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La pyme se queda sin oxígeno e implora a la banca: «Nos jugamos el futuro en los próximos 15 días»

Más allá de los últimos desplomes bursátiles y la oleada de ERTE mediáticos anunciados esta semana por grandes empresas, la crisis del coronavirus ha tensado al máximo y amenaza con desgarrar el auténtico tejido productivo del país: las pymes.

Pequeñas empresas relatan a EL MUNDO su calvario tras el brusco cierre de sus negocios y la incertidumbre sobre su viabilidad.

 

La situación es inaudita para estas pequeñas compañías. De un día para otro los ingresos se han volatilizado mientras sus dueños tienen que seguir haciendo frente a diferentes gastos y ven cómo mengua su liquidez. Tras resistir una primera semana de infarto, los distintos casos consultados coinciden en que su futuro se juega en los próximos 15 días.

Y en ese devenir va a jugar un papel fundamental la banca. El Gobierno aprobó el pasado martes un programa de avales públicos de hasta 100.000 millones de euros para que las entidades de crédito insuflen más oxígeno a estas empresas con líneas de tesorería que permitan sobrellevar de manera artificial la paralización de la actividad. Las bancos han respondido afirmativamente a esta solicitud e incluso han aflorado créditos adicionales a su cargo por un valor de 60.000 millones de euros y otras medidas de aplazamiento de cuotas que van incluso más allá de las aprobadas por el Ejecutivo.

Sin embargo, las organizaciones empresariales que representan a 2,89 millones de pymes y autónomos advierten de que el real decreto ley de medidas económicas no clarifica el proceso para la obtención de la financiación y desconfían de que el sector financiero abra tanto la mano en un escenario de incertidumbre que apunta a una recesión económica. «Si el aval público no es del 100% para las pymes y se agilizan los procesos, los créditos no van a llegar. Nadie está pensando hoy en nuevas inversiones, sino en mantener viva la llama de su negocio», explica Gerardo Cuesta, presidente de Cepyme. La urgencia del problema es mayúscula ya que, según datos del Banco de España, las sociedades empresariales españolas tienen en sus balances una bomba de 92.000 millones de euros en préstamos con vencimientos inferiores a un año.

«Esto es una cadena de contagios. Mis franquiciados no me van a poder pagar los suministros que les he enviado, y veremos cada vez más devoluciones de facturas a proveedores. Con el negocio cerrado y sin liquidez, la situación es crítica», explica Iván Ledesma, consejero delegado de la franquicia de estética Be Beauty. Esta cadena compuesta en su mayoría por autónomos societarios ha puesto en marcha despidos temporales para una plantilla de 200 personas, mientras los franquiciados llevan días intentando que alguien en el ICO o en las sucursales bancarias les explique cómo acceder a las ayudas: «Los bancos no dan abasto por la actual situación de teletrabajo mientras seguirán llegando las facturas de luz, alquiler, e incluso impuestos. Si no hay un aplazamiento del IVA, muchas empresas morirán».

Cepyme y la catalana Cecot piden al Ministerio de Economía que dirige Nadia Calviño más claridad y agilidad en las medidas para frenar la destrucción societaria. Entre las reclamaciones, ambas organizaciones piden que el Estado eleve hasta el 100% los avales públicos en los créditos dirigidos a empresas más vulnerables o que incluso sea la propia Administración quien otorgue liquidez devolviendo las últimas transferencias por pago de impuestos. La primera de las peticiones está en línea con las formuladas por los propios bancos, que argumentan que hay sectores, como por ejemplo el turismo, que están expuestos a una incertidumbre enorme y altas probabilidades de quiebra.

«Vemos una voluntad colaborativa por parte de la banca, aunque en muchos casos ésta no podrá conceder el crédito si no hay una relajación de los criterios de supervisión financiera en las dotaciones que deben otorgar a determinados créditos», explica David Garrofé, secretario general de la patronal catalana Cecot. El BCE prometió el viernes por la tarde que concederá esa «flexibilidad» en la supervisión. Este ejecutivo avisa de que la liquidez preocupa mucho a los empresarios, pero al margen de eso resalta el fuerte deterioro que va a sufrir el balance de las empresas por la caída de negocio.

