Los responsables de lo que será el primer espacio cultural que se normalice anteponen el cuidado sanitario y la continuidad de las medidas de apoyo a una reapertura precipitada.

Todavía, no. Las librerías españolas no quieren ser la excepción, como en Italia desde esta semana, al confinamiento. Cuando desde aquel país llegó la noticia de que podían abrir sus puertas al considerar el Gobierno el libro como un producto de primera necesidad, el sector se planteó si demandar algo en esa línea a las autoridades en España. Y la respuesta ha sido contundente: no. Con toda probabilidad las librerías serán los primeros espacios culturales que abran. Antes que museos, cines o teatros. Pero aún resulta pronto y no se dan las garantías sanitarias, jurídicas ni económicas, sostienen los gremios, para que funcione. Y no recuerdan tanta unanimidad en una toma de decisión. El Ayuntamiento de Madrid sondeó al sector el lunes sobre la posibilidad de adelantar la apertura antes del fin del estado de alarma. Los libreros lo debatieron en asamblea el martes y, sin fisuras, a nivel local y nacional, respondieron que no. Pablo Bonet, secretario del gremio de Madrid y miembro de la junta directiva de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones del Libro (Cegal), lo explica: “Debemos atender la seguridad de nuestros empleados y clientes. Antes de que exista un protocolo sanitario no vemos necesidad”. Quieren unas garantías jurídicas y económicas. “¿Por qué abrir si la gente no puede salir de casa? Sería un suicidio. Y muchos se han acogido a los ERTE. ¿Perderíamos esas ventajas?”.

Cuando se abran las puertas, nada volverá a ser igual. Precisamente ese temor propicia que durante el confinamiento se preparen a conciencia para el regreso. Paz Gil, librera de Santander y portavoz de un negocio familiar con tres tiendas y 20 empleados, lo sabe: “Lo que llamamos el espíritu de la librería se perderá hasta que todo vuelva a la normalidad anterior. No podrán ser lugares de encuentro, donde la gente deambule y se quede a leer o acuda a una presentación. Probablemente debamos abrir en diferentes horarios para que se puedan recoger títulos concretos, obligar a usar guantes y mascarillas, reformar espacios, pero tenemos ilusión por la reapertura, aunque sólo sea por la cantidad de gente que nos ha escrito apoyándonos”. Lo mismo siente Paco Goyanes, de Cálamo, en Zaragoza. “Las librerías son espacios diferentes. Poseen un sentido simbólico y no me parece mal que abramos cuanto antes, pero debemos hacerlo con las condiciones seguras”, afirma.