Los agricultores temen que la medida pueda afectar a los precios en origen

Unanimidad en el sector agrario para que los alimentos sean accesibles para todos. Y unanimidad también para rechazar tajantemente la propuesta de la ministra de Trabajo de topar el precio de los alimentos. Un rechazo que se suma al de las empresas de distribución y el pequeño comercio.

«Es una propuesta muy perjudicial para todos los eslabones de la cadena agroalimentaria, especialmente para el sector primario, por la imposibilidad de cubrir los costes reales de producción, y para el consumidor, ya que perdería la capacidad de elección que actualmente tiene gracias a la gran competencia y capilaridad de la distribución alimentaria en España», afirma Víctor Yuste, director general de Foro Interalimentario.

Desde Anprogapor (Asociación Nacional de Productores de Ganado Porcino), su director general, Miguel Ángel Higuera, también coincide en señalar que la medida «está mal trazada. No se puede poner límite al precio de los alimentos sin poner límite a las materias primas necesarias para producirlos».

Agricultores y ganaderos temen que si se lleva a cabo, sean los que paguen la situación teniendo que producir a pérdidas. Esto, además, llegaría en un momento en el que está arrastrando la escalada de los costes de producción (subida media del 40%) y atravesando serias dificultades en muchas explotaciones, lo que está derivando en cierres de granjas y abandono de la actividad. «La intervención del mercado es lo que nos faltaba. ¿Quién me garantiza que no voy a pérdidas? Ya estamos produciendo a pérdidas. No podemos con los costes de producción, que se han multiplicado por cinco, la energía por tres, suben los fertilizantes, etc., y cada vez más. Si ahora nos topan y nos intervienen, lo siguiente es cerrar», asegura Fernando Luna, productor de cereal y presidente de Asaja Aragón.

«Se aprieta hacia abajo»

«Estamos preocupados porque la experiencia que tenemos es que cuando las grandes superficies ofrecen como reclamo el alimento, quien lo ha pagado han sido los agricultores y ganaderos porque se aprieta hacia abajo», indica Lorenzo Ramos, secretario general de UPA. Y es que «aunque se dice que no va a afectar a los productores, conocemos el poder de la distribución y sus prácticas y nos genera preocupación«, matiza Andoni García, responsable de mercados de COAG. Y, de llevarse a cabo la propuesta del tope a los alimentos, «pedimos garantizar que no se hace a costa de los agricultores».

El problema está en que «no se cumple la Ley de la Cadena Alimentaria», asevera el secretario general de UPA, quien explica que «aumenta el precio a los consumidores y no hay repercusión en el que cobran los ganaderos, hay especulación pura y dura y tememos que el tope lo pagaremos los productores».

Una cesta básica, pero vacía

Sobre la mesa está también la elaboración de una cesta de la compra con alimentos básicos por un precio determinado o congelado. Son productos que, en muchos casos, se corresponden con sectores que vienen atravesando una situación difícil. Y, aunque agricultores y ganaderos no creen que se vaya a producir un desabastecimiento de productos, sí prevén tensiones al verse abocados al cierre.

La leche es uno de estos sectores. Según COAG, ya antes de la subida de los costes de producción, se hablaba de precios en origen de entre 33 y 35 céntimos, mientras que los costes de producción se situaban en unos 36 o 37 céntimos. «Si un ganadero sigue produciendo leche por debajo de los costes y tiene que matar animales, se va a dejar de producir e igual el resto de agricultores y ganaderos por el precio de los piensos, costes de la energía, etc. Y entonces habrá desabastecimiento. No queremos ser alarmistas, pero hay que alertar de lo que puede suceder» porque, además, las ayudas percibidas para hacer frente a la escalada de costes «se han quedado en nada. Es imposible seguir produciendo porque los costes se han multiplicado y estamos incluso cobrando menos que antes. Es una situación muy grave. O pasan cosas a corto plazo o vamos a ir abandonando», afirma Lorenzo Ramos, de UPA.

«Sin tejido productor, no vamos a producir alimentos, por lo cual no habrá nada que hacer con los precios de los alimentos porque la cesta estará vacía», redunda Miguel Ángel Higuera, de Anprogapor, apuntando a la pérdida de explotaciones. «Ya sabemos lo que pasa cuando se deslocaliza la producción. Imagínate tener que comprar leche, carne, huevos o verduras en otro país».

Los costes de producción se han incrementado un 40%, lo que afecta a la actividad

Otro de los alimentos que se considera básico es el huevo. En este sector, el insumo de más peso en los costes de producción es la alimentación de las gallinas, que depende de los precios de los cereales en el mercado global. Entre los años 2018 y 2020, el coste del pienso para gallina ponedera era de 252 euros por tonelada, cuantía que se situó en 350 euros en diciembre de 2021 y, en las últimas semanas, alcanza ya los 471 euros.

«Ahora el coste de alimentación de las aves y el precio de venta en origen (en centro de embalaje) está equilibrado, todavía le faltaría cubrir energía, salarios, embalajes, etc.», afirma Mar Fernández, directora de Inprovo (Interprofesional del Huevo), quien matiza que no se conoce cómo se llevaría a cabo la propuesta de Díaz y que el problema es complejo porque lo que ha pasado es que ha habido subidas de costes más rápidas de lo que se consigue repercutir cuando tienes que negociar con el cliente porque, en gran parte, el productor tiene que comprar anticipadamente como sucede con los piensos.

Fuente: eleconomista