Un equipo vallisoletano desarrolla una plataforma para que el pequeño comercio pueda reaccionar de forma rápida y eficaz a los constantes cambios que se producen en el sector. Da respuesta a sus necesidades. 

El comercio está en constante evolución; los clientes son cada vez más exigentes y requieren incorporar novedades que les faciliten los procesos de compra, los pagos y, en general, favorecer una buena experiencia. La incorporación de estos procesos ayuda a las empresas a ser más eficientes, ahorrar tiempo y vender más. Sin embargo, no siempre es posible conocer cuáles son las mejores tecnologías de las que rodearte para avanzar en ese camino. 

Un equipo de la Cátedra de Innovación para el Comercio trabaja en el desarrollo de una plataforma de experiencia del cliente para dar respuesta a las necesidades de los comercios minoristas, en concreto pone a su disposición herramientas que les permitan reaccionar de forma rápida y eficaz a los constantes cambios que se producen en este sector, ayudando a modernizarse, incluyendo su adaptación a la nueva generación de consumidores, con todo lo que ello implica. 

Para poder ser esa mano amiga, primero se identifican los problemas del comercio minorista, analizando una serie de variables y, a continuación, se proponen soluciones adaptadas a las necesidades de cada negocio. «Esta plataforma se nutre de diferentes fuentes de información. Todos los datos se suben a una nube para poder ser analizada con la intención de relacionar distintos tipos de variables y analizar cómo pueden afectar a las ventas de los comercios», explica Marta M. Ingelmo Palomares, directora académica de la Cátedra de Innovación para el Comercio. 

¿Qué datos son clave? Comenta que, entre otras variables, se recoge el número de personas que pasan por la calle en la que está ubicado el comercio, hora y climatología; respecto al cliente se conoce su lugar de procedencia, su ticket de compra, modo de transporte, así como su sexo y edad. A todo esto se añade la reacción de sus emociones al entrar en la tienda, lo que ayuda a conocer cuáles son los puntos fríos y calientes de un establecimiento, la reacción de un cliente ante el precio de un producto, qué partes de una tienda llaman más o menos la atención, etcétera.

«Todos estos datos se analizan por un equipo multidisciplinar compuesto por estadísticos, expertos en marketing, en comercio y en tecnología neurocientífica. También han participado informáticos para el diseño y desarrollo de las aplicaciones necesarias tanto para la recogida y análisis de datos, como para el formato final en el que se mostrará la información al comercio», informa Ingelmo Palomares para, a renglón seguido, añadir que ayudan al pequeño comercio a través del perfil comercial de las ciudades y, por ende, a los ayuntamientos y a todas las instituciones que apoyen al comercio. 

En su opinión, es una herramienta de gran ayuda para el pequeño comercio. «Muchos establecimientos no disponen de recursos para analizar la situación de negocio. A veces es falta de tiempo, puesto que en muchos casos el comerciante realiza la mayoría de las actividades que implica un comercio, desde la gestión de las compras con proveedores, decoración de la tienda, escaparate, atención al cliente, ordenar el almacén… A veces es falta de información o cómo hacer uso de la misma, e incluso ausencia de formación, puesto que en un entorno tan cambiante y competitivo es complicado estar al día en diversos ámbitos si no se cuenta con expertos», expone. 

En este sentido, la directora académica de la Cátedra de Innovación para el Comercio incide en que quieren ofrecer esa ayuda mostrando cómo es su cliente, tanto su perfil más objetivo (sexo, edad, en qué medio de transporte llega a su tienda…) como más subjetivo, es decir, las sensaciones que le transmite el establecimiento, sus productos, el escaparate… «Todo esto junto a propuestas de cambio. Va a ayudarles en su toma de decisiones, de hecho, algunos de los comercios donde hemos hecho la experiencia piloto ya han modificado, por ejemplo, diferentes aspectos de la tienda siguiendo las propuestas realizadas tras el análisis de los datos, y han notado mejoría en las ventas». 
Respecto a las ventajas, apunta que, en primer lugar, pone a su disposición la posibilidad de obtener información real acerca de su comercio, de sus clientes reales o potenciales, de su sector o zona comercial. «Nos permite relacionar y analizar diferentes variables y cómo influyen en las ventas del comercio. Disponer de información real y online que ayude en la toma de decisiones tanto al comerciante como a todas las instituciones implicadas en el sector del comercio», insiste Marta M. Ingelmo Palomares.
Un valor añadido que se suma, según manifiesta, a la sensación de no estar solos, y de contar con el apoyo de los expertos. «Podrán basar sus decisiones en datos reales, no solo en corazonadas, que, unido a su experiencia, estamos seguros serán de gran ayuda para ser más competitivos y dar respuesta a las necesidades de los clientes actuales».

El proyecto, del que se ha realizado una prueba piloto en Palencia, es pionero porque es difícil encontrar tecnología neurocientífica aplicada al comercio. También, agrega, puesto que diseñar una plataforma que recoge datos de fuentes de información tan diversas, de manera online permitiendo analizar y relacionar con las ventas de los establecimientos variables tan diversas. «Esto nos permite ofrecer un diagnóstico real de la situación de una tienda en particular, de una calle comercial, una zona o incluso de una ciudad; y completarlo con un informe que incluye las principales conclusiones o propuestas prácticas de actuación para la parte interesada», sostiene. 

Su intención, tal y como avanza Marta M. Ingelmo Palomares, es escalarlo a cualquier ciudad de España y de otros países, y servir de ayuda en la toma de decisiones de los pequeños comercios y de todas las instituciones implicadas en el sector. «Sumando entre todos es la mejor manera de apoyar y potenciar un sector muy castigado, no solo por la pandemia de la COVID-19, también por los cambios tan rápidos ocasionados por las nuevas tendencias de las generaciones más jóvenes de consumidores y las tecnologías adaptadas a la logística y las relaciones con los clientes y con los proveedores», concluye la directora académica de la Cátedra de Innovación para el Comercio. 

Fuente: El Mundo