Opinión. Su introducción ha sido tan exitosa desde el punto de vista del cliente como difícil de implementar en la temporalidad del retail español

Hace solo unos años que adoptamos la tradición americana del Black Friday y ya se ha convertido en una fecha señalada para consumidores y marcas, sobre todo, para el ámbito del retail y los consumidores más relacionados con el comercio electrónico. El año pasado se alcanzaron cifras récord, los pedidos aumentaron un 36% y la facturación media de los ecommerce españoles creció un 52,88% con respecto a la campaña de 2019.

Sin embargo, la adaptación de esta tradición foránea no está exenta de problemas de implementación en una sociedad con tradiciones y temporadas de consumo diferentes, a pesar de que la globalización está haciendo cada vez más homogéneos los mercados, las festividades y las temporadas de compra. Recordemos que el Black Friday en Estados Unidos nace para dar salida a los productos que no fueron vendidos durante el periodo de compras anterior al día de Acción de Gracias. Por tanto, como vemos, tiene un sentido concreto, como es rematar el stock acumulado para dejar sitio a los productos de la nueva temporada.

Sin embargo, en España, la introducción del Black Friday ha sido tan exitoso desde el punto de vista del cliente, como difícil de implementar en la temporalidad del retail español. De entrada, en España no se celebra Acción de Gracias, por lo que el Black Friday carece en nuestro caso del sentido que da origen a su celebración. En cualquier caso, por seguir la costumbre americana, en nuestro país hemos adoptado también la fecha de celebración del último viernes del mes de noviembre aunque, en nuestro caso, en lugar de limitar el periodo de rebajas a un día, se alarga en muchos casos a todo el fin de semana e, incluso, a toda la semana.

La fecha no es la más indicada para el mercado español, porque a nadie se le escapa que resulta chocante celebrar un periodo de rebajas justo antes de iniciar uno de los periodos de venta más importantes para el comercio en nuestro país como son las semanas previas a las fiestas navideñas. Por tanto, el encaje del Black Friday en España ha sido, y es, complicado y, si bien es cierto que ha resultado muy positivo en algunos años para animar las ventas en sectores concretos, también es cierto que puede resultar negativo para muchos otros actores del retail.

Este año, además, surgen nuevos escollos en la celebración tras haber salido de una pandemia mundial y con los retrasos que las producciones de temporada están teniendo. El desabastecimiento y los retrasos con cientos de productos, mercancías y componentes electrónicos es un problema real que está afectando principalmente al sector automovilístico, la moda, complementos e informática. El problema es una consecuencia de la pandemia y de la ultradependencia que tenemos de China y de Asia, en general. Por tanto, la planificación va a ser básica si queremos dar respuestas al público.

Parece, en cualquier caso, que el Black Friday ha llegado para quedarse, y falta todavía perspectiva para saber si robará el trono a enero como las principales rebajas de invierno. En cualquier caso, los mejores deseos para que tenga el éxito que todos esperamos y consiga revitalizar nuestra necesitada economía.

Pablo Borrás es CEO de 2bedigital

Fuente: Cinco Días