Producto de calidad, de proximidad, atención al cliente, reparto a domicilio y abastecimiento asegurado. Los ultramarinos, mercados y las pequeñas tiendas reinventan sus escaparates en plena crisis.

«No podemos competir con las grandes superficies en precios, pero lo hacemos en calidad, servicio y cercanía al cliente». Así se manifestaba Merche Zabalza el viernes desde el puesto de frutas y verduras que atiende en el Mercado del Ensanche junto a sus empleadas, media docena, que pese a haber terminado el horario de mañana permanecían incluida una embarazada al pie del cañón, reponiendo los productos para la tarde y preparando los encargos del día siguiente para ser repartidos en domicilios de personas que no pueden salir de casa o evitan hacerlo para prevenir contagios.

El viernes realizaron más de 300 repartos y lo previsible es que la cifra se mantenga en los próximos días. Los envíos no solo incluyen los productos que vende en su puesto, sino cualquier otro que esté disponible en el mercado tras un detallado proceso que ella misma se encarga de ordenar según los pedidos. Posteriormente distribuye por el resto de puestos las necesidades del día, que más tarde serán agrupadas por cliente y domicilio.

El reparto está garantizado, aunque los horarios dependan de la disponibilidad de cada momento. «Nadie ha puesto pegas a que los envíos vayan con un poco de retraso. La gente está siendo muy comprensiva y además seguro que están en casa a la hora que podamos ir», señala. Zabalza, que regenta desde hace 30 años el puesto, pone este ejemplo como el elemento diferenciador entre el pequeño comercio y las grandes superficies, de la facilidad del comercio tradicional en acercarse a su clientela frente a la estrategia de los gigantes de la alimentación, basada solo en balances contables. «Ahora ellos han quitado el reparto a domicilio, precisamente cuando la gente más lo necesita. ¡Qué majos! Pues aquí nosotros seguimos llevando los alimentos a las casas de personas mayores o de cualquiera que no quiera salir de su casa», subraya.

Se emocionaba al recordar los mensajes de agradecimiento que ha ido recibiendo por el servicio que presta el Mercado del Ensanche y la implicación de todo el personal para poder atender las necesidades de sus clientes. «Hay muchos que son clientes de toda la vida, pero otros no. Me escribía una persona para darme las gracias por lo que estamos haciendo y me reconoció que no era clienta del mercado, pero que a partir de ahora lo sería. Las personas están dando lo mejor de sí mismas en esos momentos tan complicados y eso es algo que llena», subraya. Aunque ha notado un ligero aumento de las ventas, manifestó que la clientela se lleva lo que necesita. «Es la compra de la semana de fruta y verdura. Nadie se lleva 10 lechugas».

Entre los servicios atendidos a domicilio mencionó los casos de 5 personas que no podían salir de casa por presentar síntomas compatibles con el coronavirus y que precisaban de productos no disponibles en el mercado, como los de la limpieza (lejías y papel higiénico). «Pusimos una lista y fuimos a comprar al Eroski y luego se los llevamos a casa. No eran clientes del mercado, pero les atendimos igual», relata. Merche Zabalza dedica casi toda la jornada diaria a preparar los envíos a domicilio. Menciona con orgullo que sus productos proceden de las huertas de la Magdalena, con una tradición familiar de 170 años, y es de la opinión de que «no solo estamos para vender, también estamos para ayudar. Espero que todo esto sirva para que la gente se dé cuenta y valore la importancia de contar con el comercio de siempre. Nosotros nunca fallamos».

ENCARGOS A DOMICILIO

En parecida situación se encuentra María José Corretgé, responsable de los establecimientos de Carrefour ubicados en las calles Mayor y Eslava, desde finales de la semana pasada, cuando se anunció el cierre de los centros escolares y empezó a plantearse la posibilidad del confinamiento domiciliario de la población. También prepara encargos a domicilio para la clientela, sobre todo para personas mayores del Casco Viejo, y comparte la opinión sobre una de las consecuencias que está generando la crisis sanitaria y el valor que está adquiriendo el comercio de barrio: «Yo creo que la gente lo esta viendo, que es importante tener cerca de casa establecimientos de confianza. El comercio tradicional es fundamental para los barrios y nosotros estamos dando el callo».

En los dos establecimientos trabajan 20 personas (11 en el local de la calle Mayor y 9 en el de Eslava), que estos días no dan a basto para reponer el material que va llegando. Su cercanía y conocimiento de la clientela le permite conocer los nombres de muchos de ellos, como Pedro y Fina, y sus gustos, no vayan a enviarles algo que no sea de su agrado. María José Corretgé destacó la normalidad con la que la gente está afrontando la crisis sanitaria y el comportamiento de su clientela. «Ha habido situaciones en las que han tenido que esperar porque llegaba el palé con lo suministros y nadie se quejó. Estos días ha pasado gente por aquí que no conocía, que posiblemente compraba antes en otros sitios pero que ahora viene a lo que tiene más cerca.

Es posible que algunos sigan comprando también aquí una vez haya pasado todo esto. Creo que todo esto podrá dejar algo bueno para el comercio tradicional, que lleva mucho tiempo pasándolo muy mal». Parecida situación se vive estos días en los pequeños establecimientos de alimentación de los barrios de Pamplona y de las localidades de la Comarca, como Sarriguren, donde se encuentran abiertas en estos momentos 2 pescaderías, 4 carnicerías, 2 tiendas de frutas y verduras, 5 panaderías y 3 supermercados. Son fácilmente reconocibles por las filas de clientes que esperan en la calle el turno de acceso, dadas las limitaciones que se han establecido, y por las mascarillas y guantes que llevan las personas que atienden al público.

Luis Sotelo regenta el establecimiento de frutas y verduras Azahar, en la calle Nacedero del Urederra de Sarriguren, que desde la semana pasada ha visto cómo han subido los clientes y las ventas. «La gente se ha podido llevar algo más de lo habitual y además tenemos frutas de temporada, como manzanas y mandarinas, que aguantan bastante tiempo, pero no ha habido problemas de abastecimiento». Considera que la actual situación ha llevado a mucha gente a comprar cerca de casa, lo que sin duda está beneficiando al pequeño comercio. «Nuestra ventaja es que estamos muy cerca de la gente», asevera.

UN GOTEO PERMANENTE

En el caso de Manu Núñez, que regenta una pescadería cerca del anterior, sitúa el incremento de sus ventas entorno al 40%. El día de mayor movimiento fue el viernes pasado, pero el goteo de clientela han sido permanente, tanto de día como de tarde. «Para los negocios pequeños nos permite darnos a conocer a personas que no consumen aquí habitualmente. El abastecimiento esta garantizado, tenemos de todo, pero en Sarriguren se consume sobre todo gallo, merluza y lubina. Hay mucho niño y se nota», remarca. María, Marian y Sheyla trabajan en uno de los dos establecimientos de Taberna que hay en Sarriguren.

Aunque han tenido que cerrar la parte del local donde se ofrecía comida y bebida, han visto cómo las ventas de pan y bollería han subido un tercio. «El Día del Padre agotamos la bollería. La gente quiere darse un capricho en el desayuno o en la merienda y se llevan productos de bollería. Hemos visto gente nueva comprando el pan, supongo que antes lo comprarían en otros sitio y ahora no pueden». Ana Iriarte regenta el establecimiento Congelados Sarriguren, donde apenas han notado un incremento de las ventas. «Sí ha venido más gente, aunque creo que lo importante es que el vecindario tenga cerca de su casa tiendas diversas para poder comprar».

Fuente: noticiasdenavarra.com