Capirotes, costales, flores, inciensos, mantillas, cirios, imágenes… El mundo del comercio cofrade experimenta un segundo año con la procesión por dentro

Por segundo año consecutivo la Semana Santa de Almería ha dejado la plata sin limpiar, las túnicas sin planchar y la cera sin repartir. Lo que en otra situación a estas alturas sería un hervidero de trabajo en las casas de hermandad por toda Andalucía, con costaleros y nazarenos ultimando los detalles de cara a sus salidas procesionales, es a día de hoy un desierto epidémico triste. A la compra de fajines, costales, capirotes, cirios o las flores que decoran los pasos le ha seguido, por dos años, la nada.

Los pasos no lucirán en este 2021 por las calles de forma esplendorosa y tampoco pasearán los hermanos con pasión y emoción durante sus estaciones de penitencia. Y sin eso, hay quienes ven cómo sus ingresos anuales caen literalmente a cero. La crisis sanitaria por la covid-19 ha parado en seco la producción y las ventas en un amplio abanico de sectores pequeños pero sempiternos, tradicionales y abigarrados al tejido comercial de la ciudad. Tallistas, floristerías, bordadores, incensarios, mantillas, doradores, talabarteros… Dos años crucificados –valga el símil– por la pandemia.

A apenas 50 metros de la Puerta de Purchena está uno de esos rincones en los que la primavera huele a azahar y a incienso de parroquia. En la avenida de Pablo Iglesias número siete se encuentra Río Preto Radio que vende todo tipo de artilugios festivos. Algunos de ellos (una buena ristra) son para el final de la Cuaresma: discos de saetas, imágenes, figuras de cortejo y complementos religiosos que dan la posibilidad de crear un propio paso en tu casa con el más mínimo detalle. Además, también es un lugar en el que el hermano o el cofrade pueden proveerse de capirotes o fajas.

Otros años a estas alturas los ingresos estarían siendo los suficientes para mantener el local y cubrir los gastos de la tienda. Ahora ni eso. Andrés Felices Blanes, con 63 años, es el heredero de una saga que ha levantado la persiana a diario durante más de medio siglo de historia. Este año es el 59 del que fue el legado de su familia.

«Lamento que sea otro año sin procesionar, esta situación que ha traído el coronavirus nos está haciendo mucho daño a los pequeños comercios de barrio», refiere desde el otro lado del mostrador. La música de Semana Santa resuena en su establecimiento creando un ambiente único para los fieles seguidores y devotos de esta época mágica del año por las latitudes al sur de Despeñaperros. Andrés explica que actualmente no está logrando hacer «ningún ingreso» por los productos que oferta en el local, muy conectados con el calendario de celebraciones tradicionales.

Cerca de él, hay capirotes y costales que cuelgan en una balda esperando a ser vendidos. «Tengo productos del año pasado que aún no han salido, son alrededor de 23 cofradías y por casi 300 nazarenos, mínimo… Mis ingresos se han recortado de forma considerable». No solo vende a hermandades, también a niños pequeños que procesionan –sin papeleta de sitio– en las simulaciones que cada año se organizan en los patios de los colegios.Ahora, incluso esa finta de estación de penitencia tan habitual en los coles han sido canceladas. «Ellos se llevan fajas o zapatillas y por culpa de la pandemia ya no compran porque todas las procesiones se han anulado».

Del 2020, Andrés recuerda con dolor cómo pasó los primeros meses de pandemia. «Tuve que mentalizarme que no iba a haber Semana Santa, fue de golpe y porrazo que nos dijeron que se cancelaba todo y yo pensé que iban a ser diez días, pero este año es el remate… Espero y deseo que sea el último año sin Semana Santa porque si no, esto no hay nadie que lo aguante».

El propietario agradece estar solo en la tienda. «Si no, no podría sobrellevar esta situación que nos ha venido encima», confiesa. «Yo limpio, arreglo todo, las facturas e intento ser lo más positivo posible. Soy el único del centro que trabajo en la mercancía de Semana Santa y aunque traigo cosas de otras fiestas, pierdo un 90% de ingresos en estas fechas porque hay mercancía que es muy cara». De todo esto, saca algo positivo y, apunta que sus clientes más cofrades «lo son todo el año, no sólo en estas fechas, por lo que siempre vienen a comprar, aunque no lo hagan en la misma cantidad».

