Cada vez surgen más tiendas en las que los clientes son a la vez empleados y socios del supermercado. Un modelo que asegura ser más sostenible y barato para sus cooperativistas.

Nada que ver con el modelo tradicional de la gran distribución española en el que -grosso modo- una empresa estructura su jerarquía, abre supermercados y contrata al personal para dar servicio a los consumidores. En los supermercados cooperativos, los clientes son a la vez socios del negocio. Un modelo importado de países como Francia o Estados Unidos que comienza a andar en España.

Hace unos días os hablábamos de la llegada a Madrid del supermercado La Osa, un nuevo distribuidor que se presentaba como una «alternativa sostenible” al supermercado tradicional. Una declaración de intenciones que deja claro que, más allá del modelo de negocio, estas tiendas pretenden romper con lo clásico tanto desde el punto de vista medioambiental como el económico. Según explican sus promotores, este supermercado da acceso a una alimentación más sana y sostenible a cambio de la participación de sus cooperativistas en las tareas de la tienda. En su apertura aseguran contar con más de mil cooperativistas.

También en Mallorca está prevista para este mes de febrero la apertura de Terranostra, que se presenta como el primer supermercado cooperativo de la isla y que ya cuenta, según sus promotores, con 272 personas que se han unido a esta cooperativa.

Son, en ambos casos, clientes y trabajadores-socios del supermercado. En el caso de la Osa, por ejemplo, los cooperativistas tienen que participar con 3 horas de su tiempo cada 4 semanas en los turnos del supermercado para colaborar con el personal fijo del supermercado en algunas tareas, como la descarga de mercancía, la limpieza o el cobro de productos. También se exige una única aportación de 100€ al capital social para formar parte de la cooperativa. La misma cantidad económica es la que se pide en Terranostra, donde la condición es dedicar a la cooperativa tres horas de trabajo al mes. A cambio, destacan sus promotores, adquieren los productos el 25% más económicos. 

En cuanto a los productos, estos supermercados presumen de ofrecer «productos saludables con el menor impacto medioambiental posible, cuidando el planeta y asegurándonos de que los animales de los que nos alimentamos estén bien cuidados».

En este sentido, se prima el surtido de productos ecológicos y de proximidad, además de una parte procedente de comercio justo y sin envases (o con envasado sostenible) que, en general, de media podrán ser entre el 20 y el 40% más baratos gracias al modelo de cooperativa. 

El modelo se inspira en Park Slope Food Coop, el supermercado cooperativo y participativo de referencia en Estados Unidos, fundado en 1973 en Nueva York, y La Louve, fundada en 2016 en París.

También forman redes de apoyo con otros modelos similares de España como son Biolibere, SuperCoop, Som Alimentació, A Vecinal, Food Coop BCN o Super Coop Manresa. En todos los casos hablamos de pequeños negocios alejados de las grandes cadenas de distribución que predominan en España, pero sí es cierto que cada vez son más y tienen intención de seguir creciendo. ¿Se tratará de un modelo sostenible a una escala mayor?

Fuente: foodretail