“Las librerías son el último eslabón de un engranaje que empieza por el creador y termina por el lector; pasando por la edición, la ilustración, la impresión, la distribución, la difusión … Que no sigan el triste camino de los videoclubs y de las tiendas de vinilos; que no cierren más librerías”.

Así se expresa la lectora Eva Romero Sanfeliu en su escrito Librerías abiertas, que ha dado pie a El Debate de los Lectores de La Vanguardia sobre el futuro que le espera a la librerías, sobre todo, a raíz de la crisis de la Covid-19.

Colocando los libros, con la mascarilla reglamentaria.
Colocando los libros, con la mascarilla reglamentaria. (Emilia Gutiérrez)

El presidente de la Federación Andaluza de Libreros (FAL), Juan García Villadeamigo, ha afirmado que la crisis del coronavirus “está matando las librerías”, que, tras el confinamiento, han tenido que tomar medidas especiales, como una distancia de dos metros y con el aforo limitado.

De hecho, “según un estudio en más de mil librerías en toda España, en los casi tres meses de confinamiento no se llegó al 25% de las ventas del mismo periodo del año anterior”.

Los editores explican que han tenido un impacto bastante superior al inicialmente contemplado en esta crisis, aunque apuntan a la tendencia de que se ha evidenciado tanto una caída de ventas en tiendas físicas, como una subida notabilísima del comercio electrónico.

Las paradas en la calle por Sant Jordi han sido anuladas por la pandemia.

Las paradas en la calle por Sant Jordi han sido anuladas por la pandemia. (Marc Arias)

En Catalunya, donde se suspendió la Diada de Sant Jordi del 23 de abril y se trasladó al 23 de julio —ahora, con la incógnita de los rebrotes—, se puso en marcha la iniciativa de Llibreries Obertes para vender libros durante la crisis del coronavirus.

Pese a medidas como esta, el futuro de las librerías y lo cierto que, en conjunto, el futuro del sector de la cultura en España, está en el aire.

Un repartidor a domicilio de la plataforma Libelista entrega un libro en una casa del barrio de Sant Andreu de Barcelona.

Un repartidor a domicilio de la plataforma Libelista entrega un libro en una casa del barrio de Sant Andreu de Barcelona. (Llibert Teixidó)

“No es deseable que las librerías se conviertan en cementerios (léase Ruiz Zafón!)”, recuerda la lectora Eva Romero.

Fuente: La Vanguardia