La ‘startup’ Ghop acerca a España un canal de venta que pese a contar con establecimientos físicos prescinde de los dependientes

El container acristalado de la foto es una tienda. Una en la que no hay dependiente. Ni está ni se le espera. No hay nadie para darnos la bienvenida o cobrarnos al pasar por caja. De hecho, no hay caja. Al menos, no como lo entendíamos hasta ahora. La ‘startup’ Ghop ha diseñado este prototipo de tienda inteligente que acerca a España un canal de venta que ya es bastante popular en otros lugares y en la que el comprador realiza por sí sólo todo el proceso.

«Cuando hablamos de tiendas que prescinden totalmente de trabajadores el modelo que enseguida nos viene a la cabeza es el creado por Amazon Go, que es siempre lo más mediático, pero en algunos países de Europa y China ya es bastante habitual encontrarte con este otro formato; tiendas más pequeñas que responden a los nuevos hábitos de compra», explica Lino Monteagudo, promotor de la ‘startup’ junto a los hermanos Víctor y Juan Miguel de Haro, los tres ingenieros industriales.

Los usuarios deben estar registrados en la web de Ghop y descargarse la app que lee el código QR

ACCESO

«En general -señala-, cada vez planificamos menos y adquirimos más por impulso. Prima la inmediatez. Por eso tienen éxito empresas como Glovo, porque hay un público que cuando quiere algo lo quiere inmediatamente. Nuestro cliente es básicamente el mismo y queremos acercarnos a él con muchas pequeñas tiendas de conveniencia a pie de calle que le ofrezcan productos relacionados con el entorno en que se encuentran y, sobre todo, que le den la posibilidad de hacer una compra rápida a cualquier hora del día», subraya.

Acceso a través del móvil

Para acceder al módulo el cliente ha de estar previamente registrado como usuario en la web de la ‘startup’. Una vez realizado el trámite y descargada la app de Ghop en nuestro móvil, bastará con que el ‘smartphone’ lea el código QR que está serigrafiado en la entrada de la tienda. En cuanto la aplicación verifique este código, nos ofrecerá la posibilidad de abrir la puerta desde la pantalla de nuestro teléfono.

Dentro veremos que cada producto cuenta con una etiqueta en la que figuran su precio y código de barras. Esta etiqueta es lo que leen los sensores situados en el cajón que sustituye a la caja registradora y en el que deberemos depositar nuestra compra para iniciar el proceso de pago. Cuando el sistema calcule el importe total, nos pedirá que pasemos la tarjeta de crédito o débito por un datáfono; y en cuanto hayamos realizado el abono la puerta se abrirá para que podamos abandonar el establecimiento.

Si el cliente tiene algún problema durante la compra, será atendido por Ghop por videollamada

VIDEOASISTENCIA

«Entendemos que nuestro público va a ser mayoritariamente gente joven, pero el proceso de compra es muy sencillo, accesible para todo el mundo. Además, en caso de que surja algún problema o se tenga una duda, hay un pulsador situado junto a la caja que inmediatamente permite al cliente establecer una videollamada con uno de nuestros empleados, que le atenderá desde una centralita. Siempre hay alguien ‘de guardia’, y de hecho ese es uno de los servicios que ofrecemos a quien instale el módulo», aclara Monteagudo.

Es decir, su modelo de negocio no está en la explotación directa de las tiendas sino en la comercialización y mantenimiento de éstas. «Nosotros vendemos el módulo totalmente equipado y lo instalamos. Después cobramos mensualmente por ofrecer una serie de servicios que tendremos centralizados para todas las tiendas. Algunos de estos servicios son fijos, como el soporte tecnológico y la videoasistencia, pero otros dependerán de cada caso. Habrá, por ejemplo, estaciones de servicio en las que prefieran que la reposición de género se la hagamos nosotros y otras que quizá dispongan de personal para hacer esa labor y sólo necesiten contratar la distribución, que nosotros tenemos acordada con empresas del sector que utilizan nuestros datos de consumo para hacer sus previsiones y saber las necesidades de cada tienda», señala.

Posibles emplazamientos

El ejemplo no es baladí. Las estaciones de servicio que, ya sea por falta espacio o de personal, no cuentan con ningún comercio de este tipo están entre sus primeros clientes potenciales. Una lista en la que también entrarían otros emplazamientos como estaciones de tren o autobuses, aeropuertos, campus universitarios, parques empresariales, centros comerciales u hospitales. «De momento sólo nos estamos planteando que se instalen en lugares privados pero también podría hacerse en espacios públicos como la calle», señala el cofundador de esta ‘startup’, que es una de las 25 seleccionadas este año para participar en la nueva edición de B-Venture.

En el evento, que se celebrará el 19 y 20 de octubre, abrirán una ronda de financiación de 500.000 euros que, junto a la apertura de las primeras tiendas, estarán destinados a hacer más robusto el software que permite su control para mejorar la escalabilidad del negocio, ampliar el equipo y destinar más recursos a la campaña de captación de usuarios. B-Venture está organizado un año más por EL CORREO con el patrocinio del Departamento de Desarrollo Económico, Sostenibilidad y Medio Ambiente del Gobierno vasco, la agencia de desarrollo SPRI, la Diputación foral de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao, y la colaboración del Puerto de Bilbao, BStartup de Banco Sabadell, BBK, Laboral Kutxa, CaixaBank y la Universidad de Deusto.

¿Cómo se evitan los robos en las tiendas?

Que no haya dependientes no quiere decir que nadie vigile a los amigos de lo ajeno. Más bien todo lo contrario; el módulo tiene un completo servicio de videovigilancia inteligente capaz de detectar, por ejemplo, si nuestra chaqueta abulta más al intentar salir que al entrar. Si es así, la puerta no se abrirá. Aunque, como reconocen los promotores de la idea, lo que realmente persuade a los jetas es saber que como el acceso sólo se puede hacer desde un móvil registrado, están ‘fichados’ desde el momento en que entran. «Si al hacer el inventario los números no cuadraran revisaríamos las cámaras, identificaríamos al responsable del robo y le vetaríamos el acceso a cualquiera de nuestras tiendas», explica Lino Monteagudo.

Fuente: El Correo