Desde 2014, este subsector ha perdido 43.000 autónomos y 17.000 asalariados

La destrucción de pequeños comercios sigue sin tocar fondo en España. Este tejido empresarial lleva años instalado en su particular agonía, una crisis interna a la que se sumó la recesión económica como devastador acelerante. Pasada aquella crisis coyuntural ha quedado la intrínseca de un subsector que continúa en retroceso alarmante. En 2017 desaparecieron 16.500 pequeños comercios en España -considerados como tales los que no pasan de cinco asalariados-. En 2018 echaron la persiana unos 11.000. Y en 2019, de enero a septiembre -último dato disponible- cerraron casi 15.000, según se desprende de las estadísticas de la Seguridad Social recopiladas por ABC.

Es una caída constante que viene de lejos. Solo se frenó fugazmente en 2014, al calor de la reactivación económica que acababa de estrenarse tras la larga recesión. Pero ha vuelto a arrojar cifras demoledoras en los cinco últimos años, pese al despegue global que ha experimentado la economía española en este tiempo. Desde 2015, España ha perdido 55.000 pequeños establecimientos, epígrafe que incluye mayoritariamente el pequeño comercio tradicional y, en menor medida, a modestos negocios de distribución y pequeños talleres de reparación de vehículos.

El cierre de esos 55.000 comercios se ha llevado por delante unos 60.000 empleos: la mayoría, autónomos, unos 43.000; los 17.000 restantes eran asalariados que dependían de algunos de esos establecimientos. Hay que tener en cuenta que en la mayoría de esos negocios solo trabajaba el autónomo o algún familiar directo que también cotiza como trabajador por cuenta propia.

Durante año pasado, cada día se cerraron en España una media de 50 pequeños comercios

Desde las patronales del sector claman por reformas que ayuden a mantener a flote al pequeño comercio, que faciliten su reconversión -como se ha hecho a lo largo de los años con otros sectores que entraron en crisis-, que haya un marco normativo más favorable para esta actividad, y que se incentive y facilite la modernización de estos pequeños negocios. Esto último, sobre todo, pensando en la necesidad de operar en internet, de que toda tienda física vaya acompañada de una tienda virtual competitiva.

La vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), Celia Ferrero, afirma que la crítica situación que atraviesa el pequeño comercio es fruto de una combinación de factores a los que hay que hacer frente de una vez por todas: «El comercio tiene una crisis estructural, que fue anterior a la recesión económica, y que se tiene que atajar con una adecuada modernización del sector. También hay un grave problema de relevo generacional, y para eso es necesario impulsar programas específicos de relevo, que ya estamos intentando poner en práctica en algunas comunidades autónomas. Es necesario igualmente que el comercio tradicional se adapte a los nuevos canales de venta por internet. Y, además, hay que hacer frente a la desaceleración económica que se está dando ahora, y que también influye en una bajada del consumo».

Desde ATA, Celia Ferrero es contundente: «O se hace un plan de choque o nos podemos encontrar con un enorme problema», por el grado de destrucción de tejido comercial que se está acumulando, con lo que eso conlleva en términos de empleo. Y subraya: «Hay que tener en cuenta que hablar de pequeño comercio no solo es hablar de economía y de empleo, es mucho más, es hablar de una actividad con gran impacto social y urbanístico, decisiva para mantener vivos los cascos urbanos y esencial, por ejemplo, para luchar contra la despoblación».

Laberinto administrativo

Para hacer frente al problema, la vicepresidenta ejecutiva de ATA reclama acabar con «la descoordinación total que existe entre las distintas administraciones públicas en materia de comercio», ya que las competencias sobre esta actividad andan repartidas por múltiples vericuetos burocráticos entre ayuntamientos, gobiernos autonómicos e incluso ministerios. «Urge una coordinación administrativa a todos los niveles y que la administración también se modernice, con fórmulas como las que ya se están poniendo en práctica en otros lugares de Europa, como en Flandes, donde se han puesto en marcha una especie de ventanillas únicas y particularizadas para el comerciante» que tiene que realizar trámites ante la administración.

Además, Ferrero también pide que las cámaras de comercio se impliquen más, porque «deberían volcar gran parte de sus recursos y esfuerzos al pequeño comercio, dada la situación en la que se encuentra».

Por su parte, el presidente de la Confederación Española de Comercio (CEC), Pedro Campo, coincide en que la crisis de este subsector viene de lejos y confía en que el nuevo Gobierno se implique para hacerle frente. Cree que la ministra Reyes Maroto está «involucrada y es consciente de la problemática del pequeño comercio; en el anterior mandato mantuvimos un diálogo constante con ella y creo que está dispuesta a escucharnos y a ayudarnos».

Modernización y regulación

Entre las medidas que Campo considera más necesarias figuran reformas normativas, volver a regular materias como los periodos y condiciones de las rebajas, para dar marcha atrás a la liberalización que se impulsó hace seis años. También reclama «que el sector del pequeño comercio sea considerado estratégico, para movilizar ayudas públicas suficientes que permitan acometer su reconversión y modernización». El presidente de la CEC se queja de que, al contrario de lo que ocurrió en el pasado con otros sectores en crisis, el del pequeño comercio lleva años enfrentándose en soledad a una dura reconversión.

Pedro Campo insiste igualmente en la necesidad de que este subsector se adentre de lleno en el negocio de internet, «que todo comercio tenga también una tienda virtual, a la que el empresario preste la misma atención que a la tienda física, que se mantenga actualizada y con el máximo atractivo».

Fuente: ABC