La congelación de los precios de los productos básicos que impulsa la vicepresidenta obliga al pequeño comercio a elegir entre reducir más sus márgenes o arriesgarse a perder clientes

La escalada de los precios de la alimentación evidencia varias ineficiencias del mercado. En primer lugar, la configuración oligopolística del mercado de la distribución está permitiendo a las empresas engordar sus márgenes de beneficio, pasando costes a productores y consumidores finales. En segundo lugar, la elevada demanda y los problemas de producción por la sequía garantizan que los productos se estén colocando en el mercado, aunque sea a precios desorbitados. 

La vicepresidenta de Trabajo, Yolanda Díaz, ha sido la primera en mover ficha. Ha propuesto una congelación de los precios de una cesta de alimentos básicos. Esta intervención no podría ser impuesta por el Gobierno, de modo que pretende impulsar un acuerdo con las empresas. Este acuerdo dejaría fuera al pequeño comercio, como explicó la propia vicepresidenta el jueves. El motivo es que reconoce que a las pequeñas tiendas, que trabajan con márgenes reducidos y tienen poca capacidad de negociación en el mercado, la congelación de los precios puede condenarlas a sufrir pérdidas a lo largo del invierno.

Foto: Yolanda Díaz y Alberto Garzón. (EFE/Rodrigo Jiménez)

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A. L. M.

De ahí que el acuerdo para ‘topar’ los precios que impulsa Trabajo sea solo con la gran distribución. El pequeño comercio consigue escapar de la congelación de precios, pero no de la competencia en el mercado. Una vez que las grandes comiencen a congelar los precios de forma coordinada, la demanda se trasladará a estas compañías, con tarifas más competitivas. 

El pequeño comercio puede verse entre la espada y la pared, obligado a elegir entre perder clientes o recortar sus márgenes de beneficio. Incluso con el riesgo de terminar en pérdidas por cualquiera de los dos caminos. Al fin y al cabo, los oligopolios no solo actúan subiendo precios de forma concertada, también pueden bajarlos de forma artificial para eliminar a la parte de la competencia con menos capacidad para competir, ya sea porque sus finanzas no se lo permiten o porque no tiene capacidad para trasladar a sus proveedores el ajuste.

Foto: Imagen de un supermercado.

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Una de las características del pequeño comercio es su heterogeneidad. Algunas tiendas utilizan la innovación o la ubicación para elevar sus ventas, pero aquellas tradicionales situadas en regiones con una economía deprimida llevan años de agonía. Un nuevo pulso en términos de competencia en precios contra las grandes distribuidoras puede ser fatal para ellas. En el sector de las gasolineras, ya ha ocurrido una situación similar durante la actual crisis energética. La subvención que impulsó el Gobierno de 15 céntimos a la compra de los combustibles venía obligada de una aportación de cinco céntimos adicional que aportaban solo las grandes empresas. Esto provocó que su precio bajase drásticamente (muchas incluso elevaron su descuento), de modo que las grandes han conseguido capturar parte de la clientela de las pequeñas gasolineras, incluyendo las ‘low cost’, como muestra un estudio elaborado por EsadeEcPol

La vicepresidenta comenzará las negociaciones con las empresas y las asociaciones de consumidores el próximo lunes. El pequeño comercio no participará en las conversaciones, ya que quedará al margen del acuerdo. Pero aunque no forme parte del pacto, sí se verá afectado por sus consecuencias. En especial si durante el próximo otoño la demanda se contrae y los consumidores se vuelven más selectivos, eligiendo las empresas que ofrezcan los precios más bajos.

Foto: Los carteles de precios son microrrelatos de terror. (EFE/Luis Millan)

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La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) advierte de que una concertación de precios entre empresas, incluso aunque esté auspiciada por el Gobierno, vulnera la ley. “Los acuerdos entre empresas destinados a la fijación de precios podrían llegar a constituir un cártel”, explica oficialmente la CNMC. De ahí que el pequeño comercio pueda denunciar ante Competencia o los tribunales si finalmente el acuerdo prospera. 

Las tiendas de barrio y las pequeñas cadenas son el segmento del comercio más débil y el que sale en una posición más vulnerable de la pandemia. Aunque no hay datos que comparen las ventas por tipos de empresas en los diferentes sectores, los datos agregados muestran la gran diferencia existente entre las grandes y las pequeñas. 

Las grandes cadenas han recuperado ya los niveles de ventas minoristas que tenían antes de la pandemia, mientras que las pequeñas cadenas siguen un 8% por debajo y las tiendas de barrio han perdido un 10% de su facturación. Un auténtico desplome que muestra cómo es el pequeño comercio el que sale más debilitado de la pandemia.

Fuente: El Confidencial