Ante la crisis producida por el coronavirus, Primi Maier y Carlota Heredia han creado una web en la que recogen todos los pequeños establecimientos de la capital para darles visibilidad y devolver a los barrios el contacto humano

Entrar en Santa Eulalia Boulangerie-Patisserie no es entrar en cualquier pastelería. El local, sito cerca de una de las plazas con más solera de Madrid, la plaza de Isabel II, esconde parte de la muralla cristiana que un día, allá por el siglo XII, rodeó la ciudad. En este edificio, aunque sea a través de la mascarilla, se respira esa historia y se huele el olor de los pasteles y del pan de tradición francesa que allí hornean.

Éste es un pequeño comercio, con realidades únicas y que por tanto está inscrito a ‘Más que un local’. De hecho fue uno de los primeros. «Nos pareció una idea muy buena para conectar con el barrio y que permite crear identidad en las distintas partes de la ciudad», señala Ana, que regenta el local junto a su esposo José Alberto.

La iniciativa de Primi Maier, asidua a Santa Eulalia, y Carlota Heredia, también vecina del barrio, busca recoger los pequeños comercios de la capital en un mapa donde los ciudadanos puedan encontrarlos y descubrirlos. También donde puedan conocer sus historias y entender que «detrás de los mostradores de los locales hay un contacto humano».

Ambas son hijas de familias de pequeños comerciantes. Maier es nieta de la fundadora de Alambique, una tienda y escuela de cocina detrás del Monasterio de la Encarnación. Y Heredia trabaja en una pequeña empresa familiar de aceite de oliva ecológico con su sede en la misma calle.

Aunque sus familiares pudieron mantener sus locales abiertos durante la pandemia, el confinamiento, la falta de turistas e incluso la incapacidad de poder exportar el aceite durante esos meses, paralizaron mucho su situación. De hecho, no hace falta más que andar por las calles del Madrid de los Austrias para encontrar negocios con la persiana echada. Imagen que se repite por toda la ciudad y el país. La Confederación Española de Comercio calcula que entre el 20 y el 30% del pequeño comercio cerrará sus puertas con la pandemia.

«Por eso un día, hablando, decidimos crear una página web donde se pudiera encontrar toda la información necesaria de los pequeños comercios de Madrid, y así ayudar al sector», explican. La ayuda del Ayuntamiento de Madrid que les puso en contacto con el cronista de la Villa, Antonio Castro Jiménez; del Gremio de Librerías de Madrid; de la asociación de Comerciantes Vive Malasaña; y de un presupuesto solidario para programar la web; así como del apoyo que recibieron en las redes sociales permitió que esta idea se materializara.

Así nació ‘Más que un local’ con el objetivo de aunar la historia de las tiendas de toda la vida, su oferta y los datos más importantes en una misma webAllí un mapa permite a los usuario conocer fácilmente cómo llegar a cada establecimiento. «Está pensado para que si alguien busca por su zona una tienda infantil vea cuáles hay», indica Maier. «Pero también para saber la variedad de negocios que hay en un barrio». Y así potenciar el contacto de los vecinos con sus comerciantes y frenar el cierre.

Mapa con los 136 pequeños comercios que se han apuntado ya a la iniciativa 'Más que un local' de Primi Maier y Carlota Heredia
Mapa con los 136 pequeños comercios que se han apuntado ya a la iniciativa ‘Más que un local’ de Primi Maier y Carlota HerediaMás que un local
COMERCIOS PEQUEÑOS Y CURIOSOS

Como el objetivo es reanimar esas pequeñas tiendas, algunas centenarias, que ya no tienen turistas ni apenas clientes con los que subsistir, no todos los establecimientos valen. «Deben cumplir tres principios: no ser una empresa que tenga varios locales, tener algo curioso que les haga únicos y entrar dentro de las categorías establecidas», dice Heredia.

