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La presión del alquiler pone  en jaque a las tiendas de siempre de Barcelona

La vuelta a la normalidad recrudece el monocultivo comercial del centro de la capital catalana

La amenaza del monocultivo comercial se cierne sobre el centro de Barcelona. La vuelta a la normalidad está recrudeciendo la presión inmobiliaria. Las tiendas de siempre tienen cada día más dificultades para pagar sus alquileres, y son sustituidas por otras de camisetas con la imagen de Blancanieves esnifando una raya de cocaína.

Núria Arnau, de la sombrerería Mil, un negocio que se remonta a 1856, y en la calle Fontanella desde 1917, cuenta que el propietario ya le dijo que actualizará la renta según el mercado. “Hablamos de una subida a los 12.000, 13.000, 14.000 euros… ¡eso es lo que dice el mercado! Ahora pagamos 8.000, y estamos en el límite. Estamos potenciando la venta on line, pero el negocio no da para más. En la pandemia tuvimos algunos descuentos, pero aquello ya pasó. El centro ya no es sostenible. Antes todo esto estaba lleno de tiendas con solera. Y ahora solo abren de regalos , recuerdos, camisetas… Fíjese en la calle Comtal. Es una pena. Soy la cuarta generación de este negocio, y la quinta ya está trabajando, pero…”.

Los nuevos comercios son de recuerdos, parafernalia marihuanera, carcasas de móviles…

Cerca, un librero prefiere mantener su anonimato, al menos mientras duren sus negociaciones. “Pago más de 4.000 euros, pero no puedo pagar más de 3.000. En la pandemia la propiedad me dio facilidades y ayudas, y ahora me dicen que ellos no son los responsables de la viabilidad de mi negocio, que los precios de mercado son muy superiores, que les gustaría que me quedara, pero… La verdad es que aquí una librería no funciona, ya no… Me gané la vida muchos años, pero ya no hay manera. Quiero aguantar hasta la jubilación, pero cada día lo veo peor. No creo que pueda”.

En la asociación de comerciantes Barna Centre llevan una relación de las bajas más significativas de los dos últimos años: Mercè Vins, Fills de M. Sala, E l Gran Café, farmacia La Estrella, las galerías El Camello, un montón de zapaterías de toda la vida… Y tomando el relevo abrieron unas 35 tiendas de recuerdos y regalos económicos, una decena dedicadas a parafernalia relacionada con la marihuana, otras tantas de carcasas para móviles… Sí, las nuevas tiendas de souvenirs están vetadas en la ciudad, pero manda la picaresca. “Es que los alquileres suponen el 70% de la facturación –abundan en Barna Centre–, y ello da pie a que las propuestas que menos aportan al barrio sean las que tienen más posibilidades de salir adelante. En la calle Ferran ya solo quedan cerrados una cuarta parte de los locales, pero la mayoría de los negocios de siempre se quedaron en el camino”.

La sombrerería Mil atraviesa momentos de incertidumbre
La sombrerería Mil atraviesa momentos de incertidumbre Mané Espinosa

El inmobiliario Miquel Laborde, de Laborde & Marcet, explica que las marcas y las franquicias vuelven a fijarse en la calle Ferran, que estos días se firmarán varios contratos, que los precios de los alquileres se están recuperando muy deprisa… Los tiempos de la milla de plomo y aquella sucesión de persianas metálicas bajadas ya quedaron atrás. “La vuelta de los turistas es determinante. Pero las políticas municipales son muy restrictivas, sobre todo en relación a las actividades”. Ello también contribuye a que tantas tiendas se antojen tan parecidas.

Teresa Llordés, presidenta de Barna Centre, tercia que el centro de la ciudad requiere de una reflexión colectiva, de un planteamiento orquestado por administraciones, comerciantes, propietarios, vecinos… que de lo contrario no hará otra cosa que diluirse poco a poco. “Piden 15.000 euros por un local de 40 m2. Todo esto es un sinsentido que da pena ¡y a ver qué pasa con las obras de Via Laietana! Si el área metropolitana nos da la espalda…”.

La histórica papelería Miret está estos días de mudanza. Rosa Olivé cuenta que su padre murió en diciembre, que su contrato de alquiler era de 1974, que no hubo modo de ponerse de acuerdo con los dueños del local. “Ni en la renta ni en las condiciones. Querían renovar año a año”. La Miret data de 1919, y se instaló en Petrixol en 1936. “Y nos pusimos a buscar un nuevo local. Todo era tan descorazonador ¡¿22.000 euros?! no tiene sentido. Yo quería seguir en el barrio, pero no de cualquier modo. Estos días se ve mucha gente, pero en realidad no es tanta, y la verdad es que gastan mucho menos que antes. Por ello abren tantas tiendas de regalos baratos. Parece que son las únicas con futuro”. Y, cuando todo parecía perdido, cerró sus puertas el negocio de al lado, y su inquilino le dijo a Rosa que hablara con su propietario, que era una persona razonable, y… “Creo que mi padre nos ayudó, desde donde está”.

El fin de una época
El adiós a 140 años de historia en el Raval

A fin de mes, al otro lado de la Rambla, en la calle Elisabets, cerrará sus puertas tras 140 años de historia la casa de pinturas y droguería Gomara. Los empleados de esta conocida tienda del Raval detallan que el negocio no puede afrontar el encarecimiento del alquiler. Se trata de una de las esquinas más conocidas de este lado de la ciudad. “Pagábamos 1.600 euros, y los propietarios querían que la renta del nuevo contrato fuera de 4.000. El jefe ofreció un poco más, pero no fue suficiente. Nos renovaron un mes, pero se ve que ya encontraron nuevo inquilino porque luego nos dijeron que 4.000 euros o nada. Así que el día 30 estaremos fuera. No sabemos qué abrirá en nuestro lugar, pero la verdad es que ningún comercio como el nuestro puede asumir estos costos. Es una pena. La gente nos dice que el barrio nos echará de menos ¡aquí siempre vinieron un montón de artistas!”. Porque la presión inmobiliaria también hace estragos al otro lado de la Rambla. La agrupación de comerciantes Eix Raval lamenta que en apenas un mes perdió 15 asociados. “Tiendas de todo tipo, de ropa, de telefonía –detallan en la entidad–… y también algunos bares. La pandemia dejó a muchos con muy poco margen de maniobra, y ahora no pueden más, no pueden afrontar los alquileres. Necesitamos una ley que regule los arrendamientos de los locales, pero ninguna administración hace caso al pequeño comercio”. Y a este lado de la Rambla el resultado de esta presión también es el monocultivo comercial, sobre todo de fruterías y tiendas de alimentación.

Fuente: La Vanguardia

AGECU