Los autónomos y pequeños empresarios tradicionales sufren las consecuencias directas del parón de la economía durante el año 2020: jugueterías, guarderías, cafeterías o zapaterías no pueden perder más.

«No aguanto más. Cierro. Dejo atrás toda una vida, 35 años, pero es mejor eso que ahogarme en deudas». Este lamento, o confesión, viene de un pequeño comerciante almeriense de mercadillos (de calzado concretamente): Miguel Ángel Galera. Su historia es el fiel reflejo de la tragedia que están viviendo muchas empresas, sobre todo pymes y micropymes del sector servicios, en este año 2020 que es ya un hito, desgraciado hito, en la economía por la crisis provocada por la pandemia de la Covid-19.

Según adelantaba el Banco de España este pasado 1 de diciembre, una de cada cinco empresas españolas terminará en situación de insolvencia a poco que la crisis se alargue unos meses más. El regulador considera que el 40% de las empresas sufre una presión financiera elevada y que, en un tejido empresarial dominado por las pymes y los autónomos, hay entre un 15% y un 19% de las empresas que están condenadas a la quiebra si es que no han entrado ya en esta situación. 

Y no sólo son los bares o la hostelería en general. Son muchas más. El presidente de Cepyme, Gerardo Cuerva, aseguraba hace unos días que «el 20% del comercio y el 30% de la hostelería ha tenido que cerrar» porque «la empresa ha tirado de todos sus recursos para aguantar e incluso los empresarios de todo su patrimonio personal, pero hay mucha gente que ya no puede aguantar más». Por ello, «las empresas ya no están pensando si cerrar o no sino cuándo cerrar». 

Es el caso de Autobuses Morales, una empresa familiar leonesa de cincuenta años de existencia. Todavía no ha cerrado, pero «estamos abocados inexorablemente a cerrar porque estamos asfixiados». De momento, sobreviven, si se puede decir así, vendiendo autobuses de su flota (tres de ellos) para pagar los gastos mensuales fijos de más de 15.000 euros al mes, solo en leasing y préstamos. Su flota ha pasado de 14 a 11 autocares y de 12 empleados fijos y algunos más en verano a únicamente 5. 

«Con los ingresos que teníamos justo nos alcanzaba, y no siempre, para pagar a los conductores y la gasolina». Hasta que llegaron septiembre y la vuelta al cole y apenas hicieron, desde que se inició la desescalada, «seis viajes», entre turismo y alguna boda, y ahora apenas les quedan algunas rutas escolares. Y es que los transportes discrecionales de viajeros, al contrario que las líneas regulares, no han recibido apoyos directos aparte de los créditos ICO. Autobuses Morales tira del patrimonio familiar para seguir adelante, pero Juan está resignado y repite que «irremediablemente tendremos que cerrar. No sé cuando, pero cerraremos».

Otro de los sectores que más está sufriendo la crisis son las escuelas infantiles de cero a tres años y privadas. Un buen porcentaje de estos centros conocidos popularmente como guarderías ha tenido que echar el cierre porque, por unas causas o por otras, se han quedado sin niños (no es obligatorio este tramo educativo). Una de ellas es la Escuela Infantil Nenúfar, en la calle Villajimena del madrileño distrito de Vicálvaro. Al entrar en su página web, te anuncian el cierre y te dirigen directamente a su canal de youtube donde informan que han puesto a la venta todo el material de la escuela. Mesas, sillas, camas individuales, cunas, castillo hinchable, kits de psicomotricidad, lavadora, vajilla, … 

Marta Galán, la propietaria de la escuela, nos dice que el dinero que se saque será para pagar la quiebra porque la Escuela Infantil Nenúfar está desde octubre en concurso de acreedores. «Gracias a Dios no teníamos deudas, pero el negocio ya no daba para que mi familia ni nuestros empleados pudiéramos comer, así que creímos que lo mejor para que nuestras siete empleadas cobrasen era declararnos en quiebra. Este es un negocio muy bonito, pero ya no daba más de sí». Marta, que inauguró la escuela junto a su marido en 2007, «con 23 años y recién casados», se muestra muy crítica con la política de la Comunidad de Madrid hacia las escuelas infantiles privadas, «a las que nos asfixia totalmente, sobre todo desde la Ley de Gratuidad de 2019».

Explica Marta que su escuela, «por las que han pasado y se han graduado más de 600 niños desde que abrimos hace 13 años», cerró temporalmente en marzo y todas sus empleadas, «porque mi marido y yo somos autónomos», fueron al ERTE. Luego, en septiembre «la Comunidad de Madrid nos obligaba, para abrir, a recuperar del ERTE a todos los trabajadores y prometió, en ese caso, unas ayudas que no han llegado todavía». Las previsiones de los rectores de la Escuela Infantil Nenúfar eran tener 30 niños matriculados, pero «desafortunadamente solo fueron 13». 

