Se extiende por los ayuntamientos una rara fiebre entre alcaldes y concejales: la de unas plataformas de comercio electrónico financiadas con dinero público y abocadas al fracaso.

Opinión. Jaime Gómez-Obregón@JaimeObregon

El Ayuntamiento de Santander acaba de poner en marcha El Mercaderío, una plataforma de comercio electrónico que reúne la oferta de las tiendas tradicionales de la ciudad en un portal web municipal.

Horas antes veía la luz comerciobrunete.com, una iniciativa similar promovida por el madrileño Ayuntamiento de Brunete. En Córdoba acaban de alumbrar otra plataforma digital, esta vez para su comercio ambulante.

No se queda atrás el Ayuntamiento de Tavernes de la Valldigna, en la provincia de Valencia, que también estrena mercado digital. Algo que también ha sucedido en Beniel (Murcia), Bollullos (Huelva), Benavente (Zamora), Torrelavega (Cantabria), Antequera (Málaga) y un interminable etcétera. 

Se extiende cual mancha de aceite por la geografía municipal española una aguda pandemia de la que nadie habla. La de unas plataformas de comercio electrónico financiadas con dinero público y que no tienen ninguna posibilidad de sobrevivir una vez la subvención se extinga.

La hemeroteca de los diarios de provincias es testigo mudo de los estragos de esta epidemia: “Nace el Amazon de Almería” titulaba en mayo, triunfal, el Diario de Almería. “Un Amazon para los santanderinos” recogía en julio Europa Press de los labios de la alcaldesa de la ciudad. “La patronal relanza el Amazon burgalés” titulaba poco después el Diario de Burgos. “Es el Amazon bollullero” decía un alcalde onubense en abril. En Cuenca, una agrupación política ha propuesto una original iniciativa para impulsar el comercio local. ¿El nombre? “Un Amazon conquense”.

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