Defiende promociones de un solo día y descuentos que no superen el 30%

División. Esa es la palabra que mejor define lo que genera el Black Friday entre los pequeños y medianos comerciantes. Desde hace unos cinco años, su crecimiento ha sido constante, pero ha trastocado no solo las campañas de Navidad y rebajas (las más importantes del año para las ventas de cualquier comercio tradicional), sino también la dinámica de consumo durante todo el año.

Los negocios de proximidad afrontan «resignados» el calendario de descuentos que comienza con el Black Friday, sigue con el Cyber Monday, enlaza con una descafeinada campaña de Navidad y Reyes y culmina con unas rebajas de invierno con unos balances muy alejados de los que se obtenían hace una década. El pasado año, alrededor de un 40% de estos negocios se enganchó con algún descuento o promoción al Viernes Negro, una cifra que será similar este año, según prevén desde la Confederación Española de Comercio (CEC). «Sin embargo, ese crecimiento ya fue inferior al de otros años. Por eso creemos que la democratización de esta campaña ha llevado a que el Black Friday haya tocado techo», apunta una portavoz de la CEC.

Más allá de la visibilidad de esta jornada y del hecho de no quedarse descolgado, pocos negocios entran en el juego porque les resulte rentable. Al contrario, tal y como señala Pedro Campo, presidente de la Confederación Española de Comercio: «No les ha quedado más remedio; se han dado cuenta de que, en caso contrario, pierden ventas durante la campaña de Navidad». Para Neus Soler, profesora de Marketing en los Estudios de Economía y Empresa de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), estos negocios se ven en una encrucijada, porque «malo es vender con promoción en un periodo que tienen aseguradas las ventas, pero peor es no vender si no se suben al carro».

El Black Friday arranca un periodo con reducciones de precios que puede llegar al 50% al que, después de ocho ediciones, se han acostumbrado los consumidores. «Sin embargo, esto tiene una consecuencia clara y directa: una campaña navideña cada vez más floja. Es, simplemente, una cuestión de poder adquisitivo, porque lo que el consumidor gaste en el Black Friday ya no lo hará ni en Navidad ni en Reyes. Es evidente que el comercio de proximidad no puede hacer descuentos tan agresivos ni tan sostenidos en el tiempo como otros formatos comerciales», denuncia la organización.

Presión «insostenible»

Su propuesta para hacer frente a esta fiebre consumista pasa por limitar las promociones a solo 24 horas, manteniendo así el sentido inicial de la campaña. «La presión que impone esta dinámica de descuentos permanentes es insostenible para el pequeño comercio. Por eso, para no lastrar excesivamente los márgenes, recomendamos que el comercio de proximidad evite los descuentos agresivos que ofrecen otros formatos. Por la experiencia de años pasados, creemos que entre un 20 y un 30% de descuento es adecuado para dinamizar las principales calles comerciales durante el Black Friday y que tenga un efecto positivo», defienden desde la CEC.

La campaña de Navidad y Reyes puede llegar a suponer para un comercio de proximidad hasta el 50% del total de sus ventas del año. Es tanto lo que está en juego que no le ha quedado otra que diseñar estrategias y planificar muy bien su política de descuentos: si el comercio vende un producto que, por su tipología, no funciona bien para Navidad y Reyes, le puede aplicar mayor descuento en el Black Friday sin temor a que eso reste ventas posteriores.

Y aquí es donde la profesora Neus Soler advierte de la letra pequeña de la ley: «El descuento que un comercio aplica en un producto lo hace sobre el precio máximo que ha tenido en el último año y no sobre el que el consumidor ha visto el mes anterior. Al desconocer esto, creen que los engañan, pero no es así».

Fuente: Sur.es