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Bolsos, café, pendientes, comida vegana… de venta en quioscos

Siguen en pie, pero ya no venden las mismas cosas. Los kioscos, emblemas de la ciudad, hacen buena esa idea tan recurrente de “reinventarse”

No les vamos a entretener desde este nativo digital con las enésimas reflexiones sobre la crisis del papel. Sí a centrarnos en el impacto que tiene sobre uno de los elementos más característicos del paisaje urbano de las ciudadeslos quioscos. Los que hoy funcionan sobre Madrid presentan ahora mismo una imagen muy distinta a la que pueden recordar los miembros de la “generación EGB” para abajo.

Bisutería, llaveros, juguetes, café recién hecho. Son sólo algunos de los artículos que sustituyen al abanico de cabeceras, fundamentalmente editadas en la capital, que pugnaban por llamar la atención del lector hace algunas décadas. Un paseo por la ciudad nos sirve para tomar la temperatura de un sector condenado al concepto, tan manoseado, de “reinventarse”.

Roberto López, cuyo establecimiento está frente a la sede que los conocidos grandes almacenes tienen en la calle Princesa, vende bolsos. La idea se la propuso otra persona que vio en su punto de venta una oportunidad de negocio. Y a él le pareció bien ante la superposición de crisis que ha visto ante sus ojos: papel, 2008, COVID. Justo cuando está describiendo lo complicado del panorama, irrumpe un señor para llevarse El País y El Periódico de España.

Y eso que pasan ya de las cinco de la tarde. Al oír nuestra conversación, interviene: “¡Menudo coñazo el electrónico! El olor, el tacto, el sonido del papel. Es imperecedero. Entre el big data y los algoritmos estamos jodidos”. Pero esa comunidad tan fiel es ya muy menguante. El retrato robot sería el de una persona mayor habituada a esos rituales de la lectura analógica.

El kiosco de Rafael Martín se ha convertido en un punto de visita obligado para los cinéfilos

El quiosco que regenta Rafael Martín, justo en la entrada del Café Comercial de la Glorieta de Bilbao, se ha convertido en un punto de visita obligado para los cinéfilos que siguen queriendo atesorar las copias de las películas en las estanterías. Los periódicos y las revistas ocupan un papel secundario. Apenas representan, nos dice, la quinta parte del negocio que suponían hace una década. En su lugar, se despliega ante los ojos del paseante una espectacular colección de filmes, clasificados por distintas temáticas.

El precio que más se repite son los dos euros. Algunas son ediciones en Blu-ray que conservan su precinto. Otras formaban parte de colecciones que se entregaban con algún periódico hace más de 20 años. Martín no tiene dudas al respecto: el cine ha salvado su negocio. En esta ocasión, ha aprovechado otra crisis, la de las ediciones físicas de las películas tras el auge de las plataformas de “streaming”, que ha convertido a los lugares en los que todavía se pueden encontrar en parada obligada de coleccionistas. Esta especialización le parece clave. Si estás cerca de un colegio, apostar por productos infantiles. Si estás en una zona turística, por “souvenirs”.

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‘El quiosko de las buenas noticias’. (J. I. W.)

En Alonso Martínez encontramos un exponente de uno de los intentos más claros por “modernizar” el concepto. Se trata de la cadena GoodNews. Su lema es “el quiosco de las buenas noticias”. Su dependienta, Zoe, no puede tener mejor interiorizada la filosofía de la empresa. “Renovarse sumando a periódicos y revistas “el buen rollo en el barrio”: café, bollería, bebidas, alimentos naturales, veganos…”.

En ese mismo punto había antes un punto de venta al estilo tradicional. De modo que ya intuye que la siguiente pregunta irá sobre cómo se lo han tomado los clientes más veteranos. Nos dice que están encantados. El establecimiento no puede desprender un aura más pretendidamente “cool”. La edición internacional de The New York Times y revistas extranjeras temáticas de esas que suelen posarse en las mesas de los pisos piloto. Sería el último lugar al que irías a por un sobre de cromos Panini.

Además de prensa, Iván vende revistas, juguetes y bebidas

La especialización de las publicaciones a la venta es también el punto fuerte de Iván, que tiene su quiosco a la altura del 76 de la calle Serrano. Cree que la zona también le acompaña. “La prensa de papel está muerta”, afirma taxativo. “Se la ha cargado Internet”, añade, “pero también las propias editoriales”. Por eso ahora, además de esas revistas, también vende juguetes o bebidas.

Cualquier paseante ha podido fijarse en el auge que parecen vivir los pasatiempos. Han pasado a ser un reclamo. Roberto López cree que es fruto de la pandemia, aunque el boom empezó a fraguarse en 2019. A fin de cuentas, la del autodefinido o el sudoku es una experiencia más difícil de replicar en los soportes digitales.

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En los quioscos GoodNews también venden café y bebidas. (J. I. W.)

Los coleccionables, que con sus voluminosas primeras entregas tanto animan las calles sobre todo en septiembre y enero, se han convertido en un foco de controversia en el sector. La culpa la tienen las ofertas que suelen tener estos primeros fascículos, que ya llevan dentro las instrucciones para suscribirse y recibir el resto de la colección sin tener que volver a pasar por el quiosco.

Otros exponentes de la era analógica sucumben; los kioscos buscan formas para seguir en pie

“Todavía hay gente que viene y te pregunta que cómo se hace para suscribirse”, se lamenta Rafael Martín. “No ocurre con ningún tipo de comercio. Pensemos en estancos o farmacias. Nadie vende algo que dentro anuncia que no lo vuelvas a comprar ahí”. El tabaco es otro caballo de batalla. Demasiadas exigencias, se quejan, para el margen de beneficio que pueden llevarse.

Mientras otros exponentes de la era analógica sucumben, los quioscos no dejan de buscar formas para seguir en pie. Solo el tiempo dirá qué objetos inimaginables acabaremos comprando en ellos.

Fuente: El Confidencial

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