El sector espera un primer trimestre bajo pero una mejoría para abril

El transporte se ve obligado a cambiar la programación por las cancelaciones

Los sectores del turismo y el transporte proyectan una recuperación progresiva de la demanda de viajes en el primer trimestre de 2022 con el horizonte de una Semana Santa, que este año se celebra en abril, con una mejora sustancial de los niveles de actividad. Tras dos años prácticamente en blanco por la situación sanitaria y el estado de alarma en que se hallaba España, la Semana Santa de 2022 supondrá, en opinión de la industria turística y siempre y cuando la afectación de la variante ómicron vaya remitiendo, un punto de inflexión, aunque todavía con cifras alejadas de las registradas en años prepandémicos.

«Espero que salvemos la Semana Santa. La gente quería viajar antes de la pandemia y quiere seguir viajando ahora con todas las medidas de seguridad», señala Javier Gándara, presidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA). «Estamos viendo que gracias a la política de flexibilidad que hemos tomado desde las aerolíneas, algunos de esos pasajeros que no pudieron volar en los últimos meses, lo han pospuesto para Semana Santa o verano, no a niveles iguales a los prepandemia, pero sí acercándose», argumenta. Este impulso, que también sostienen fuentes del sector ferroviario, se sustentaría fundamentalmente en el crecimiento de las reservas por parte de los españoles, aunque también se espera un alza paulatino de la demanda europea de proximidad a partir del mes de abril, admiten desde el sector turístico, tras un primer trimestre que muchos ya dan por perdido tras la aparición de ómicron.

En estos momentos, los datos de reservas para Semana Santa son todavía muy conservadores como consecuencia de la sexta ola de la pandemia y se sitúan un 62% por debajo de los niveles que había en estas fechas en 2019, según Destinia. No obstante, el volumen actual sí es mejor que el registrado hace un año, si bien con diferencias limitadas. De acuerdo con la agencia de viajes online, el peso de los extranjeros para viajar en Semana Santa a España es mejor que en 2021 y ya representan el 25% del total. De igual modo, los turistas están priorizando las reservas en destinos de playa y las islas, frente a las ciudades, siendo Cambrils, Benidorn, Málaga, Santa Cruz de Tenerife y Mojácar las localidades con el mejor comportamiento por reservas efectuadas.

La estimación del PIB turístico para el segundo trimestre se limita a un 11,8% menos que en 2019

En cualquier caso, la pandemia ha provocado un cambio en los hábitos de los viajeros y ahora la incidencia de las reservas y cancelaciones de última hora es mayúscula. «En condiciones normales, ahora sabríamos lo que vamos a volar en verano, pero ahora mismo es bastante difícil de saber qué vamos a hacer más allá de enero y febrero», señala el presidente de la patronal de las aerolíneas, que ven dificultades para planificar sus programaciones de cara al verano. Las cifras le dan la razón al sector turístico. Como muestra, en noviembre las reservas para diciembre apuntaban a unos niveles inferiores en un 15% a los registrados en el mismo mes de 2019 y con la explosión de la variante ómicron se produjeron múltiples cancelaciones. De hecho, para el primer trimestre, la previsión de ventas turísticas en España es actualmente un 33,2% inferior a la que hubo en 2019, según las estimaciones de Exceltur tras realizar una encuesta a más de 2.000 empresas. Es decir, la sexta ola ha más que duplicado el diferencial.

En términos de PIB turístico, la estimación para el primer trimestre es del 30,2% en el primer trimestre de 2022 frente al mismo periodo de 2019, de acuerdo con Exceltur. En el tercer trimestre de 2021 la distancia fue del 23,5% y en el cuarto del 19,1%. Ahora bien, en el segundo trimestre de este año se limitaría al 11,8% gracias, entre otros aspectos, al impulso de la Semana Santa. En este sentido, cabe destacar que la demanda nacional registrará un crecimiento entre abril y junio del 4% con respecto a 2019. Esto se explica también por la prevalencia de los españoles a viajar por España como consecuencia de la pandemia y de las restricciones que permanecen en muchos otros destinos.

