La rotación de negocios aún es escasa y empobrece la oferta de tiendas de Barcelona

Hace pocos días el restaurante Ultramarinos cerró de modo definitivo. Este negocio de la Rambla llevaba toda la pandemia con la persiana echada, planeando siempre su reapertura, confiando en que pronto… “Pero no hay eventos ni grupos ni familias –lamenta la restauradora Kate Preston–. Está viniendo muy poca gente a la ciudad, y la que viene gasta muy poco, y ya no podemos afrontar el alquiler, los suministros, los gastos… Será un verano muy duro, sin ninguna reactivación comercial, y el otoño será peor, muy duro. Tuvimos que aceptar esta última oferta. En agosto abrirá aquí un pub irlandés, de una gente que tiene unos 40 en el norte de Europa y ahora quiere instalarse en el Mediterráneo. Cervezas, cócteles, música en vivo… Nosotros trataremos de aguantar con nuestros otros restaurantes”.

Amit Sharma, responsable de siete tiendas de souvenirs y otros regalos, también en el paseo, acaba de hacerse con un local en la calle Hospital, bien cerca, donde planea montar un puesto de helados y chucherías. “Tengo que diversificar, atraer a la gente de la ciudad… Porque el turista que está llegando gasta principalmente en alimentación, y lo hace en el supermercado. Yo pensaba que este verano facturaría la mitad que otros veranos, pero no estoy haciendo ni el 20%. Tal y como están evolucionando las cosas, los turistas que merecen la pena no regresarán este verano. No tendremos ninguna reactivación comercial del centro. Todo lo contrario”.

Los comerciantes alertan de que “nos encaminamos más que nunca hacia el monocultivo turístico”

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