La pandemia ha impulsado un retorno a los pequeños establecimientos. Fruterías, farmacias y tiendas de alimentación, entre otras, son clave para cubrir las necesidades de su comunidad.

Cuando se enteró de que no podría salir de casa en varias semanas, quizá lo primero que pensó usted fue en el supermercado más cercano. O tal vez la mejor solución no era una gran superficie, sino un pequeño comercio. Desde marzo, las pequeñas tiendas y establecimientos que venden productos de primera necesidad han dado un paso al frente para ofrecer soluciones a millones de españoles confinados en sus hogares.

Entre otros factores, «la seguridad, la cercanía y la calidad del servicio que ofrece el comercio de proximidad han hecho que los ciudadanos vuelvan a experimentar los beneficios de la tienda de su barrio, esa que siempre estuvo ahí para servirles», apunta Manuel Amat, experto en comercio de proximidad y fundador de La Tiendología.

En la misma línea, «la limitación de movimientos y la necesidad de evitar largas colas ha provocado que gente que habitualmente compraba en grandes superficies se decante, e incluso descubra, el comercio de proximidad de su entorno», afirma Pedro Campo, presidente de la Confederación Española de Comercio (CEC). Más allá del producto y en comparación con los grandes distribuidores, Campo añade que estas microempresas aportan un plus de «experiencia, un asesoramiento más cercano y una atención más personalizada».

Asimismo, los pequeños comercios contribuyen a la vida de los barrios y repercuten en beneficio de la comunidad. Pese a que las tendencias de consumo benefician a las grandes superficies, Amat remarca que cada vez más ciudadanos toman conciencia del poder de sus decisiones de compra y del impacto que tienen en el entorno.

En términos generales, Pedro Campo reconoce que «la digitalización es aún una asignatura pendiente para el comercio de proximidad». Este déficit ha obligado a estos establecimientos a buscar alternativas para vender a distancia. Y lo han hecho tirando de imaginación, «a través de WhatsApp e incorporándose a aplicaciones y marketplaces que se están poniendo en marcha para apoyar al pequeño comercio», explica el presidente de la CEC.

A falta del soporte digital y la infraestructura necesaria para vender por Internet, WhatsApp es uno de los canales que más utilizan estos negocios para conectar con sus clientes. La cercanía y la relación estrecha han propiciado que, en una situación de necesidad como la provocada por el coronavirus, muchos de estos comercios lleven la compra a casa de aquellos clientes que lo necesitan, en especial quienes son parte de un grupo de riesgo o se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

Estos pequeños negocios luchan por adaptarse a las circunstancias, al mismo tiempo que mantienen su esencia y su ADN tradicional. «Es el momento idóneo para que los comercios que continúan abiertos fidelicen a nuevos consumidores», afirma Campo.

Establecimientos cerrados

La situación es mucho más complicada para los comercios que no trabajan con productos de primera necesidad, hasta el punto de que la mayoría se encuentran cerrados desde hace casi dos meses. La Confederación Española de Comercio estima que, si no reciben ayudas directas y no se estimula la demanda, entre el 20% y el 30% de los pequeños negocios tendrán que cerrar antes del verano.

La clave para superar esta crisis, según Manuel Amat, está en la digitalización: «Muchos se están reinventando, incorporan herramientas digitales y abren nuevos canales de venta tanto online como offline».

Bonos para los pequeños negocios

Obligados a detener su actividad y echar el cierre hace casi dos meses, la mayoría de los pequeños comercios padecen una incertidumbre total que amenaza su viabilidad. Por ello, desde diferentes ámbitos como la administración, asociaciones de comercio y organizaciones sin ánimo de lucro se han puesto en marcha diversas iniciativas que pretenden apoyar las compras de proximidad cuando la desescalada permita la reapertura de los comercios. Una de ellas es ‘Volveremos si tú vuelves’, un proyecto impulsado desde el Ayuntamiento de Madrid para mantener viva la relación entre estos establecimientos y los clientes. A través de esta plataforma, los negocios que deseen sumarse pueden ofrecer bonos de promoción y descuento que se harán efectivos cuando puedan abrir de nuevo. La propuesta, que toca sectores como la moda, la hostelería, los gimnasios o las experiencias de ocio, da visibilidad a los pequeños negocios y contribuye a dinamizar la recuperación para incentivar el retorno a estos establecimientos. Otros ayuntamientos como Zaragoza, Valladolid y Teruel ya se han sumado a esta iniciativa y la han adaptado.

FORTALEZAS

  • Cercanía. La proximidad al hogar es un valor añadido que los consumidores aprecian hoy más que nunca, y no sólo es un plus en términos de comodidad. Comprometidos con la salud de sus clientes, muchos comercios han decidido entregar a domicilio las compras de forma desinteresada.
  • Confianza. Los comercios de proximidad ofrecen experiencia, una relación basada en la confianza y una atención personalizada, a menudo con altas dosis de especialización.
  • Entorno. Desde la perspectiva del cliente, comprar en un negocio de barrio es una forma de apoyar el comercio y la producción local, actividades que padecen la crisis con intensidad.
  • Sostenibilidad. Consumir productos de proximidad en comercios cercanos es una opción más sostenible. El impacto del coronavirus sobre las cadenas de suministro globales pone de relieve la importancia de contar con producto local potente.

Fuente: Expansión