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La reventa y los artículos de segunda mano: una solución a la pérdida de poder adquisitivo

Una solución tanto para consumidores como para minoristas

Muchos apuestan por integrar este mercado dentro de su propio negocio

La vida cada vez está más cara. Una realidad palpable en los precios de los alimentos, la factura de la luz y el saldo de la cuenta del banco. Frente a este panorama inflacionario, la reventa y los artículos de segunda mano se presentan como una solución tanto para los consumidores como para el sector minorista.

Ya incluso antes de la llegada de la pandemia, el sector de la reventa estaba en pleno crecimiento. En la actualidad, es una tendencia que se ha extendido a todos los ámbitos del comercio minorista, como demuestran los datos recogidos por eBay, la plataforma pionera en las ventas de segunda mano, que publica Forbes. En 2021, la venta de moda y artículos para el hogar «de segunda mano» se dispararon en el Reino Unido, hasta superar los 60 millones de artículos usados vendidos.

En los últimos años se ha producido una implosión de apps que ofrecen a usuarios particulares la posibilidad de vender artículos que ya no utilizan. Wallapop, Vinted, Depop o Vestiaire Collective (para prendas y complementos de lujo), son algunas de ellas. En dichas plataformas, los usuarios venden de todo y de todas las marcas, incluyendo Zara, Mango, Nike y Adidas, a precios inferiores al original.

En muy poco tiempo, el negocio de los artículos de segunda mano se ha erigido como un fiel adversario para las empresas del sector minorista, las cuales, cada vez más están apostando por integrar este mercado de rápido crecimiento dentro de su propio negocio. Urban Outfitters, por ejemplo, lanzó en otoño del año pasado Nuuly Thrift, su propia tienda de reventa online. Más recientemente, la marca de calzado Allbirds ha presentado Rerun, la plataforma de reventa integrada con la que se adentra en el mercado de las zapatillas de segunda mano.

Los grandes minoristas también se están sumando a esta tendencia. El año pasado, con motivo del Black Friday, Ikea volvió a lanzar la campaña ‘Green Friday’, una alternativa sostenible a la gran fiesta del consumo, con la promueve la recompra de sus muebles entre sus clientes. En 2020, Ikea tasó más de 300.000 muebles de segunda mano. El británico John Lewis ha lanzado un programa similar. Asda, por su parte, tiene a la venta ropa de segunda mano en 50 supermercados.

Sin embargo, ofrecer a los clientes la posibilidad de revender sus productos no solo alimenta la fidelidad de dichos consumidores hacia la marca y se ajusta a su nuevo poder adquisitivo. También permite al sector minorista dar respuesta a las demandas de sostenibilidad por parte de unos consumidores cada vez más concienciados con el impacto negativo de la cadena de suministros en el planeta.

El poder de la Generación Z

La Generación Z, los nacidos entre 1997 y 2015, tienen un gran poder de persuasión sobre las generaciones mayores cuando se trata de decisiones relacionadas con la sostenibilidad. Tal es así, que la preferencia de los consumidores de la Generación X por comprar marcas sostenibles ha aumentado un 24% y su disposición a pagar más por productos sostenibles se ha incrementado un 42% desde 2019.

A la influencia de la Generación Z se suma el hecho de que la pandemia ha hecho que muchos se replanteen sus hábitos de consumo y su impacto en el planeta. En la actualidad, casi el 90% de los consumidores de la Generación X afirma que estaría dispuesto a gastar un 10% más o más en productos sostenibles, en comparación con el 34% de hace dos años, según el informe de First Insight que publica Forbes.

La mayoría de los encuestados de todas las generaciones tienen un alto grado de expectativa de que los minoristas y las marcas actúen de manera sostenible. Aunque no para todos significa lo mismo. Para los Millennials (46%), los X (48%) y los Boomers (44%), la sostenibilidad significa «productos fabricados con fibras y materiales reciclados, sostenibles y recolectados de forma natural». Mientras tanto, casi la mitad de los encuestados de la Generación Z consideran que este término quiere decir «fabricación sostenible».

Fuente: El Economista

AGECU