El buque insignia de Amancio Ortega zarpó hace justo quince meses tras 40 años en la ciudad e inició la marcha de otras firmas de la Calle Mayor y la proliferación de locales vacíos

Novecientos cincuenta metros para disfrutar del paseo, de las tiendas y de las compras. El kilómetro de oro de la capital palentina está huérfano desde que se fue Zara, el 23 de enero de 2021, justo hace quince meses, y dejó un terrible hueco en la Calle Mayor. 2.500 metros útiles de hueco, de escaparates vacíos, de falta de luces y de vida. El cierre de Zara, después de 40 años en la ciudad, supuso un antes y un después en las compras, en los clientes, en la población en general. Todos, de una manera o de otra, sintieron que la firma internacional de Amancio Ortega bajara la verja por última vez e hiciese las maletas. Todo se debió a un plan de digitalización, una renovación en el mapa de tiendas del país, donde clausuró entre 250 y 300 por el alza del comercio electrónico y por el objetivo de abrir establecimientos más grandes.

«Se ha notado el flujo de gente que pasaba y que ahora ya no lo hace. Es un 20% menos de personas que pasan por la Calle Mayor. Y eso es un tirón, porque si la gente pasa puede mirar más escaparates y detenerse en otras tiendas. Si no pasa, da igual», afirma Domiciano Curiel, dueño de la tienda Zuchi, situada justo enfrente del local de Zara, y también presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos de Castilla y León.

La andadura de Zara en Palencia comenzó en 1981 en el local situado en la plaza de Abilio Calderón (hoy plaza de los Juzgados), donde estuvo hasta 2001 cuando desembarcó en el punto más comercial de la ciudad, en la Calle Mayor. El traslado de la marca de Inditex a la céntrica calle generó la proliferación de pequeños comercios en el entorno. El primer local de Zara pasó a ser Zara Lefties, también de Amancio Ortega, que también cerró dejando otro gran vacío en la ciudad.

«Las grandes firmas son elementos de atracción para las tiendas de alrededor», argumenta el decano de Comercio

Zara marcó el inicio de una decadencia comercial, de una tristeza generalizada entre los palentinos que paseaban por sus calles y solo veían locales vacíos y carteles de ‘Se alquila’. «Palencia se muere» ha sido y sigue siendo una de las frases más repetidas desde que Zara se fue.

A esta marcha, le siguió Punto Roma, otro gran local de la Calle Mayor vacío desde el 28 de febrero del año pasado. Festa y Oysho, esta última también de Inditex, eran las siguientes en decir adiós e irse de la capital palentina. La tienda de electrodomésticos Worten, situada en el centro comercial Arambol, también decidía abandonar Palencia, junto con Wolala, de artículos para el hogar, que ahondaban más en la herida abierta del comercio palentino.

«Las grandes firmas son un elemento de atracción. Mucha gente va, pero no todos encuentran lo que quieren y además se fijan en las tiendas de alrededor. Según pasas para ir a Zara, vas fijándote en otros escaparates. Hay fruterías que se han instalado cerca de los grandes supermercados porque saben que ahí venden más», argumenta el decano de Comercio de la Universidad de Valladolid, José Antonio Salvador Insúa. «Ver una calle llena de locales vacíos genera que la atención y la emoción de los clientes baje. La gente pierde interés y se enfría. Eso afecta mucho. Evidentemente no es lo mismo pasar por un sitio lleno de escaparates bonitos, llenos de emociones, que te hace estar más predispuesto a comprar, a pasar por escaparates vacíos, con las luces apagadas. Palencia es una de las ciudades de Castilla y León que más ha sufrido los cierres, puede que por su proximidad a Valladolid», agrega.

Es importante que los viandantes, que los posibles compradores, pasen por la tienda. Es el primer paso para conseguir una venta. El siguiente es conseguir su atención. «Lo importante es que la gente pase y una gran cadena atrae a mucha gente. Y cuando pasan por tu tienda, luego es tu trabajo hacer que ser fijen en tu producto y te compren a ti», añade Salvador Insúa.

Venta ‘on-line’

El cierre de negocios se ha incrementado con la pandemia y ha crecido la compra por Internet. «Estudiamos tendencias de comercio y es verdad que los hábitos han cambiado. Amazon ha ganado mucha cota de mercado a través de su servicio, 24 horas y 7 días a la semana, pero en general todas las compañías grandes han ganado con la venta ‘on-line’. Cuando se acabó el confinamiento, se volvió un poco a lo normal, pero se han incrementado más del doble de lo que había antes», explica el decano de la Facultad de Comercio.

Este nuevo modelo de negocio, el de la compra digital, «no genera actividad económica bajo ningún concepto y no es bueno porque el comercio favorece a la ciudad, verla toda encendida, con muchas tiendas, que dé vida a las calles», señala Domiciano Curiel, quien además subraya la importancia de las tiendas físicas que generan riqueza económica por los servicios de bolsas, limpieza, electricidad… todo lo que les rodea. Eso repercute en Palencia.

Lefties ha sido la última marca de Amancio Ortega en irse y ya solo queda en la ciudad la tienda de Stradivarius –en la Calle Mayor–, gestionada por una docena de profesionales, del empresario gallego. La última cadena en anunciar el cierre, también en la Calle Mayor, ha sido la perfumería Douglas, mientras su plantilla se manifiesta contra esta decisión y pide continuar trabajando en la tienda de Palencia.

Experiencia de compra

El decano de Comercio sabe que los negocios de proximidad tienen un arma que las grandes superficies, no. «Es necesario trabajar mucho la experiencia de compra, que la gente se lo pase bien comprando. Las tiendas tienen que trabajar mucho esto. Y eso es algo que una gran cadena no te puede dar, esa cercanía, el conocimiento del producto, del cliente cuando vuelve, que pueda conversar y que le ofrezcas productos para que se pueda fiar de tu opinión», sentencia Salvador Insúa.

Un grupo de empresarios palentinos barajó convertir el amplio local de Zara, vacío desde hace demasiado tiempo, en una especie de centro comercial, un punto de encuentro con una treintena de tiendas. «Entre pandemia, guerra y demás está paralizado y el consumo se ha frenado bastante. Habría que retomar la idea, porque había muchos a favor de hacer algo ahí», reconoce Curiel.

Unos alquileres excesivos para una realidad distinta

Los locales vacíos salpican y entorpecen la belleza de la Calle Mayor, a la vez que ponen en evidencia el declive del comercio en Palencia. «Ver ese local cerrado es un problema y el de al lado, también. Habría que estudiar alquileres y entre todos trabajar para subsistir. Hay algunos alquileres de ciertas zonas que tienen alquileres excesivos. Es verdad que tú no puedes poner precio a quien tiene el local, pero esos comercios tienen que ser un poco rentables para poder tener un sueldo normal y seguir subsistiendo», analiza Domi Curiel, presidente de ATA. «Tenemos que ser sensibles, la realidad que tenemos ahora en Palencia no es la misma que hace ocho años».

Fuente: elnortedecastilla