Las reformas urbanísticas, en marcha o pendientes de hacer, afectan más que nunca a la facturación y la supervivencia del pequeño comercio

 

El pequeño comercio, ese que precisa de la recomendación boca a oreja, del cliente fiel, del trato próximo y personalizado, está firmemente arraigado y distingue al tejido comercial de Barcelona. Pero la pérdida de capacidad adquisitiva de muchos ciudadanos, la imparable expansión del comercio online y los nuevos hábitos de consumo del siglo XXI lo han convertido en un ingrediente tan ‘nostrat’ como frágil en los barrios. Tanto, que una mala racha de facturación por unas obras inacabables en su entorno pueden crucificarlo. Pero incluso una ausencia de mejoras puede condenarlo. Diversos ejes relatan cómo están conviviendo con esas necesarias intervenciones en la vía pública, que en muchos casos se podrían planificar mejor por parte de las administraciones y de la mano con los afectados, mantienen sus portavoces. O cómo las espera.

Las quejas siempre han acompañado las reformas dilatadas, porque aunque el vecino sufre también las molestias, al comerciante le va el sueldo en la contienda. En los buenos tiempos de ventas, las obras se encajaban como mal menor necesario. Ahora, entre centros comerciales, o multinacionales colonizando el centro de la ciudad, las tiendas y restaurantes de proximidad viven tan al día que una valla delante es toda una amenaza. Salva Vendrell, presidente de la Fundació Barcelona Comerç, que integra ya a 24 ejes de barrio, enfatiza que los retrasos en las intervenciones o las malas planificaciones se han convertido en un elemento de riesgo para estas tiendas y servicios. Reivindica más atención a estos efectos y planes de dinamización potentes para paliar sus repercusiones.

Las movilizaciones continuadas en Meridiana están afectando a los negocios, dicen en Fabra i Puig

Los últimos en lanzar un SOS, no obstante, no se quejan de las excavadoras, sino de la maratoniana protesta política que suma más de 130 días en Meridiana con Fabra i Puig. Jordi Navarro, presidente de Fabra Centre, defiende ante todo «el derecho de manifestación» y el respeto a cualquier ideología, pero implora que la movilización que cada día corta ese tramo estratégico «sea itinerante». El corte empieza a las 20.00 horas, pero los desvíos y montaje policial mucho antes. ¿Resultado? Caída de facturación del 20 al 40% en las tiendas, según los casos, sobre todo en el eje Fabra Centre. Y del 30% en la restauración. Dicen que la dificultad de acceso a la zona disuade a muchos potenciales clientes. Consolidada ya como la zona cero de las protestas del ‘procés’, ejerce de cita reivindicativa con comidas populares y otras actividades, siempre en el mismo epicentro. Navarro pide que «se alternen» enclaves, y la entidad reclama a las administraciones que «se paren ya» allí.

La Via Laietana sufrió mucho en otoño por las movilizaciones independentistas que la convirtieron en trinchera. Pero su diagnóstico comercial es malo tras lustros que lleva esperando su ampliación de aceras. Llegado, por fin, el momento su presidente, David González, pide que los trabajos cuenten con «planificación consensuada» en distintas fases que evite males añadidos.

Pozos sin fondo…

Pero acaso las obras del AVE sean las que más cadáveres siguen dejado entre los locales comerciales de la ciudad. De las primeras en la Nova Esquerra del Eixample, a las más recientes por las tres salidas de emergencia pendientes: el pozo que ha partido Provença con Urgell, el de Nàpols (entre Provença i Mallorca) y el Independència con Mallorca.
En la Sagrada Família, al margen de las obras del tren de alta velocidad que suma muchos meses de bajada de afluencia en el entorno del pozo, hay que añadir las obras del alcantarillado en Lepant, de Rosselló a Mallorca. Son tres o cuatro meses de trabajos cuya logística perjudicó gravemente a los comercios de las confluencias, como la conocida pastelería Lepanto. «Pedimos al ayuntamiento que eliminase las casetas del personal en el periodo de Navidad sin obras y no se hizo, lo que supuso un grave perjuicio», relata Oriol Agulló, gerente de este eje. En la zona también apuntan al imponente el operativo policial junto a la Sagrada Família en Marina, entre València y Mallorca, que hace que los paseantes no pasen o pasen sin parar en ningún establecimiento del tramo, dice. O del carril bici de Mallorca (de Cartagena a Sardenya) que consideran innecesario en ese punto y que ha provocado las quejas de los restauradores, a falta de aparcamiento.

