Las empresas de mensajería les pagan entre 30 y 50 céntimos por cada paquete que reparten o recogen

«Un comercio puede obtener unos 300 euros de ingresos al mes por este concepto», señalan en la Confederación Española de Comercio

A Alberto Torres cuando llegó el coronavirus no le pilló a pie cambiado. «Es que llevamos vendiendo mascarillas desde que abrimos hace 60 años. Mira», dice señalando un folleto que parece una paleta de pintor, «las tenemos de hasta 16 colores. Para comuniones y bautizos hemos vendido muchas; la gente quería ir conjuntada». 

Barrio Puerta del Ángel. Ferretería Torres. Alberto está detrás del mostrador de madera, sentado en una banqueta. Con unos «buenos días, ¿qué desea?» te da la bienvenida este hombre de ojos claros, chispeantes, al que contemplan 82 primaveras, 60 de ellas en la ferretería. 

Dice que él ya está jubilado, que viene a echar una mano a su hija Rosana y a su nieto Alejandro, pero es que lo lleva en la sangre. 

Los vecinos pasan a saludarle, él les pregunta por los viajes de sus hijas, por las notas del niño en el cole. 

Cuando se deja caer algún vecino con perro saca un bote de chuches de algún estante y le da una. Sus dueños sonríen. «Venga, nos vemos mañana». Tras toda una vida en el negocio, sabe fidelizar clientela. 

Un litro de leche

«Mira, hace dos meses o así, cuando empezaron a faltar productos en los supermercados, mi padre regalaba un litro de leche», recuerda con orgullo su hija mientras su padre se dirige a la parte de atrás de la tienda. «Aquí siempre hay algo que hacer», suelta Alberto. PUBLICIDAD

Sorteando cajas y albaranes desperdigados aquí y allá, uno llega al mostrador de esta ferretería que a ratos parece un gigante bolso de Mary Poppins del que todo puede salir. 

Imagen de una de los paquetes almacenados en la Ferretería Torres./ALBA VIGARAY

En el lado izquierdo nada más entrar, entre herramientas, pequeños electrodomésticos y cientos de cajas de bombillas, llama la atención ver decenas de paquetes acumulados, de distintos tamaños, algunos de ellos en el suelo porque son de gran volumen. 

Llega María, una vecina del barrio que nunca había pasado por el emblemático establecimiento y enseña un código que Alejandro lee con un lector. El empleado se va buscarlo y vuelve con el bulto. «Son unas camisetas que había pedido. Me sorprende mucho que hayan llegado tan rápido, en apenas 24 horas, y es rarísimo que me hayan dicho que venga a recogerlas a una ferretería», se sorprende la mujer. 

– Pues ya sabe donde estamos, para lo que quiera.

Conociendo a Alberto no suena raro que hace cuatro años le dijera que sí de primeras a las empresas de paquetería que le ofrecieron ser un punto de entrega (pick-up), un modelo que se ha extendido por las grandes ciudades de España y que aument- con la pandemia. 

Los trabajadores de DHL, Seur, Ups o Celeritas, entre otras, utilizan las tiendas de pequeños comercios como puntos de reparto y recogida de paquetes cuando han ido a la clase del cliente y nadie les abre la puerta.

 Por cada paquete que gestionan la compañía le da al comerciante entre 30 y 50 céntimos. Una ayuda extra que a las pymes de barrio les ayuda a seguir aguantando ante las grandes cadenas y que de alguna forma les compensa minimísimamente la clientela que el comercio online les quita. 

«Estimamos que de media un comercio puede obtener unos 300 euros de ingresos por este concepto; es decir de esto solo no pueden vivir, pero sí puede suponer una ayuda extra», señalan desde la Confederación Española de Comercio. 

Alberto coloca varios paquetes en uno de los laterales de la ferretería./ALBA VIGARAY

«Económicamente, resulta más rentable para los negocios cuando, además de punto de recogida, se convierten en punto de entrega, porque de esa manera reciben una mayor remuneración por parte de las plataformas«, añaden fuentes de la asociación. 

«Lo cierto es que no está fácil mantenerse y esto es una ayuda, un aliciente», ratifica Alberto, cuyo apellido da nombre a la Ferretería, la última abierta de las cuatro que llegó a tener, una de ellas en la calle Montera. https://datawrapper.dwcdn.net/HJFH1/4/

Según explica Alejandro, el nieto, pueden llegar a entregar 20 paquetes al día, aunque se multiplica en Navidades o por el Black Friday. 

«Tenemos muchísimas reseñas buenas en Google como punto de recogida, muy buena puntuación», presumen los tres, a los que no se les desdibuja la sonrisa del rostro. «Yo soy majísima siempre, excepto algún día que me levanto torcida», bromea Rosana. 

Normalmente, la paquetería la reciben por la mañana y los clientes suelen frecuentar el establecimiento por las tardes. Ellos aprovechan para venderles otras cosas. «Nos ayuda a incrementar el flujo de clientes», señala Rosana.

Alberto, Rosana y Alejandro, tres generaciones de Torres, posan en la ferretería. /ALBA VIGARAY

«Te da la oportunidad además de venderles algo más. Les decimos que somos especialistas en iluminación [venden por toda España por su atractiva relación calidad-precio], mascarillas… ahora tenemos pequeños electrodomésticos», explica Alejandro.  

Aunque el producto estrella las últimas semanas son los ‘salvavidas’, las señales V16 homologadas por la DGT para poner en el techo del coche si se tiene un accidente. Y las pilas Duracell AA. «Nadie las vende tan baratas como nosotros, por 2,99 euros», explica Rosana. 

«Entre los paquetes que recibimos hay de todo», añade Alejandro, «desde ropa a televisiones… una vez nos llegó una rueda de coche». Dentro del servicio que ofrecen en Torres está el de ser centro de almacenaje de tránsito. Cuando llega algún paquete y el vecino no está, se lo guardan aunque la compañía de mensajería no les tenga contratado el servicio. 

«La comisión no es mucha, no llega a 50 céntimos, pero nos sirve para darnos a conocer en el barrio», ratifican en una papelería de Embajadores donde también ofrecen ese servicio. «A mí no me da ningún beneficio, igual de los diez que vienen a por el paquete solo uno fuma», comenta Julio, dueño de un estanco en Paseo de Extremadura que asegura que reparte paquetes simplemente por «el hecho de dar servicio». 

Alberto Torres, fundador de la ferretería hace 60 años, da de comer a dos perros./ALBA VIGARAYNoticias relacionadas

Aparte de la ayuda económica que puede representar, «la principal ventaja de ser puntos de conveniencia para los comercios es que les permite aumentar el tráfico y atraer potenciales clientes a sus establecimientos y ganar visibilidad ante estos usuarios de empresas de mensajería, que quizá de otra manera no hubiesen descubierto su comercio», apuntan desde la Confederación de Comercio, que en un momento dado llegó a colaborar con la empresa de mensajería GLS. 

«Tan solo en los primeros cuatro meses se adhirieron más de 1.000 comercios a la red de puntos de conveniencia, tiendas de proximidad pertenecientes a una gran variedad de sectores y establecidas tanto en ciudades como en zonas rurales», concluyen desde el colectivo.

Fuente: El Periódico