El Ayuntamiento de Colau encarga varios estudios que concluyen que un 39% de establecimientos no ofrecen productos saludables

No hay que ser un gran observador para saber que los barrios de renta más baja de Barcelona no pueden acceder fácilmente a productos ecológicos o disponer de tiendas de alimentación especializadas. Sin embargo, el Ayuntamiento de Barcelona ha querido presentar ahora cifras que aseguran que un 61% de comercios en la ciudad ofrecen alimentos saludables, frente al 39% restante donde predomina la oferta no saludable. Estos últimos se encuentran en los barrios del Raval, el Gótico, la Dreta de l’Eixample y la Vila de Gràcia, entre muchos otros. Así lo ha resuelto el Instituto de Estudios Regionales y Metropolitanos de Barcelona (IERMB), quien también ha asegurado que la calidad del entorno alimentario puede afectar directamente en el exceso de peso y en el desarrollo neuropsicológico de niños y adolescentes.

Autoservicios, servicios de alimentación para llevar y grandes cadenas de comida rápida. Estos son los principales establecimientos que continúan promoviendo la alimentación no saludable en la ciudad de acuerdo con la escala FES (Food Environment Score). En el ámbito metropolitano de Barcelona, sin embargo, apenas no existen desiertos alimentarios. Esas zonas donde hay un acceso inadecuado a supermercados que ofrezcan frutas y verduras frescas a precios asequibles. Actualmente, el porcentaje donde este acceso es deficitario es inferior al 1% y el único caso que podría considerarse como tal sería el del barrio de Torre Baró.

La globalización es una de las culpables de la transformación del paisaje alimentario. Este último ha tendido a occidentalizarse y a producir más alimentos procesados a precios muy baratos, según el estudio. Aun así, comienzan a despuntar los comercios con oferta ecológica, que representan ya el 10% del total en la ciudad, las alternativas de consumo como las cooperativas y los grupos de consumo, y los huertos urbanos. Desde el IERMB reclaman que las políticas que promueven el suministro de productos saludables se combinen también con medidas de formación a las familias en el entorno escolar y piden, sobre todo, que se conserve el modelo basado en el pequeño comercio de alimentos frescos.

Es evidente que el tipo de alimentación influye en el peso y una dieta no saludable puede acabar derivando en sobrepeso u obesidad. Según los estudios del IERMB, la oferta alimentaria cerca del lugar de residencia tiene una afectación directa en la salud, lo que significa que tener un take away o una cadena de comida rápida cerca de casa es negativo y es otro de los riesgos, además del sexo, la edad, el sedentarismo y los ingresos, que pueden acabar produciendo esta acumulación de grasa. La investigadora de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB), Catalina Londoño, ha evaluado el entorno alimentario entorno a las escuelas de Barcelona y ha concluido que el 90% de estos centros educativos tienen al menos dos establecimientos no saludables a menos de 400 metros. Además, son las escuelas públicas las que están más cerca de estos comercios, a diferencia de las concertadas.

La dieta tiene un efecto directo también en el desarrollo cognitivo de niños, niñas y adolescentes. Según el investigador del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV), Jordi Júlvez, “tener una dieta de baja calidad durante el embarazo, repercute en las futuras capacidades intelectuales del bebé”. De hecho, asegura que consumir frutos secos durante los nueve meses de gestación está relacionado con un mejor desarrollo neuropsicológico. La adolescencia es también un periodo crítico, ya que es cuando se desarrollan las funciones cognitivas superiores. Ariadna Pinar, investigadora del IISPV, confirma que cuánto más se incluya el ácido graso omega 3 DHA en las dietas, un ácido que se encuentra sobre todo en los pescados, mejor será el rendimiento de atención de los jóvenes.

Fuente: El País