Compras a ciegas, encargos por adelantado y bonos regalo son los aliados de los libreros valencianos, que apelan a la fidelidad del cliente para poder superar el cierre durante el estado de alarma

¿Las librerías valencianas saldrán indemnes de la crisis? ¿Quién las salvará? Que estén cerradas no significa que estén inactivas. Los responsables de estos establecimientos temen por el futuro y apelan a sus clientes para mantenerse vivos. Sin ellos, las librerías no existen por eso recurren a los lectores más fieles incluso con la persiana bajada.

La librería Gaia, en el barrio de Benimaclet, propone a su clientela hacer compras a ciegas, dejando la elección de los títulos al criterio del propio local. Cuando el estado de alarma se haya levantado, el consumidor podrá pasar a recoger los libros, o bien, recibirlos en su casa por correo. Esta es la apuesta de la librera Lola Samper, que apela a la complicidad del cliente con el librero; sólo así se entiende la confianza hacia el prescriptor.

La opción de Almudena Amador pasa por los encargos por adelantado. «Fue una iniciativa espontánea de algunos de los clientes para apoyarnos. Nos han hecho listas, pedidos de libros sueltos y otros sin títulos concretos, para que los escojamos nosotros», explica la responsable de la librería Ramon Llull, quien está ultimando la nueva página de internet. «En la web tenemos tarjetas de regalo (que ya teníamos en la tienda física) de distintos importes. Hay clientes y amigos que ya nos han preguntado por esta opción. En este caso también sería un importe a cuenta para gastar cuando reabramos», añade la propietaria del local de la calle Corona.

Librería Railowsky, en el barrio del Ensanche, busca pequeños mecenas. Han lanzado la idea del ‘bono-libro Railowsky’ que da la posibilidad al ciudadano de hacer una aportación de 25 a 100 euros para invertir en libros cuando pase el estado de alarma. El librero Juan Pedro Font de Mora ve en esta opción una forma de «ayudar a mantener el proyecto cultural de Railowsky», explica en su perfil de Facebook.

Son numerosas las librerías que en todo el país, como los casos valencianos mencionados, lanzan un mensaje de auxilio. Ya ven. Salvar una librería está al alcance de cualquiera. Es cuestión de voluntad, de creer en la cultura y demostrarlo.

Fuente: Las Provincias