El 30 de octubre, Nenúfar echó definitivamente el cierre. «Ha sido muy duro emocionalmente. Hemos recibido el apoyo de las familias; hicimos una fiesta final de graduación y han venido niños que estuvieron con nosotros al principio. Te queda esa satisfacción que indica que algo habremos hecho bien, pero…» 

«Queremos compartir con todos vosotros que hemos tomado una de las decisiones más difíciles para nosotros. Hemos decidido poner fin a nuestro proyecto definitivamente. Gracias a todos y hasta siempre». La pandemia de la Covid-19 acabó con Mamá Framboise, las pastelerías de inspiración francesa que abrieron en 2011 en Madrid con el objetivo de «recuperar el romanticismo gastronómico» y la «calidad de la pastelería» en España y que se habían convertido en uno de los iconos gastronómicos de la capital. 

La decisión del cierre definitivo deja en la calle a casi 100 empleados, en sus seis pastelerías/cafeterías además de su obrador central en Alcobendas, y arrinconados muchos proyectos que Alejandro Montes, alma máter y fundador de la empresa, además de ser considerado como uno de los mejores pasteleros de España, tenía en mente. Nuevas pastelerías en Madrid, expansión a otras ciudades, internacionalización, franquicias… Esos eran sus proyectos, pero de nada le han servido ante el ‘huracán’ de la pandemia «que ha arrasado con muchos proyectos» como el suyo. 

Montes, asturiano de origen y ganador de numerosos premios de pastelería, llegó a facturar más de 3 millones de euros en 2018 y se vanagloriaba de que Mama Framboise fuera «la primera boulangerie/pâtisserie de Madrid. Salón de té, take away, catering, sala de eventos y tienda en línea». Han sido diez años «de una gran dureza, con muchísimos momentos buenos y de muchísima alegría, y también hemos tenido momentos malos, situaciones complicadas y barreras que superar, pero siempre siendo fieles a nuestra marca y a lo que buscábamos conseguir para ofrecer a todos lo clientes». Sin embargo, la crisis pandémica «ha sido muy grande e imposible de superar».

«Cierro y me jubilo. Esto no da para más. Quería seguir, pese a mis 66 años, porque me siento bien, pero lo único que acumularía entonces serían deudas». Esta campaña de Navidad será la última para ‘Don Pipo’, una juguetería de las de toda la vida en pleno centro de Almería, que lleva más de 30 años abierta. «No me echan la edad, ni los juguetes, ni la clientela, aunque ésta sea cada vez menor… Me echan las circunstancias: la pandemia e internet y Amazon», cuenta casi con lágrimas en los ojos, María José Pérez. 

Su mayor tristeza, «dejar en la calle a una empleada que lleva conmigo más de trece años, pero es que así no podíamos seguir. El pequeño comercio, el comercio de barrio, el de toda la vida, ya no es viable. Las grandes superficies, internet… Y ahora la puntilla ha sido esta ‘peste’ que nos ha tocado vivir». Y es que algunos días la caja no supera los diez euros. «Así no puede ser. No hay cuerpo ni economía que lo aguante». Será la última Navidad en la que Papá Noel y los Reyes Magos llenen sus sacos de juguetes en el comercio del centro de Almería, junto al mercado central.

Gonzalo Alonso, hijo del expresidente del Valladolid del mismo nombre, fallecido en junio, con el que el club blanquivioleta llevó a sus vitrinas su único título hasta la fecha, la Copa de la Liga de 1984, ha cerrado también sus dos zapaterías del centro de la ciudad castellana y se jubila. Entre el comercio online y la pandemia su negocio de más de 40 años ha muerto o «lo han matado». Ya «no queda espacio para el pequeño comercio». 

Cuenta con pena cómo para saldar existencias ha vendido por 3 euros zapatos que valían más de 30 a un comerciante. Las dos tiendas estaban atendidas por Gonzalo, su esposa y dos empleados que ahora se quedarán en la calle, en el paro. Pero «era una ruina imposible de sostener». A principios de los 80 vendían 18.000 pares anuales; en el año 2003 facturaban 150.000 euros anuales… Y el pasado mes de junio apenas despacharon 300 pares de zapatos. «No teníamos nada más que pérdidas» y «así es imposible». Gonzalo, como buena parte de los pequeños empresarios españoles, ha colgado el cartel de ‘se vende’. Es el sino de los tiempos en la España de la pandemia 2020. Y según el Banco de España, lo que nos queda.

Fuente: lainformacion.com