El análisis detallado del INE muestra que 67 subcategorías aceleraron la subida de precios en junio, frente a 45 un mes antes

De pasajera a persistente. La inflación se ha convertido en ese incómodo amigo que pide pasar en casa unos días y acaba echando raíces en el sofá. La duda es cuándo se irá. Y la respuesta, en el caso del encarecimiento de precios, no es fácil pese a la cantidad de analistas, organismos o gobiernos que intentan encontrarla. España conocerá este viernes el indicador avanzado del IPC de julio, pero deberán pasar dos semanas más para saber de manera detallada cómo se han comportado los precios este mes. Hasta entonces, se pueden buscar pistas en los últimos datos conocidos (los de junio), que dejaron una mala noticia para los consumidores: el episodio de carestía, lejos de remitir, parece estar acelerando.

Un análisis de las 200 subclases (categorías de bienes o servicios) en que se descompone el Índice de Precios al Consumo (IPC) muestra que 67 de ellas se encarecieron más en junio de lo que lo habían hecho en mayo. Un mes antes eran solo 45 los bienes cuya evolución de precios mostraba ese comportamiento.

Otra manera de verlo es a partir de la variación mensual del índice general. En abril aflojó ligeramente (-0,2%) y en mayo pasó al 0,8%. Es decir, que la diferencia entre esos dos meses fue de un punto porcentual. Como en junio se situó en el 1,9%, quiere decir que avanzó 1,1 puntos. Una décima puede parecer escasa, pero no lo es tanto si se analiza cuántas subclases quedaron por encima de ese límite. En el quinto mes del año eran 12; en el sexto, 24. Es decir, que el número de categorías que pueden considerarse superaceleradoras de la inflación (al crecer más que el índice general) se duplicaron entre mayo y junio.

Entre los analistas hay unanimidad en que los datos dejan por el momento pocas lecturas positivas. Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research, admite que la inflación general de junio (10,2%) rebasó sus previsiones en más de un punto porcentual. “El problema no es solo ese”, desarrolla, “sino que la subyacente crece al 5,5% y es importante porque marca la tendencia hacia adelante”. Para Cardoso, no hay duda de que “estamos viviendo un proceso [inflacionista] generalizado y probablemente prolongado en el tiempo”. María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas, insiste en la incertidumbre que hay: “Es difícil saber si se está acelerando la inflación, pero desde luego no se está ralentizando”.

Fernández destaca que “lo que más está pesando, además de los productos energéticos, son los alimentos”. Al observar las subclases que más variación de precio experimentaron en junio, destacan esas dos grandes categorías. En la de energía, todos los bienes que desglosa el INE crecieron más que el índice general, con la única excepción del gas natural y el gas ciudad, que se quedó sin variación. En alimentación, en cambio, hay más variedad de comportamientos, aunque destacan el tirón de las hortalizas y verduras frescas, dos productos con mucho peso en la cesta de la compra.

Turismo más costoso

La otra gran tendencia que se encuentra en las últimas cifras tiene que ver con bienes o servicios relacionados con el turismo. Salvo los campings, todas las subcategorías de la estadística que pueden relacionarse con los viajes se encarecieron. De hecho, los paquetes turísticos nacionales fueron la subclase que experimentó una mayor variación de mayo a junio. También se cuelan en las primeras posiciones los paquetes turísticos internacionales, los vuelos o los hoteles, hostales y alojamientos similares.

La experta de Funcas observa “un componente importante de dinamismo de la demanda”. Es decir, que ante la llegada del verano estos servicios han crecido de precio porque hay más gente contratándolos. Pero a la larga, cree que lo más determinante siguen siendo los combustibles y los alimentos. “Son lo primero en lo que nos tenemos que fijar para identificar el momento en que comiencen a relajarse estas tensiones inflacionistas”, sostiene Fernández.

La influencia de la guerra de Ucrania en la situación es innegable. Esta ha afectado a los mercados internacionales de petróleo y derivados, de gas o de cereales (relevantes también en otros productos de alimentación porque se usan en la fabricación de piensos). Para los consumidores se traslada en el día a día en lo que pagan al encender la luz, echar gasolina o llenar el carro en el súper. Pero se trata de productos muy volátiles en precio y por eso se excluyen del cálculo de la inflación subyacente. El experto de BBVA Research pide prestar atención también a los servicios: “Marcan la tendencia a medio y largo plazo porque son los que más tardan en cambiar de precio”, explica Cardoso.

Meses de carestía por delante

Los servicios tienen un peso cercano al 40% en el IPC. Y de momento resisten mejor que otros grupos de productos. Su comportamiento en junio fue similar a mayo. El mejor ejemplo es el de los restaurantes, la subclase más relevante, que desde abril ha progresado mes a mes exactamente el mismo porcentaje (0,7%). Pero eso significa que, aunque no aceleren, siguen encareciéndose y en términos anuales comer fuera de casa supone pagar un 5,2% más que 12 meses atrás. ¿Seguirá esta tendencia? Cardoso considera que “el incremento en gasto de servicios no es sostenible hacia finales de año”. Y lanza una pregunta: “Cuando volvamos de vacaciones, ¿la gente va a seguir saliendo como si no hubiéramos salido en tres años?”.

La respuesta, que da él mismo, es que “seguramente no”, pero de la misma manera los expertos también consideran que el verano es poco propicio para ver bajar los precios. “En estos meses de julio y agosto, lo dudo mucho”, sintetiza Fernández. Tanto Funcas como BBVA solo contemplan a corto plazo alguna variación ligera. Una caída sostenida de la inflación deberá esperar meses, aunque la economista ve “señales esperanzadoras” en los mercados internacionales de materias primas, que se han relajado en las últimas semanas. Queda la duda de “si es una bajada puntual o si consolidará”.

Fuente: El País