Las obras de alcantarillado en Lepant han provocado quejas de los comerciantes / FERRAN NADEU

Evitar el paso

En Urgell, el otro pozo tiene todavía meses por delante de vallas y trajín de camiones. Sergio Moral, presidente del Eix Nou Eixample, no entiende por qué tuvieron que pasar meses hasta que se mejoró la iluminación de los estrechos pasos que se creaban con las cercas, y la Guardia Urbana empezó a combatir la invasión de bicis  y patinetes en las aceras.  «La gente evita pasar» y  ha habido cierres. «Nos pasó ya con el pozo de Entença,  pese a la experiencia que tienen siempre han de pasar meses para que se tomen algunas medidas», como con los horarios de los camiones en Urgell. Ahora les inquieta la supermanzana de Germanetes, por sus repercusiones (como pérdida de aparcamiento para acceder a la zona) o los planes de pacificación que ellos defienden en Provença.

Negocios sitiados por las obras en la zona de Urgell con Provença, en obras por un pozos del AVE / FERRAN NADEU (FUENTE)

El pozo de Independència es el cuento de nunca acabar con  graves consecuencias para el eje del Clot, «hay cierres, caída de facturación y solo pueden aguantar establecimientos con una larga trayectoria», cuenta  Robert Cot. Un mal que comparte con el eje de Encants Nous, donde David Pou, relata tres años duros y uno por delante. Les hicieron caso con mejoras en las vallas y han tenido una relación fluida con el consistorio, pero los nuevos retrasos y los ajustes de tráfico en Glòries tienen gran impacto en sus cajas.

En la Vila de Gràcia, el cierre y traslado temporal del mercado de la Abaceria ha dejado su perímetro desamparado, con mucha menos afluencia y locales ya cerrados. Y con la perspectiva de años, porque las obras del nuevo recinto ni han comenzado.

33 locales cerrados en Creu Coberta

No solo las obras tienen efectos secundarios indeseados. De hecho, la ausencia de mejoras urbanísticas en algunos puntos es igualmente nociva para el comercio, advierten sus operadores. Las casuísticas son variadas y abarcan todo el territorio.

Doble desvelo tienen en la asociación Cor d’Horta, donde la división de los trabajos de la supermanzana en dos fases (la segunda  desde hace un año) les ha dejado sin compensaciones por obras de larga duración, aunque las bajadas de facturación van del 10 al 30%, según los establecimientos, y ahora afrontan posibles cambios de sentido en sus viales. «Tampoco ha habido ningún plan de dinamización», se queja Jordi Grau, al frente del colectivo. La nueva preocupación es por las obras del mercado de Horta y su traslado provisional en el 2021 con muchas incertidumbres y «desinformación». El entorno ya está sufriendo un éxodo de negocios a otras zonas, con calles que exhiben ya un 50% de persianas cerradas. Yafloran grandes cadenas de distribución que no se alinean en el eje de barrio y sus acciones, alerta.

Lejos, en Creu Coberta (Sants-Montjuïc), con la friolera de 33 tiendas cerradas, Lluis Llanas aplaude la apertura de la calle al comercio el próximo día 7, pero cree que la demora en reurbanizar la zona y abrir Diputació ha resultado letal. Ahora urgen dinamización, sugieren desarrollar actividad creativa y de diseño en el entramado de plaza de España a Sants Estació, crear miniplataformas de distribución de mercancía de venta online, así como acciones de promoción con el turismo y apoyo de Barcelona Activa.

En la zona alta, el eje Barnavasi sufre no las obras si no la congelación de las que se esperaban ya (previo consenso) durante el pasado mandato para ampliar las aceras (en algunos puntos pírricas) de Balmes de Joaquim Folguera a la plaza de Molina. Ahora no figuran en el calendario, se queja su presidente, Salvador Albuixech. Por contra, el consistorio tiene toda su atención puesta en la supermanzana de Bonanova, que en general defienden pero aún ofrece muchos aspectos por acabar de consensuar.

Fuente: El Periódico