos pequeños; el uso de una gran cantidad de envases de cartón y de plástico para enviar el pedido; la dificultad en poder entregarla en un único viaje porque la persona no siempre está en casa para recogerla, y el transporte internacional —cuando el producto viene de China, por ejemplo— contrarrestan la ventaja que representa que el comprador no se tenga que desplazar», afirma la profesora Neus Soler Labajos.

«Las ventas en línea son menos ecológicas cuando no se exige una compra mínima que pueda compensar el hecho de arrancar toda la operativa. Si nos referimos sólo a las entregas y al número de devoluciones más elevado que se hacen, podemos afirmar sin lugar a dudas que las ventas en línea son menos sostenibles».

¿Es posible compensar el daño que se hace al entorno?

Para combatir la contaminación que genera el mercado de la moda, el segundo sector, después de la tecnología, con más ventas en línea durante el Black Friday según el informe de CupoNation, recientemente han aparecido movimientos como no buy year, que anima a los consumidores a no comprar ropa durante un año. Es una muestra que la conciencia ecológica cada vez es más presente en todo el mundo y, según los expertos, podría acabar afectando campañas como la del Black Friday.

A pesar de eso, las previsiones de ventas para el 29 de noviembre en España muestran que, de momento, la revolución verde no tendrá efectos. «En nuestro país la conciencia ecológica no ha arraigado lo suficiente para afectar negativamente al Black Friday», explica Neus Soler Labajos. «El consumidor ya empieza a pedir a las empresas que asuman más responsabilidad con respecto al entorno, pero son peticiones que no tienen que afectar necesariamente al Black Friday. En países con una conciencia ecológica, en cambio, como los países nórdicos, sí que se podría aprovechar la jornada para activar alguna acción de lucha contra el hiperconsumismo», señala la profesora de la UOC.

En el resto del mundo, el planeta parece que ha perdido la batalla contra el Black Friday, excepto en caso de que la Administración se decidiera a intervenir. «Las políticas públicas pueden promover el respeto al entorno estableciendo un conjunto de condiciones que aseguren que campañas como esta no generen un gran impacto en el entorno», explica Eduard J. Álvarez Palau, que añade que el hecho de utilizar vehículos para las entregas como las bicicletas o los ciclomotores o patinetes eléctricos no es la única solución para garantizar que se estropea menos el entorno.

«Además de estas acciones, hay otros de mucho más sencillas. Por ejemplo, ampliar los plazos de entrega. Si el consumidor facilita al vendedor que le pueda hacer la entrega de la mercancía que ha comprado con un plazo de tiempo más amplio, le dará bastante margen temporal para que deje de presionar la cadena de suministro. De esta manera, se aliviaría la presión que sufren los almacenes, que tendrían más tiempo para abarcarse, almacenar y distribuir, y a su vez el transportista se podría organizar mejor para hacer una entrega de productos más eficiente, llevando los vehículos más cargados», afirma.

Fuente: elnacional.cat

AGECU