La buena noticia es que la mayoría de las pymes llega saneada a la crisis del coronavirus. Según el barómetro anual que elabora Cesgar, una de cada tres de estas empresas -es decir, 1,3 millones- requirió financiación durante el último año, mientras que el resto -en su mayoría autónomos sin empleados- han subsistido con recursos propios generados por su actividad. En el caso de aquellas que sí necesitaron fondos, un 37% solicitó un crédito comercial (aplazamiento de pago a proveedores), un 28% una línea de crédito y un 20% un préstamo, entre otras opciones como el factoring o el confirming. Su ratio de endeudamiento osciló el 30% de sus activos, según la central de Balances del Banco de España.

La madrileña Escuela Internacional de Yoga es una de esas compañías que hasta ahora presumía de financiar su actividad con sus propios ingresos, pero la crisis del coronavirus ha puesto todo patas arriba. Su gerente, Nadir Criado, ha tenido que poner en marcha un ERTE para la mayor parte de la plantilla y buscado fórmulas alternativas de ingresos como las clases online. El horizonte es preocupante para la sociedad y la cadena de 40 autónomos con los que trabaja entre proveedores, profesores y otros servicios: «Los ahorros nos permitirán seguir vivos un mes pero tenemos gastos fijos, como el alquiler, que superan los 10.000 euros mensuales. A partir de ahí entraríamos en pérdidas», explica.

Muchas pymes aprovechan la propia financiación comercial para reducir sus costes. Es decir, cobran a 25 días y pagan a 33. Esos ocho días de margen han sido claves para sobrevivir esta semana, pero llegan a su fin. «Nosotros esta próxima semana tendremos que ejecutar un ERTE para una plantilla de 20 personas. Estamos muy preocupados por la tesorería, el destrozo de esta semana ha sido enorme», explica Antonio Magraner, dueño de un pequeño negocio empresarial que cuenta con licencias de televisión y una planta de tratamiento de aceite usado de restaurantes en Alicante. Ambos negocios han caído en picado con la crisis, en un caso por la pérdida del 90% de publicidad y en otro porque todos los restaurantes y hoteles que le suministran el aceite están cerrados. «Lo que ha aprobado el Gobierno tiene letra pequeña, los bancos o el ICO van a exigir que el grupo siga facturando para conceder esa financiación. Si no vendes, nadie te va a dar nada», avisa.

Coincide plenamente con este diagnóstico Eva Tarancón, logopeda y dueña de la clínica Bla Clinic en Granada. Su negocio iba muy bien hasta que el estado de alarma le obligó a bajar las persianas. «Hemos pasado de 100 a cero en un día. Tendremos que empezar de nuevo», relata. Eso aquellas que sobrevivan, y esto dependerá de que se mantenga su nivel de liquidez. «Las empresas necesitamos financiación para costear los gastos fijos. Aplazar una deuda un mes o dos no es la solución, porque el problema se acumula», insiste. ¿Le tranquiliza el plan de avales anunciado por el Gobierno? «Por ahora hay mucho desconocimiento, los bancos están colapsados».

Por su parte, las entidades trabajan estos días a destajo para gestionar el teletrabajo de su plantilla y dar respuesta a los millones de clientes que llaman a su ventanilla física o digital. Sabadell por ejemplo ha desplegado un equipo de 3.400 agentes dirigidos solo a monitorizar y tranquilizar a sus clientes. Precisamente Joan Carles Martín, dueño de una empresa de montaje de congresos en Cataluña, recibió hace unos días la oferta de una póliza de crédito por parte de esta entidad. En su caso la situación es más grave ya que el parón de actividad comenzó tras la suspensión del Mobile World Congress el pasado mes de febrero. «El papel de los bancos va a ser fundamental. En nuestro caso, estamos notando incluso el retraso en el pago de facturas de las administraciones públicas con las que trabajamos. Estamos al límite y ninguna empresa está preparada hoy para afrontar una crisis como la de 2008», concluye.

Fuente: El Mundo 

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