Cuatro empresas de reparto llegaron a España a la vez, con una competencia encarnizada que ha generado la tormenta perfecta para su desaparición

Después del despegue de las cocinas fantasma, donde la restauración funciona a puerta cerrada con pedidos por app y riders a domicilio, llegó a España un modelo de similar idea pero con productos de mercado y farmacia -excepto medicamentos con receta-. Cuando la pandemia retrocedía y la gente se quitaba las mascarillas, las ‘dark store’ llegaron con ansiedad y prisa. Ofrecieron entregas en menos de media hora, algunas incluso en diez minutos, y comenzaron un desembarco igual de veloz. Compañías como Gorilla, Getir y Goproff abrieron locales en los bajos de los edificios del centro de varias ciudades españolas y sus mochilas en las espaldas de los repartidores formaron parte del paisaje urbano. Amparados por rondas de financiación millonarias, estas empresas de comercio electrónico buscaban desplazar a los supermercados tradicionales que ofrecen repartos según disponibilidad y horarios, e inauguraron un nuevo nicho, el de las entregas ultrarrápidas, que bautizaron como ‘quick commerce’ o ‘Q-commerce’.

El sistema está pensado para iniciarse cuando el usuario hace el pedido desde la app y entra a un centro logístico que está en un radio de entre tres y diez kilómetros del cliente. El reponedor, llamado ‘picker’, tiene dos minutos para meter los artículos en el carrito y embolsarlos. Dispuestos en líneas numeradas, este empleado hace caso a los códigos ordenados para recorrer la tienda en el menor lapso de tiempo. Las empresas aseguran que tienen entre 2.000 y 4.000 productos a disposición de un clic, y en la pantalla sólo ofrecen lo que está disponible. «Las ‘dark store’ esperan crear una necesidad en el consumidor que compra alimentos, unos productos que vemos con mayor delicadeza», explica Cristian Castillo, profesor de Estudios de Economía de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC). «Si el usuario no siente esa necesidad, difícilmente va a comprar allí. Con un trabajo de márketing, paulatinamente podrían conquistar a las nuevas generaciones, muy acostumbradas a hacer compras ‘online’».

Una vez terminada su carrera, el ‘picker’ entrega el testigo, es decir, las bolsas, al rider, que tiene hasta ocho minutos para tocar el timbre de quien ha hecho el pedido. «Hay una obsesión en la rapidez de entrega que es totalmente absurda para un servicio como las compras de supermercado», mantiene Gustavo Gaviria, portavoz de la organización Repartidores Unidos.

Las jornadas, dicen los empleados, habrían tenido «exceso de trabajo» en caso de éxito. No ha sido el caso. En algunas tiendas, charlan aburridos con un cigarrillo en la acera hasta que por fin entra un pedido. Un vecino del centro de Madrid se les acerca. Pregunta. Quiere entrar, no le dejan. Le piden que descargue la app.

La expansión ibérica de estas empresas que se apoyan en la tecnología para sus servicios de venta y reparto comenzó con gran excitación por parte de los fondos de inversión, con los antecedentes de Glovo y las desaparecidas Blok y Dija, que ya tenían un puñado de supermercados fantasma en 2020. Se juntaron empresas de capital de riesgo estadounidenses, como Sequoia o Tiger, alemanes, árabes de Abu Dhabi, suizos y chinos especialistas en tecnológicas como Tencent. La idea de imitar el reparto de la comida caliente a los productos imperecederos logró cuantiosas transferencias. La turca Getir recaudó 700 millones de euros en abril de 2021 y un año después anunciaba que tenía 40 tiendas españolas. Por esas fechas Glovo logró 450 millones, la norteamericana Gopuff levantó 1.150 millones y Gorillas otros 240 millones. Sin embargo, el modelo se comenzaría a desmoronar antes de cumplir un año.

Las ‘quick’ tenían en su punto de mira una decena de grandes ciudades españolas. «Siempre hemos visto aquí una enorme oportunidad», asegura Hunab Moreno, responsable de Getir en España, que opera en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Málaga y Sevilla. «Los españoles dan mucho valor a su compra de alimentos y nuestra cultura está muy relacionada con aprovechar al máximo el tiempo. Y nosotros vendemos tiempo gracias a la rapidez».

El empleo también se apuntó al alza, porque estas empresas cumplen con la ‘ley rider’, que obliga a contratar a los repartidores. Entre las cinco sumaron unos 3.000 en motos y bicicletas «en el momento cumbre», según cálculos de Repartidores Unidos. Getir contrató unos 1.000; Glovo, el doble; Gopuff, alrededor de 300 y Gorillas, menos de 200, siempre según esta fuente. «Llegaron como los salvadores de los riders después de la salida de Deliveroo y de Amazon Flex, y la reducción de Uber Eats, pero no dieron trabajo ni siquiera a un tercio de los despedidos con la nueva ley», advierte Gustavo Gaviria, portavoz de kis repartidores, que han comenzado a protestar en la calle.

Escarmiento urbano

Para funcionar, estas tecnológicas buscan bajos de edificios céntricos. Por fuera, tapiados los escaparates, sólo luce un cartel con la marca, un lema tipo «Desde la app, en minutos» y un código QR. Las superficies ideales se aproximaban a los 1.000 metros cuadrados, con fácil salida a la calle y espacio exterior para aparcar. A puerta cerrada, las delatan las motos o bicicletas aparcadas cerca. Una fila de azules Gopuff o moradas Getir, por ejemplo.

Su presencia no levanta tanta polvareda entre los vecinos como las colmenas de cocinas ciegas, con sus enormes salidas de humo y su ruido de repartidores, sobre todo a altas horas de la noche. «En España, al quedarse el rider afuera del local y hacerlo todo con tanta urgencia, se molesta a los vecinos y genera contaminación y tráfico», dice Neus Soler, investigadora del IQS School of Management de la Universidad Ramon Llull y de la UOC.