Mientras, la demanda extranjera aún será un 21,1% inferior en segundo trimestre a la que hubo hace tres años, pero se trata del mejor dato desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020. Así, mejora significativamente la retracción del 80,6% que se produjo en el mismo periodo de 2021. También supera la caída del 38,7% prevista para los primeros tres meses de 2022 y la acumulada en la segunda mitad de 2021 (-48,2% en el tercer trimestre y -27,3% en el cuarto).

Ya en el tercer trimestre, Exceltur prevé que la diferencia con 2019 se acote al -7%, con un incremento de la demanda nacional del 2,1% y una bajada aún del 13,5% de la internacional; y en el cuarto trimestre se limite aún más, hasta el -5,5% (+1,3% de demanda española y -9,7% de extranjera). Todo ello permitirá a España elevar su PIB turístico un 52,9% en el conjunto de 2022, hasta alcanzar los 135.461 millones de euros. Un volumen que representará el 88,5% del logrado en 2019. La demanda nacional se situará un 2,3% por debajo de la de hace tres años y la extranjera un 18,9%.

Reprogramaciones continuas

Las reservas de última hora y los cambios constantes en las reservas obligan a las compañías a estar siempre alerta. En este sentido, Gándara recuerda que la irrupción de ómicron ha dado al traste con las programaciones de los primeros meses del año. «Estamos reajustando las programaciones de enero y febrero», reconoce, después de que Ryanair, entre otras, anunciase hace unos días la cancelación de miles de vuelos durante este primer trimestre.

El pasado mes de septiembre, la programación para invierno, es decir, hasta el mes de marzo de 2022, suponía un 2% más de operaciones que en 2019. En cambio, a mediados de diciembre, las cifras habían cambiado y habían pasado a un 4% menos que en el último año antes del Covid, teniendo en cuenta que las dos últimas semanas de la temporada de invierno ya fueron afectadas por el estado de alarma. «Ahora estamos por debajo de esa cifra», admite Gándara a preguntas de elEconomista.

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En este sentido, y de cara al próximo verano, se señaló que la programación iba a estar un poco por encima de la de la temporada estival de 2019. En cambio, debido a los continuos altibajos que provoca el virus y a la incertidumbre con la que vive el sector, desde la patronal de aerolíneas señalan que «probablemente habrá que revisarla de nuevo». «Hay que ir día a día», admiten.

Esta misma teoría la manejan otras empresas de transporte, como son las ferroviarias o las de viajeros por carretera, que señalan que están viendo continuas cancelaciones y modificaciones de billetes. Tanto es así que compañías como Renfe o Ouigo, los dos operadores de tren que operan en España en este momento, han adoptado flexibilización en sus billetes como ya han hecho con anterioridad las aerolíneas, lo que les permite manejar mejor la situación.

Verano similar al de 2019

Más allá de salvar la Semana Santa, el sector turístico y del transporte está enfocado en lo que pueda ocurrir en verano. Todo ello, mientras las empresas miran de reojo la evolución de la pandemia. «Este primer trimestre es complicado», admite el presidente de ALA, que explica que se une que es el trimestre más bajo de todo el año, sobre todo en lo que respecta a los meses de enero y febrero y que la Semana Santa cae más tarde de lo habitual.

«Esperamos que a partir de Semana Santa y de cara al verano sigamos en esa senda de recuperación y que durante la época estival podamos llegar a niveles de tráfico similares a los de antes de la pandemia», admite.

En este sentido, desde ALA esperan que para 2023 como año completo, las cifras se estabilicen a niveles pre-Covid. «Tenemos esperanza en que los países se hayan dado cuenta de que las restricciones no frenan la trasmisión de determinadas variantes», señalan, «lo que más afecta a la demanda, no es el miedo, son las restricciones que van poniendo los distintos países. Con cada restricción se desploman las reservas y eso nos hace daño», concluye.

Fuente: El Economista

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