Opinión. Roger Pla.

Hasta hace apenas unos días, la mayoría de agentes del sector coincidían en mencionar el e-commerce como el principal factor disruptivo que estaba transformando el sector del retail, tomando como referencia la experiencia obtenida en aquellos mercados más maduros.

Les propongo un juego, aprovechando que disponemos de un tiempo libre extra que no esperábamos. Situémonos en el año 2045, concretamente el día 14 de marzo. Y hagamos como siempre que se cumplen cifras redondas: balance de los veinticinco años DC (Después del Covid19). Salimos a la calle y damos un paseo por alguna de las principales vías de nuestras ciudades. ¿Vamos a encontrar un tejido comercial equiparable al que existe en la actualidad? Permítanme aventurar una respuesta negativa.

Hasta hace apenas unos días, la mayoría de agentes del sector coincidían en mencionar el e-commerce como el principal factor disruptivo que estaba transformando el sector del retail, tomando como referencia la experiencia obtenida en aquellos mercados más maduros -como es el caso del estadounidense- en los que el comercio electrónico ya ha alcanzado ratios de penetración muy remarcables, y que siguen con un claro incremento exponencial.

Pero ninguno de nosotros contaba con la irrupción de un nuevo factor que apenas se había valorado como relevante en el sector del retail, un elemento de dimensión global pero abstracto y de difícil medición: el miedo a la interrelación. O si quieren, de forma más edulcorada, la aprensión hacia el espacio público.

La persistente apelación que estos días se está realizando desde los medios de comunicación a respetar la distancia física como medida de protección (hemos pasado del espacio «personal» para la preservación de nuestra intimidad, al espacio de «seguridad» para la protección de nuestra salud) tendrá necesariamente su correlación en la dimensión pública y colectiva de nuestras actividades, y la forma de acceder a la compra no resultará ajeno a ello.

Seguro que los psicólogos sociales estarán atentos a estos cambios y nos proporcionarán una respuesta certera del porqué y hacia dónde nos conducirán estas nuevas conductas colectivas. En el caso del retail, no resulta aventurado vaticinar un vuelco en los hábitos de acceso a la compra, de modo que desde una perspectiva estrictamente jurídica ello impactará en los modelos contractuales de alquiler que hasta ahora han venido siendo utilizados, caracterizados por una alta carga de estandarización en su clausulado y por unas inercias que pierden sentido.

¿Cuáles van a ser los cambios más relevantes? Personalmente sugiero que la piedra angular de los nuevos contratos de arrendamiento en el sector del retail estará representada por un concepto nuclear: la flexibilización.

De un tiempo a esta parte se han popularizado en el sector inmobiliario conceptos que tienen su origen -y en algunos casos su justificación- en el marco de la economía colaborativa. Especialmente el coworking y, más recientemente, el coliving, desde sus distintas manifestaciones y modalidades de implementación, aparecen como propuestas que, en esencia, se basan en la necesidad de flexibilizar espacios para responder adecuadamente a las necesidades contingentes de sus usuarios pero además, en última instancia, diluir costes en interés común.

Pero el tren de la flexibilización en el mercado del retail se dirige hacia una nueva estación que, en cierta medida, el Covid-19 va a acelerar que alcance su destino: la flexibilización del tiempo.

Algunas preguntas que querría compartir con ustedes: ¿Tendrán sentido contratos de arrendamiento de largo plazo?; ¿serán sostenibles cláusulas reguladoras de plazos de obligado cumplimiento con penalizaciones graníticas para el caso de infracción?; ¿la fuerza mayor abandonará su excepcionalidad?; o, yendo más allá, si se limitan los accesos y el aforo en tiendas, centros comerciales o supermercados (por no hablar de recintos deportivos, teatros, cines o salas de conciertos) con el fin de evitar grandes aglomeraciones simultáneas, ¿tendrá sentido mantener una renta fija o deberemos derivar definitivamente hacia fórmulas de cálculo de rentas variables que atiendan a los ingresos realmente percibidos por el arrendatario?

En breve tendremos respuesta a estas preguntas, aunque no hace falta gozar de una especial intuición para presumir que los nuevos modelos contractuales serán fruto de una buena dosis de inteligencia colectiva y de recíproca generosidad, ingredientes indispensables para responder certeramente a las incertidumbres que nos depara el futuro. Y es en este marco en el que los distintos operadores tenemos que trabajar adecuadamente para responder certeramente a un reto colosal, el reto que nació en marzo de 2020, cuando desapareció el retail tradicional.

Fuente: Expansión