El comportamiento de las personas consumidoras a partir de la pandemia ha servido para destacar las fortalezas del comercio local y mejorar su competitividad

Cuando dentro de unos años recordemos la pandemia de la covid-19 serán muchos los recuerdos e imágenes que vendrán a nuestra mente y muchos no serán buenos, aunque seguramente algunos de ellos nos habrán servido para dar importancia a aspectos que quizás de otra manera no hubiésemos valorado. La imagen de las calles vacías y con las persianas de los establecimientos comerciales y hosteleros bajados, todavía permanece en muchas retinas. Transmite tristeza, frialdad, la misma sensación que se tiene cuando se camina por las calles de cualquier barrio que carezca de tejido comercial.

Nos gusta salir de paseo y ver animación, gente en las terrazas y haciendo sus compras, un acto que cada vez más deja de ser una mera transacción u obligación para pasar a convertirse en toda una experiencia. Las tiendas animan y dan vida, generan movimiento de personas en ciudades y pueblos, de ahí que se promuevan actividades culturales en las zonas comerciales que permitan aumentar la afluencia de personas que consumen en estos lugares.PUBLICIDAD

El comercio minorista alavés, según el Barómetro de Comercio Enfokamer 2020, se compone en más de un 95% de microempresas con menos de 10 personas empleadas. La forma jurídica del 69% de los comercios alaveses es la de Persona Física y el 31% es la de Persona Jurídica. Como media, los comercios tienen más de 25 años de antigüedad, la media de edad de la persona responsable es de 50 años y el 58% de las personas responsables cuenta con estudios medios.

En los principales municipios alaveses podemos encontrar establecimientos que pertenecen a los subsectores comerciales de alimentación, equipamiento del hogar, equipamiento de la persona, floristería, fotografía, librería y prensa, salud e imagen, vehículos y accesorios.

En el resto del territorio de la provincia predominan comercios de primera necesidad, principalmente de alimentación, seguidos de aquellos pertenecientes al subsector de salud e imagen (farmacias, herbolarios, etc.) y, en menor medida, los pertenecientes al subsector de equipamiento de la persona.

En este contexto, son varias las fortalezas del tejido comercial minorista que destacan las personas expertas y que han puesto en valor los/as consumidores/as en diferentes encuestas que se han realizado al respecto durante esta época.

Trato personal

Las personas seguimos valorando las relaciones sociales, el trato individualizado. Cercanía, proximidad, calidad humana y servicio son palabras que se usan para definirlo. Además, el comercio genera comunidad, da vida en las calles y su ausencia refleja peor calidad de vida y, en algunos casos, inseguridad.

Economía de proximidad

El establecimiento donde se compra genera empleo local y dinamiza la economía de proximidad. El dinero invertido contribuye a la prosperidad económica de nuestro entorno más próximo. Durante los meses de pandemia, este elemento ha ganado relevancia en la decisión de compra, junto con el sentido de pertenencia a la comunidad y solidaridad con el entorno próximo.

Cercanía física

Se puede acudir a pie, en muy poco tiempo. La comodidad es un aspecto al que se recurre cuando se pregunta sobre esta cuestión.

Sostenibilidad

El consumo responsable, los productos locales, el kilómetro cero, la compra de segunda mano o el alquiler del producto, son aspectos que están tomando mucha importancia. La procedencia y los criterios de fabricación también interesan. La compra ya no es solo una cuestión de precio.

Experiencia de compra

La posibilidad de realizar una compra tranquila y en calma es un aspecto que pone por delante al comercio local frente a otras alternativas. Además, si el espacio físico está cuidado, actualizado, se ofrecen diferentes alternativas de pago y el servicio post venta es bueno, aumentan las buenas sensaciones y la posibilidad de que un establecimiento sea recomendado a otras personas

Especialización y profesionalidad

Los comercios ya no solo venden producto, si no que aportan conocimiento y usabilidad del mismo. Quien vende sabe qué productos o servicios son los más adecuados para satisfacer a la clientela de forma lo más perfecta posible. Conocer los gustos y las necesidades de quienes consumen es importante para ofrecer las respuestas adecuadas.

Fuente: Noticias de Alava