Es decir, ser un pequeño comercio dedicado a la cultura, a la artesanía o a la gastronomía, entre otros sectores. Si cumplen estas características podrán apuntarse a la página web para que ellas les inscriban. «También los propios ciudadanos pueden recomendar aquellas tiendas que les gusta y consideran que deben estar en ‘Más que un local'». Y ellas mismas pasean por las calles del centro de Madrid buscando locales.

La Librería Miguel Miranda es uno de eso comercios. Situada enfrente del Convento de las Trinitarias donde está la tumba de Miguel de Cervantes, este local es una versión más pequeña de la emblemática Librería Lello de Oporto.

Entre sus cuatro paredes llenas de libros antiguos y descatalogados, Miguel hace frente a la pandemia en un negocio heredado de su abuelo. «En 1949, unos años después de la guerra civil, mi abuelo, Miguel Heredia, decidió dejar su trabajo en el teatro y abrir una librería con los libros que conformaban su biblioteca», explica.

De su abuelo pasó a su padre y de éste a él. En esos años la colección de libros ha crecido, e incluso entre ellos se encuentran incunables (aquellos volúmenes anteriores al descubrimiento de la imprenta). Sin embargo, los clientes presenciales han bajado, aunque por suerte existe Internet. «La venta online ha sido la escapatoria ante la pandemia. Cuesta imaginarlo, pero el libro antiguo e Internet casan muy bien», indica Miguel echando un vistazo a su ordenador.

En su tienda apenas entra gente, ni siquiera los turistas se dejaban caer cuando Madrid los recibía, por lo que para él es más «una oficina» que una tienda. «Desde aquí catalogo, ordeno y preparo todos los pedidos que me llegan por la venta». Y, como decíamos, eso le ha salvado de cerrar con el coronavirus.

Una trabajadora cose un producto de piel en el Taller Puntera, uno de los pequeños comercios de Madrid apuntado a la iniciativa 'Más que un local'
Una trabajadora cose un producto de piel en el Taller Puntera, uno de los pequeños comercios de Madrid apuntado a la iniciativa ‘Más que un local’Taller Puntera

Quien no lo está pasando tan bien es Luis, dueño de Taller Puntera. Su negocio se encuentra en una tranquila plaza detrás del Mercado de San Miguel. Siempre ha dependido más de la compra de los vecinos que de los turistas, pero ahora no tiene ni de lo uno ni de lo otro. «Como esto no se active en los próximos meses voy a tener que cerrar».

Lo cuenta desde el mostrador de su tienda. Un lugar lleno de encanto y originalidad. Tras él, las máquinas de costura, el troquel y una grabadora tomada de un antiguo taller de encuadernación esperan a que los trabajadores vuelvan a tener encargos. Enfrente, las estanterías con bolsos, bandoleras, cuadernos o carpetas muestran el resultado.

«Es una idea de negocio que utilizaba mi padre y mi tío en su antiguo taller», dice. «Los clientes vienen, eligen el producto que quieren nos explican si quieren un cuero de otro color o una hebilla distinta y nosotros les mostramos los materiales. Después ven cómo lo trabajamos».Más en El MundoPolémica por el escote sin sujetador de la primera ministra de FinlandiaEl MundoLa Isla de las Tentaciones 2: Melyssa, pillada en París caminando con un chico de la manoEl Mundo

Esta idea también la tuvo Ana con su pastelería Santa Eulalia. Una gran cristalera separa la zona de cocina del mostrador. Así los que entran ven cómo hornean sus panes y pasteles de tradición francesa. «Es una manera más cercana de entrar en contacto con el barrio«. Un mismo contacto que a ella sí le ha permitido sobrevivir estos meses.

Como ellos, 136 comercios se han apuntado para darse a conocer en ‘Más que un local’. «Pero necesitamos muchos más para que los usuarios tengan más variedad por toda la ciudad», señala Carlota Heredia. Y con la que intenar evitar que los carteles de cerrado sigan proliferando por los pequeños locales de la capital.

Fuente: El Mundo