Un diagnóstico elaborado por la Facultad de Comercio de la Universidad de Málaga concluye que apenas el 31% de estos negocios tiene herramientas de venta electrónica.

El riesgo cierto de que el llamado comercio tradicional desaparezca definitivamente de Málaga capital está sobre la mesa. El crecimiento de las compras por internet, el peso de las grandes cadenas y franquicias, sumados al fuerte impacto de la pandemia de la Covid sobre negocios fundamentalmente familiares, asoman desde hace tiempo como amenazas para la supervivencia de estas tiendas, de estos bares… Convertidos con el paso de los años en referencias cercanas en los barrios.

Por eso el Ayuntamiento de Málaga, consciente del delicado escenario en el que se mueven estos establecimientos, trabaja desde hace meses en un plan con el que intentar visibilizar sus problemas y fijar un nuevo rumbo mediante el que garantizar su continuidad. Algo que, irremediablemente, pasa por romper la gigantesca brecha existente con lo digital. 

La estrategia, fruto del trabajo de colaboración del área de Comercio y de la Facultad de Comercio de la Universidad de Málaga, tiene ya sus primeros frutos en forma de radiografía sobre estos negocios.

Aunque no hay datos oficiales sobre la cifra de estos comercios tradicionales en la capital, el equipo de investigación de la UMA ha realizado un estudio pormenorizado, contando para ello con una muestra de casi 200 negocios y entrevistas «personales» a sus titulares.

De entre todas las conclusiones, destaca por encima del resto que apenas el 31% de los encuestados admite disponer de herramientas de venta electrónica. Estas pequeñas empresas, generalmente de naturaleza familiar y acotadas al barrio en el que fueron creadas, lo más que hacen es utilizar plataformas como Facebook (88,6%) e Instagram (casi un 65%). 

«Hay una tendencia al consumo local y si tenemos un producto diferenciado, que entra en precio, con atención al cliente… se pueden hacer muchas cosas»

Benjamín del Alcázar, decano de la Facultad de Comercio de la UMA

Algo de todo insuficiente en un escenario altamente competitivo. Así lo señala el decano de la Facultad de Comercio, Benjamín del Alcázar, quien subraya la necesidad de revertir esta situación. «Si me quedo cruzado de brazos…», sentencia. Pese a la realidad de los números, es optimista respecto a la posibilidad de mejorar las condiciones a medio y largo plazo.

Soluciones de futuro

«Hay una tendencia al consumo local y si tenemos un producto diferenciado, que entra en precio, con atención al cliente… se pueden hacer muchas cosas», fija como línea a seguir, subrayando que estos comercios tradicionales deben asumir una realidad: «No hay que pensar que el comercio electrónico es el lobo».

Para Del Alcázar, lograr su supervivencia es un valor añadido para la ciudad, ya que «favorece que los barrios sigan teniendo vida, que no queden despoblados por falta de equipamientos comerciales o de oportunidades laborales».

Pese al efecto que las grandes superficies tienen en el plano de la competencia comercial, apunta la existencia de pequeños negocios «que se han modernizado, que se han dado cuenta de que lo que quiere el cliente es una atención personalizada y un producto diferenciado».

«Lo que no puede hacer ese pequeño comercio es tratar de competir con Amazon; tiene que ver si Amazon le puede aportar a la hora de vender fuera del barrio pero tiene que establecer estrategias para llegar a mis clientes potenciales», añade.

Presentación del diagnóstico del estudio sobre el comercio tradicional de Málaga.

Presentación del diagnóstico del estudio sobre el comercio tradicional de Málaga.

A partir de este primer diagnóstico, como explica la concejala de Comercio, Elisa Pérez de Siles, se establecerán «medidas concretas de protección de los comercios tradicionales».

Iniciativas que contarán con partidas económicas en los presupuestos municipales. «Con toda la problemática trasladada y el perfil concreto al que nos dirigimos implementaremos medidas no sólo de la actividad, para evitar que se pierdan usos o servicios tradicionales, sino también cuestiones que tienen que ver con el inmueble con la maquinaria, fachadas…», agrega.

«Hemos estado viendo medidas que se desarrollan en ciudades de otros países europeos; la idea es identificar prácticas de éxito en otras urbes», ha explicado la edil, quien pone de relieve «el especial arraigo» que determinados comercios tienen en los barrios donde se asientan. A este valor añadido se suma el riesgo de que determinados servicios puedan desaparecer.

Otros datos

Del análisis realizado por el equipo de investigación de la UMA, entre septiembre y diciembre de 2021, se concluye, en el caso de los comercios, que el 95,2% de las empresas tiene un modelo de dirección familiar y que el 81,8% son autónomos. El modelo de expansión predominante es el de comercio único (un 95,2%), de modo que sólo el 3,6% de los encuestados dispone de una cadena de comercios y el 1,2% de sucursal.

También destacan el modelo de negocio con un solo punto de venta (un 88% de los casos), el tamaño medio de la superficie de los establecimientos (130 metros) y el número de trabajadores (el 34% un solo trabajador, el 21,8% 2 trabajadores, el 23% 3-5 trabajadores, el 9,1% de 6 a 10 trabajadores y el 11,5% más de 10 trabajadores).

La variación es leve en el caso de los negocios de hostelería, que también siguen el modelo de empresa familiar (un 93,9%), el 63,6% son autónomos, el 93,9% tienen una sola empresa y el 51,1% pertenecen a asociaciones.

Fuente: elespanol