El comercio minorista en la comunidad aragonesa mejora sus perspectivas en relación al año 2021 tanto en su percepción de la economía en general como en la campaña de rebajas de verano en la que el 55% afirma que su facturación será superior a la registrada en la campaña de 2021.

Sin embargo, en esta temporada de descuentos, destaca además que el 42,6% considera que el incremento de las ventas será inferior al 10%, mientras que el 24% de los comercios consultados prevé un impacto negativo de la facturación superior al 10% en relación con la campaña del año pasado, según se recoge en el III Barómetro del Comercio Minorista en Aragón, realizado por la Fundación Basilio Paraíso tras el análisis de 162 empresas situadas en la comunidad aragonesa durante la segunda quincena de junio de 2022. El margen de error para un nivel de confianza del 95% es del +/- 5% para el total.

Estas perspectivas se tienen a pesar de que la plena recuperación de la economía se está viendo dificultada por el conflicto de Ucrania y la crisis de la COVID-19, que impactan en la facturación del comercio minorista. Más de la mitad de los comercios encuestados, en torno al 51,6%, valora de forma positiva la situación económica en 2022, lo que supone 2,5 puntos más en comparación con 2021. Menos del 10% de los comercios apunta que su actividad está condicionada por alguna restricción administrativa derivada de la COVID-19.

El 50% afirma que ha facturado más en los cinco primeros meses del año sobre el mismo período de 2021, aunque el aumento es menor del 10% para el 28,4%. El barómetro también refleja que casi el 30,1% de los comercios ha visto reducidas sus ventas en un 10% o más.

Uno de los datos más llamativos es que el 47,5% de los comercios no realiza ventas por canales digitales, que para el 38,9% suponen menos del 5% de la facturación total. Finalmente, el barómetro presta atención al empleo. En este campo, se recoge que el 77,8% de los comercios encuestados tiene menos de cinco empleados. Finalmente, el 71% desempeña su actividad en un local arrendado.

Fuente: El Economista