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El pequeño comercio se reinventa para sobrevivir al coronavirus

El cierre por el estado de alarma ha obligado a pequeñas tiendas a vender on line, por teléfono y hacer repartos  a domicilio tras un mes sin ingresos

Reinventarse o morir. Es lo que está haciendo la mayoría de pequeños y medianos comercios desde que se decretó el estado de alarma y, por tanto, la mayoría tuvo que cerrar sus puertas. Tomás González, presidente de la asociación de comerciantes de Sevilla, Aprocom confirma que, si el sector ya estaba en situación crítica, la crisis sanitaria puede abocar al cierre a muchos de ellos. Pese a que llevan tiempo trabajando en la digitalización, esa transformación no es algo que se haga «de la noche a la mañana» y a algunos el cierre les ha cogido con el paso cambiado ya que aún estaban comenzando a poner en marcha su web o la venta on line. «No es lo mismo hacer esa transformación para una grande que para una de tres o cuatro empleados», explica.

González asegura que la venta on line, a la que ya están recurriendo algunos, no es todo y no tan fácil ya que hace falta tener personal dedicado a ella. «Lo que está ocurriendo está acelerando el proceso de digitalización, sobre todo entre aquellos que ya habían comenzado y que ahora están siguiendo», dice. Durante la primera fase de confinamiento la venta on line también bajó en general un 25 por ciento con respecto al mismo período del mes anterior porque la mayoría estaba «asustada» y más pendiente de lo sanitario que de otra cosa.

Pero ahora la cosa ha comenzado a remontar. Y el comercio sobrevive como puede, unos on line y otros por whatsapp o vía telefónica. Encargan los pedidos y los envían a casa. Algunos incluso sorteando la legalidad ya que no todos están autorizados para ello. Pero casi todos buscándose la vida.

Flores

Flores Melero es una de las floristerías que se ha puesto las pilas y está vendiendo flores, según cuenta su propietaria Mamen Melero. Aunque las dos primeras semanas de confinamiento estuvo «en shock» y ni publicó nada en redes sociales ni llevó a cabo ninguna actividad comercial, fue a partir de la tercera semana cuando decidió hacer algo. «Los clientes empezaron a llamar porque la vida sigue y había muchos cumpleaños y aniversarios que querían celebrar», explica la florista. Lo que hizo fue contactar con los proveedores y comenzar a organizarse. «Se han tirado miles de flores», dice apenada por un sector que puede arruinarse si sigue así mucho tiempo.

Por eso, Mamen Melero decidió aportar «su granito de arena» a la vuelta atrás: hacer un pedido de flores y organizarse en casa. Allí, en su vivienda, entre el salón, la  cocina y hasta los dormitorios, tienen las flores repartidas y preparadas para los encargos que está recibiendo. «Todos los días tengo pedidos, porque la gente tiene necesidad de algo de alegría o de trasmitir un te quiero con flores», explica. Entre los pedidos recientes, recuerda que hace unos días envió un ramo de flores a unos abuelos que hacían 60 años de casados. «Me mandaron las fotos con las flores y se me saltaron las lágrimas», dice. Por eso, igual que los que venden tortillas de patatas, los de los caracoles o «infinidad de comerciantes»  ella ha decidido seguir adelante. Aunque tenga hasta el dormitorio de sus hijos lleno de flores.

Óptica

Otro de los negocios que está sobreviviendo en tiempos de coronavirus son las ópticas. Aunque parte de su actividad se considera esencial durante el estado de alarma, la mayoría de ellas permanecen cerradas con teléfonos de contacto o con algún local manteniéndose para los pedidos básicos. En el caso de Uniopsa, una grupo de ópticas sevillanas que según su gerente, Eugenio Muela, ha tenido que readaptarse. Mientras que la que tienen en la calle Asunción permanece cerrada, siguen abiertas otras en el Polígono Calonge y en Castilleja de la Cuesta. donde trabajan cada mañana para atender los pedidos que les llegan.

«Los clientes nos llaman por teléfono y atendemos las urgencias. No dejan de llamar, es un chorreito», explica el responsable. Sobre todo, lo que atienden son urgencias para personas con lentillas ya que no pueden hacer el servicio de graduación por mantener las distancias de seguridad.  Para los que necesitan las lentillas tienen incluso un servicio de envío a domicilio.

En cualquier caso, el estado de alarma también les ha afectado al negocio. Tuvieron que hacer un ERTE que afectó a varios miembros del personal aunque no en todas las tiendas. Ahora siguen adelante y mantienen su presencia en las redes sociales. Siguen en activo, pero el negocio también ha caído. «El negocio es mínimo porque sólo está para una emergencia», aclara. No pueden vender otros productos como gafas de sol. De momento.

Una papelería atendiendo con mascarilla y mampara
Una papelería atendiendo con mascarilla y mampara – Rocío Ruz

Papelería

La venta de folios, bolígrafos, material escolar o tinta para impresoras está en el grupo de los  productos que se consideran esenciales durante el estado de alarma. Por eso hay algunas papelerías que mantienen sus puertas abiertas aunque hayan reducido el horario durante estos días. Es el caso de Tartessos, una papelería en el barrio de Nervión que lleva años vendiendo a los niños del barrio. Sobre todo en una zona en la que hay varios colegios en el entorno.

Según comenta uno de los propietarios, Manuel López, que abre sus puertas cada mañana, se está vendiendo, sobre todo mucho material para los deberes que los niños tienen que hacer en casa. Cartulinas, plastilinas además de lo habitual para los más pequeños. Y a ello se une que en los últimos días han llegado muchos a pedirles farolillos. Como no los vendían, muchos se han llevado papel pinocho para fabricarlos. No es la única papelería. Hay otras que, además de vender tinta e incluso enviarla a casa para los que lo necesiten previo pedido telefónico o por web, han hecho durante estos días hasta pañoletas de cartón para el «pescaíto» que están organizando muchas familias en casa.

Mercería

Tener una mercería como medio de subsistencia se complica cuando cierran las puertas por un periodo prolongado. Por eso Elena, que mantiene el anonimato de su tienda, se decidió a actuar tras un mes con ingresos cero. «Sólo tenía para comprar comida y los acreedores no paraban de llamarme».

¿Qué hizo? Envió por un chat de grupo un mensaje avisando de que tenía ropa de bebé, lencería, hilos y todo tipo de productos de mercería. Fue un mensaje que corrió por los grupos de whastapp rápidamente y empezaron a llegarle pedidos. «Estoy recibiendo 500 mensajes al día». Muchos son sólo de apoyo pero al día le están llegando entre quince y veinte pedidos. «Solo sirvo a los que están cerca de mi casa  o  en el camino a casa de mi madre porque, en teoría no puedo hacerlo», explica. Como ella hay más de una tienda de ropa de barrio que está haciendo lo mismo. La que no tiene web cuelga fotos en las redes y atiende por teléfono.

Ferreterías

También hay un buen grupo de ferreterías y tiendas de bricolage y pinturas  que no paran de vender. Porque, como cuentan en Don Pintura, son muchos los que están aprovechando que están en casa para hacer pequeños arreglos. Por eso la pintura y otros productos de bricolage  se están vendiendo mucho. Algunas ferreterías, como Echevarría, se ha renovado por completo y tienen página web para la venta on line. Otras cogen pedidos por teléfono y los envían a domicilio siempre que se hagan una compra mínima. «A muchos nos ha servido para ponernos las pilas», dice el dueño de uno de estos comercios que se busca la vida para sobrevivir al virus del cierre de la actividad.

 

AGECU