«Un golpe muy duro»

En la floristería de José Antonio Peralta y Aida Cantón viven estas fechas con mucho sentimiento cofrade. Pasada la Navidad y una época tan señalada en los comercios de flor cortada como San Valentín, Gracia y La Penca, un local de la calle Benizalón, se vuelca en proveer de adornos florales a más de 20 pasos de Semana Santa entre la capital y el resto de la provincia. Son ya un referente para estos días que requieren de muchas horas de trabajo.

«Nosotros ya esta semana estaríamos cerrando pedidos de material como esponjas, bandejas, redes… Es el proceso que hay detrás de las flores, lo que no se ve. Y a partir de la semana que viene ya estaríamos recibiendo las flores naturales», recuerda José Antonio con pesar. Nueve hermandades de la capital son las que trabajan con Gracia y La Penca para que sus pasos luzcan lo más bonitos posibles. «En Almería hacemos prácticamente todos los días una cofradía y hay días que incluso los doblamos», explica. «El año pasado, viendo la situación, tuve que empezar a cuadrar los pedidos», rememora.

«Hay materiales que aún tengo ahí desde entonces. Afortunadamente eso no se deteriora», comenta. «Hay hermandades que gastan más de 3.000 euros. Depende de lo que quieran invertir, pero para nosotros que no haya Semana Santa supone un golpe muy duro para nuestros ingresos. Y venimos de un periodo del año muy tranquilo», dice.

«En lugar de estar mi mujer y yo, estaríamos cinco personas trabajando en Semana Santa. Es nuestro primer repunte antes de empezar con las comuniones, bodas y otras celebraciones… Sin embargo, ahora, por ejemplo, nos estamos volcando mucho más en la tienda, las personas que no han perdido sus trabajos y al estar más tiempo en casa vienen y compran flores para decorar la casa. Menos mal, esto nos está ayudando a paliar la situación».

El ambiente ‘semanasantero’ es arraigado en el pueblo de Berja. En sus calles burguesas persiste un emblemático negocio que aún permanece activo tras décadas de trabajo heredado. Talabartería Almendros es un negocio familiar, que se fundó en el año 1945. Francisco Almendros es quien lleva ahora el local que fue de su padre y que representa una joya histórica. El taller artesanal trabaja con artículos de cuero y otros productos destinados al mundo del caballo.

Sin embargo, la talabartería se ha renovado ampliando su posibilidad de negocio. «Empecé a traer figuras religiosas para la gente que quisiera tenerla en casa. Además tengo fajas, costales y ropa para cuando van a salir en el paso. Otro producto que apenas se encuentra aquí es el incienso y yo lo pido para poder distribuirlo», comenta.

«Vender inciensos es un dinero extra que me entra y que ahora, al sumar dos años sin Semana Santa se ha visto totalmente paralizado. Pese a que yo vendo otros productos, esto supone una ayuda muy grande porque además, vendo los incensarios que van acorde con la temática de esta época tan bonita», dice mostrando los nazarenos de barro cocido. «Si yo tuviera que vivir de los inciensos e incensarios, ¿cómo lo haría? ¡Es imposible!», dice con cierto pesar Francisco.

«La crisis nos está matando»

Las ventas se desploman diariamente y los más perjudicados de toda la crisis sanitaria son los negocios de proximidad. También en Berja, se encuentra Complementos Jiménez, una tienda que lleva sobreviviendo 50 años y que dirige Encarna Rincón con la ayuda de su hijo. Es el segundo año de pandemia en el que la Semana Santa no va a tener pasos procesionando por la calle y por ende, tampoco habrá mantillas que hagan presencia desfilando en procesiones.

Encarna se encarga en Berja de vestir al cuerpo de mantillas en las cofradías del municipio. Y sin procesiones, no hay peinas, guantes o broches que vender. «Yo tengo de todo. Entre otras cosas los principales productos para las mantillas:no solo la mantilla en sí, sino también peinetas, broches, horquillas, guantes… Todo lo que necesitan para el paso. Y ahora no vendemos nada», expresa con incertidumbre mientras observa los accesorios.

Encarna exterioriza su pesar cómo «esta crisis» les está, dice literalmente, «matando» a quienes bregan con un pequeño comercio. «No vendo este tipo de telas ni accesorios, es un golpe muy duro», añade. «Espero que el próximo sí se celebre», reza con esperanza. Un deseo unánime en los mundillos cofradieros para el que se hacen las plegarias más sentidas. Aunque este año no se hagan con capirote, con costal o con mantilla.

Fuente: Ideal