El Gobierno quiere regular el uso de plásticos y fomentar su reciclaje hasta el punto de prohibir que frutas y verduras se vendan envasadas en este material en 2023

El Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico prepara un real decreto para regular los envases y residuos que plantea que en 2023 esté prohibido vender frutas y verduras en envases de plástico y que se ofrezcan bebidas en envases reutilizables en todos los establecimientos minoristas. Los de mayor tamaño deberán ofrecer hasta siete referencias distintas y dedicar parte de su espacio a la venta a granel que los consumidores almacenarán en sus propias bolsas o envases, botellas incluidas.

Las medidas, enfocadas a la reutilización de envases y el reciclado, impactarán en los consumidores principalmente en estos dos aspectos. En el caso de los minoristas, además de los cambios pertinentes en el reciclado, deberán habilitar zonas e inventario para cumplir con las demandas, mientras que los fabricantes tendrán que esforzarse en aumentar el porcentaje de plástico reciclado. En cualquier caso, a partir de 2023 cada vez habrá menos de este material en los supermercados.

«Es escandaloso que vendan un plátano rodeado de plástico», resume Carlos Arribas, responsable de residuos de Ecologistas en Acción. La organización valora muy positivamente una medida que podría resolver algo «completamente absurdo», pero cree que la limitación por número de referencias en el caso de los productos reutilizables se queda corta. En la practica, lamenta, se podrá resolver con un escaso número de bebidas que no obliguen realmente a ofrecer una oferta acorde a la demanda. «El consumidor tiene derecho a que le ofrezcan una referencia reutilizable de los productos que consume», arguye Arribas.

El objetivo del Gobierno es reducir el peso total de los residuos de envase, en un 13% en 2025 y en un 15% en 2030, en ambos casos respecto a los datos de 2010. Además, esperan que en 2030 todos los envases puestos en el mercado sean 100% reciclables y, siempre que sea posible, reutilizables.

Fuentes de FIAB, la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas, temen que no vaya a ser posible conseguir este punto: «Nuestra inquietud es que para cumplir con los requisitos legales tengamos disponible PET y plásticos reciclados en cantidad y de la calidad necesaria para estar en contacto con alimentos». A día de hoy, explican «creemos que no va a ser posible tener disponibilidad para todas las empresas que optan por incorporar plástico y PET reciclado a sus envases». También les preocupa «el elevado impacto» que tendría en las empresas un «cambio radical en sus estructuras y modelos de negocio» que podría a poner «en riesgo» su viabilidad.

Mientras, desde los minoristas piden que estas medidas sean muy claras y, sobre todo, tengan en cuenta toda la cadena de valor. Así, por ejemplo, recuerdan que no son ellos quienes envasan las frutas, sino que depende del proveedor y se hacer por diversas implicaciones logísticas, de duración de producto o de aprovechamiento de estos. «Es necesario un análisis de las implicaciones económicas, sociales y medioambientales», explica María Martínez-Herrera, responsable de seguridad alimentario y medioambiente de ASEDAS.

«El envasado no se hace por gusto», continúa. «Eso no quita que haya que trabajar en ver qué envase es superfluo y se podría quitar», añade. Asimismo, recuerda que «un uso racional del plástico no significa prohibir el plástico; o que tenemos que hacer es reciclarlo bien, que no termine donde no tiene que terminar».

En lo que respecta a la venta a granel, que ya «se está fomentando», Martínez-Herrera vuelve a apelar al diálogo: «Queremos que sean claros al respecto». «No podemos dejar este control de la higiene en manos de los trabajadores de los supermercados», explica en referencia a la enmienda de modificación al artículo 18 presentada por el grupo parlamentario socialista y Unidas Podemos. En ella se establece que los establecimientos de superficie igual o mayor a 400 metros cuadrados deben dedicar al menos un 20% de su área de ventas a los productos sin embalaje.

Para ello, «deberán aceptar el uso de recipientes reutilizables» como tápers, botellas o bolsas «adecuados a la naturaleza del producto y debidamente higienizados». El enmienda pone esta carga del acondicionamiento en los hombros de los consumidores, pero la decisión final dependerá del comerciante, que podrá rechazarlos. «15 millones de personas hacen la compra todos los días; eso hay que tenerlo en cuenta», recuerda Martínez-Herrera y esto supondría cambios que llegarían incluso a las básculas, que deberían poder descontar el gramaje de los envases.

Por otro lado, en el artículo 9, dedicado a las medidas de reutilización de los establecimientos, se establece que estas tiendas deberán ofrecer un mínimo de referencias de bebidas con envases reutilizables según su superficie, además de prestar el servicio de retorno de envases reutilizables.

En el caso de aquellas con menos de 120 metros cuadrados, la obligación se limitará a una única referencia (es decir, una única bebida con envase reutilizable). Los minoristas de 120 a 300 metros cuadrados aumentarán la oferta hasta un mínimo de tres referencias. En ambos casos tendrán un plazo máximo de 18 meses para hacerlo.

Por su parte, los establecimientos de mayor tamaño verán reducido el plazo de aplicación a 12 meses y deberán tener al menos cuatro referencias (aquellos de 300 o más metros cuadrados y menos de 1.000), al menos cinco (entre 1.000 u 2.500 m2) o al menos siete productos si superan los 2.500 metros cuadrados de superficie. Las referencias mínimas, en cualquier caso, se podrán incrementar mediante orden ministerial.

De nuevo, desde el sector están abiertos a ello, pero solicitan que se tenga en cuenta la realidad actual. Los famosos cascos de hace cuatro décadas aún están presentes en la memoria de muchos, pero esos 40 años han traído consigo nuevas costumbres y la industria se ha adaptado a ello. Además, recuerdan que esto también tendría un coste medioambiental en logística y el agua utilizada para reciclar los envases.

Por el contrario, las asociaciones ecologistas consideran que la medida podría ser bastante más ambiciosa. Así, creen que una oferta de entre uno y siete productos resultará escasa: «Celebramos que por fin se haya introducido el vector de la reducción y la reutilización, pero es poco ambicioso delante de la magnitud del problema que tenemos», arguye Rosa García, directora general de Rezero. «Esta ley debería asegurar el derecho de las personas consumidoras a consumir sin generar residuos y sin que afecte a nuestra salud», continúa, pero se queda corta: «Es una gota en el desierto».

Fuente: El Mundo