Escarmentadas con las protestas que surgieron con las cocinas fantasma, ciudades como Madrid y Barcelona dieron pasos hacia la regulación. Desde marzo, Madrid permite estas tiendas en centros residenciales si tienen menos de 350 metros cuadrados, y obliga a que los repartidores permanezcan dentro de las instalaciones. Dos meses después, la Autoridad Catalana de la Competencia dictó una prohibición de abrir nuevos locales dentro de la jurisdicción de Barcelona, aunque podían permanecer los que ya existían.

  • Clara Moreno | Glovo «El perfil del cliente es heterogéneo y, después de la pandemia, las medias de edad se han ampliado»
  • Hunab Moreno | Getir «El futuro del sector es brillante, existe una gran demanda por parte de los consumidores»
  • Neus Soler | Universidad Ramon Llull y UOC «Estas empresas nunca han tenido beneficios, y les está costando mantener a los inversores»
  • 2.540 millones de euros en inversión recibieron cuatro empresas en 2021 para la expansión de los supermercados fantasma

En el modelo de «supermercado de conveniencia» con «los productos más comprados en el día a día», como lo define Glovo, el perfil de los clientes es «muy heterogéneo», mantiene Clara Moreno, responsable de la división de Almacenes Logísticos Urbanos (MFC) de Glovo. «Después de la pandemia vemos que las medias de edad se han ampliado y que las compras ya no solo se dan en los centros urbanos más densos, sino en cualquier tipo de población». Lo que más compran en Glovo es cerveza, refrescos y papel higiénico, mientras que en Getir, «las frutas, especialmente el plátano y la mandarina, y las verduras», dice Hunab Moreno.

Caída veloz

Pero en tres meses se desplomó el negocio. Con una estrategia de veloz expansión en un escenario de competencia encarnizada en un mismo territorio y al mismo tiempo, vino el descalabro con un ritmo vertiginoso. Este verano Gopuff anunció su intención de dejar el país; Getir inició un repliegue y Gorillas se iba de España con el despido de su plantilla (la empresa, a través de su departamento de prensa internacional, declinó participar en este reportaje, mientras Gopuff no respondió a los requerimientos de este periódico). «El futuro del sector es brillante, existe una gran demanda por parte de los consumidores», conjura la amenaza Hunab Moreno (Getir). «Seguiremos buscando las formar para seguir creciendo de manera sostenible».

El problema de fondo parece estar en el germen. «Que un pedido de supermercado llegue a casa en diez minutos no es una respuesta a una necesidad real y eso explica que no veamos un uso mayor», prosigue el profesor Cristian Castillo. A pie de calle, la percepción entre los riders lo confirma. «Es muy minoritario en el mundo del delivery», indica Gaviria.

Ante el repliegue, las empresas prefieren usar las palabras «consolidación» y «fortalecimiento». En cualquier caso, los financiadores cierran las carteras. «Estas empresas nunca han tenido beneficios y trabajan a pérdidas. Pero se van porque les está costando mantener a los inversores que están viendo que la idea no va a cuajar y no será algo grande», sostiene la investigadora Neus Soler.

Los fondos de inversión frenan las expectativas al alza de una posible salida a bolsa, la vía rápida de los beneficios. «La situación macroeconómica está teniendo impacto en el ecosistema de ‘startups’ y las empresas de base tecnológica. Lo hemos visto en el ‘Q-commerce’ pero también en otras verticales», afirma Clara Moreno (Glovo), cuyo departamento ha destinado 100 millones de euros en «infraestructura urbana» en «cerca de 400 ciudades».

Estas inversiones han creado, no obstante, la «fidelización» de un público juvenil acostumbrado a la improvisación y a las app, con estrategias similares a las de movilidad, como Uber. «Empezaron con tarifas contra las que los taxistas no podían competir y luego subió los precios en busca de la rentabilidad», compara Soler. «La gente para entonces ya valoraba otras cosas, como el servicio». En este sector, Glovo lleva la delantera porque sus supermercados fantasma se apoyan en la misma app de la comida a domicilio.

Así que existe la posibilidad de que el negocio se pueda mantener, aunque a otro ritmo. Aunque sin aperturas en el horizonte, el ‘quick commerce’ se enfrenta a la tormenta perfecta que amenaza su supervivencia.

Un baile de millones en tiendas que se abren y se cierran

Como parte de un proceso de expansión, Getir llegó a España en septiembre de 2021, y para operar compró otra compañía, la española Blok. Diez meses después anunció el despido de una sexta parte de su plantilla a nivel global y en verano comenzó los despidos y el cierre de 20 de sus tiendas, aunque su intención es resistir. «Este modelo crecerá en los próximos años», dice el responsable de Getir en España, Hunab Moreno. La que no aguantó fue la alemana Gorilla que se instaló en cuatro ciudades y seis meses después finiquitó sus operaciones. No fue la primera en quebrar. La precedió Rocket, una firma ucraniana que abrió en noviembre de 2021 y cerró tres meses después.

Otra que empieza a irse es Gopuff, empresa americana que llegó a España en febrero de 2022, después de comprar la británica Dija. Prometía 40 locales este año pero en agosto cambió de parecer, despidió a unos 180 empleados y anunció el cierre.

La gran rival de estas ‘Q-commerce’ es Glovo, que invirtió 21 millones para contrarrestarlas y puso sobre la mesa otros 100. «El usuario lleva años confiando en nuestra aplicación, ahora para comprar y recibir todo tipo de productos, incluyendo los de nuestros supermercados», resume Clara Moreno, responsable en Glovo.

Fuente: Las Provincias